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Austeridad ante la peor recesión económica
La debacle económica
de 2009 pasará a la historia de México como la peor
recesión que se haya experimentado en 75 años: la
economía se desplomó 10.3% en términos reales
durante el segundo trimestre de 2009. Con esta caída del
producto interno bruto (PIB), es muy probable que el actual sexenio
pase a la historia como el segundo sexenio neoliberal del crecimiento
cero, al igual que el de Miguel de la Madrid, en el que al cierre de su
administración el PIB sólo creció 0.2% en promedio
anual. No obstante los alcances de la actual recesión
económica en la que se desplomaron la producción (10.3%),
el empleo (se perdieron 677 mil 71 empleos formales, entre octubre de
2008 y julio de 2009), las ventas (cayeron 16.6% en mayo de 2009), la
inversión fija (disminuyó 7.6% en el primer trimestre de
2009), las exportaciones de bienes y servicios (se redujeron 20.2% en
el primer trimestre de 2009), el consumo total (se contrajo 7.5% en el
primer trimestre de 2009), la captación de impuestos (en el
primer semestre de 2009, los ingresos petroleros cayeron 22.2% en
términos reales y la recaudación tributaria no petrolera
decreció 13.6%), las remesas familiares (cayeron 3.6% entre 2007
y 2008, por lo que se dejaron de captar 931 millones de
dólares), y quebraron 128 mil 617 empresas al cierre del primer
semestre de 2009, entre los impactos más importantes, el
gobierno federal aplica severos planes de austeridad, justo cuando el
país necesita el estímulo de políticas
económicas anticíclicas que impulsen el desarrollo del
mercado interno, flexibilicen las políticas monetarias y
fiscales e incentiven el crecimiento económico y el empleo.
El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, anunció que
México enfrenta el shock financiero más grande que haya
registrado en las últimas tres décadas debido a que se
desplomaron los ingresos captados por el gobierno federal a causa de la
caída de los precios del petróleo y el menor volumen de
producción del energético, así como la menor
actividad económica que provocó una menor
captación de impuestos. Asimismo, el funcionario afirmó
que existe un faltante de 300 mil millones de pesos para financiar el
presupuesto del próximo año, que a diferencia del de
2009, en el que el déficit fiscal de 480 mil millones de pesos
se financiará con las coberturas petroleras, los fondos de
estabilización y el remanente de ahorro del Banco de
México; para el siguiente año no se contará con
estos recursos, por lo tanto, el gobierno federal tiene previsto un
plan económico para 2010 basado en más impuestos, recorte
de gastos y mayor endeudamiento. De hecho comenzó ya a
instrumentar recortes desde 2009, de tal manera que anunció una
disminución del gasto por 85 mil millones de pesos, que ya
comenzó a afectar los siguientes rubros: 1) El financiamiento a
los estados y municipios, debido a que les disminuyó su
presupuesto, desencadenando una crisis de insolvencia que llevó
a la cancelación de obras de infraestructura, a suspender
programas de gasto social, despido de trabajadores o a bajarles sus
salarios, a vender predios, a contraer deudas y a suspender servicios
tan básicos como la recolección de basura; 2) La
cancelación de licitaciones y la inversión en la
construcción de caminos rurales por el recorte de más de
12 mil millones de pesos por parte de la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes (SCT); 3) La disminución de los
recursos destinados a universidades públicas por 800 millones de
pesos, de los cuales 200 millones le recortarán a la UNAM; 4) El
recorte de 2 mil 100 millones de pesos a la Secretaría de
Desarrollo Social, y 5) El despido de empleados del gobierno, como el
cese de 2 mil empleados de Correos de México.
El enorme déficit fiscal que hoy enfrenta el gobierno federal,
es producto de treinta años de políticas
económicas neoliberales que hicieron depender los ingresos
fiscales de las divisas petroleras en 40%; de una política
fiscal regresiva y concentradora del ingreso; de una impresionante
dilapidación de recursos obtenidos por los altos precios del
petróleo y la venta de las empresas paraestatales, y de un
estancamiento crónico de la economía, que ocasiona bajos
niveles de consumo, inversión y empleo, lo que impide la
captación de mayores ingresos fiscales. Pero además, las
fuentes sobre las cuales descansa la principal captación de
ingresos del gobierno federal, están seriamente erosionadas: el
petróleo se agota, su precio se desploma en el mercado
internacional y Pemex está descapitalizada y endeudada.
Igualmente resulta que los trabajadores, pagadores de impuestos
cautivos, que a través del ISR y el IVA contribuyen con la
mayoría de los ingresos fiscales no petroleros, sufren una
caída brutal de sus salarios (el salario mínimo tiene una
pérdida de su poder adquisitivo de 65.3% de diciembre de 1994 a
agosto de 2009) y padecen un desempleo inédito (la tasa de
desempleo se ubicó en 5.17% de la Población
Económicamente Activa, equivalente a 2 millones 372 mil
desempleados reconocidos oficialmente). No obstante, la presente
administración insiste en continuar con el mismo modelo
económico que mantiene al país en el retraso
económico y social, y al borde de estallidos sociales, peligro
reconocido por organismos internacionales.
De tal manera que el gobierno federal pretenderá impulsar una
política fiscal injusta e inequitativa como la actual, que
impone gravámenes onerosos a los pequeños contribuyentes
cautivos, a los pequeños empresarios y a los profesionistas que
trabajan por su cuenta, al mismo tiempo que tenderá a retirarles
los pocos créditos y subsidios que aún les transfiere,
como en el caso de las tarifas eléctricas y el gas
doméstico. Contrariamente, las grandes corporaciones, que son
las que tienen la obligación de pagar más impuestos,
continuarán con sus privilegios de evasión al fisco, de
créditos fiscales y subsidios, y les volverán a regresar
impuestos, al mismo tiempo que les mantendrán el rescate
financiero de los banqueros y les instrumentarán otro salvamento
en caso de que así lo requieran, es decir, continuará la
dilapidación de recursos a nombre de unos cuantos. En otras
palabras, los ingresos captados por el sector público
seguirán proviniendo de la riqueza erosionada de Pemex y del
pago de impuestos de los contribuyentes de bajos ingresos, al mismo
tiempo que se mantendrán las mismas políticas
económicas del estancamiento que llevaron al desastre
económico, financiero y social. Sin un cambio de modelo
económico que a diferencia del neoliberal rescate el papel del
Estado como impulsor del desarrollo económico y social, el
país seguirá hundido en el abandono de las libres fuerzas
del mercado a un costo económico y social altísimo.
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