|
Las políticas públicas: a favor de intereses particulares
El Estado tiene en sus manos
dos instrumentos económicos de primera importancia para remontar
las crisis inherentes al capitalismo e intentar redistribuir la riqueza
de una nación: la política monetaria (el manejo de las
tasas de interés a la baja), y la política fiscal (los
ingresos y gastos del Estado, que por el lado del ingreso, puede gravar
proporcionalmente a los contribuyentes de mayor ingreso, y por el lado
del gasto, transferir equitativamente ese excedente vía
inversión pública, tanto en gasto social como en
inversión productiva). Sin embargo, en casi treinta años
de neoliberalismo, los gobiernos en turno de México han
impulsado políticas recesivas en lo económico y
regresivas en lo social. Incluso en la presente situación en la
que el país experimenta la peor recesión en 75
años, el gobierno federal se niega a realizar cualquier cambio
de rumbo: el manejo de la política fiscal ha sido insuficiente
para mitigar el impacto negativo que tuvo en el sector externo la
crisis económico-financiera global, que provocó el
desplome de las divisas generadas por la exportación del
petróleo, la caída de las remesas familiares, la
Inversión Extranjera Directa (IED), de la actividad
turística y de las exportaciones manufactureras. Además,
el Banco de México no sincronizó a tiempo su
política monetaria al estímulo fiscal, a pesar de la
clara evidencia de recesión, ya que desde el primer trimestre de
2009 la economía registró una contracción del 8.2%
anual.
Para 2010, la política fiscal (ingresos y gastos del Estado)
aprobada nuevamente es regresiva y concentradora del ingreso, y
extremadamente recesiva de la economía, por lo que agrava la
injusticia social y aumenta el atraso económico del país.
La Ley de Ingresos de la Federación 2010, en lugar de intentar
superar la recesión económica y corregir o aminorar las
acentuadas desigualdades económicas y sociales, las profundiza y
no resuelve el problema de la petrolización de los ingresos
públicos. Revisemos los fundamentos de la nueva ley:
1) Conserva intactos los regímenes tributarios especiales
(exenciones de impuestos por ventas de empresas en la Bolsa de Valores,
depreciación prematura de activos, subsidios fiscales,
renegociación de créditos fiscales y devolución de
impuestos, entre otros) que benefician a las grandes corporaciones; 2)
Coloca en severa crisis a las micro, pequeñas y medianas
empresas (MIPyME’s), que además de padecer el
encarecimiento de sus costos de producción por la
devaluación y el enorme endeudamiento, así como el
desplome de sus ventas por el deterioro salarial, el desempleo y la
caída de las exportaciones al mercado estadounidense, ahora
tendrán que pagar 30% del ISR, un incremento de 3% en servicios
de telefonía y 16% de IVA sobre sus insumos, lo que igualmente
encarecerá sus costos. También les afectará el
incremento del precio de los energéticos; 3) La ley de ingresos
es altamente regresiva contra los trabajadores del país, ya que
tendrán menores ingresos y pagarán más impuestos:
el aumento del ISR significa una deducción adicional de 2% a los
salarios. Asimismo, el aumento del IVA encarecerá los costos de
todos los bienes y servicios; 4) Los trabajadores informales
también se verán afectados porque pagarán
más impuestos al consumir (IVA), y si llegan a depositar sus
exiguos ingresos en la banca, verán aumentada la carga
impositiva en el momento en que realicen depósitos en efectivo
superiores a 15 mil pesos, y 5) No se resuelve el problema de la
petrolización de los ingresos públicos debido a que la
ley de ingresos se basó en la aplicación de los impuestos
indirectos, que son más fáciles de cobrar y en los que
está incluida gran parte de la población, por lo que el
gobierno federal y la clase política (diputados y senadores), no
se molestaron en ampliar la base tributaria para cobrar eficientemente
el ISR, que debería gravar proporcionalmente más a los
estratos con mayor ingreso, sobre todo, a las Grandes Empresas
Trasnacionales (GET). Tampoco desafiaron a las grandes corporaciones al
intentar desaparecer los privilegios fiscales de los que gozan, que le
costarán al país en 2009, 465 mil millones de pesos.
Del lado del gasto, el presupuesto público aprobado para 2010 en
la Cámara de Diputados resultó ser un verdadero
botín para funcionarios y las grandes corporaciones
monopólicas, no obstante ser un bien público que en su
mayoría es financiado por la principal riqueza de la
nación, el petróleo, y por los trabajadores del
país. De tal manera que el gobierno, los partidos
políticos, los gobernadores y, por supuesto, las GET, decidieron
sobre el reparto de la riqueza generada en el país equivalente a
3 billones 176 mil 332 millones de pesos, siendo ellos los principales
beneficiarios. Mencionemos algunos ejemplos de las reasignaciones
presupuestales:
1) Se autorizaron más recursos a las entidades federativas sin
obligación a rendir cuentas, sobre todo a las gobernadas por el
PRI: en el rubro de proyectos de infraestructura carretera, de los 18
mil 971 millones de pesos aprobados en la ampliación, 58%
será para gobiernos priistas, 22% para panistas y 20% para
perredistas; 2) El sector agropecuario incrementó su gasto en 12
mil 583.4 millones de pesos, sin embargo, estos recursos son
insuficientes para cubrir sus necesidades. Además, existe un uso
discrecional de los recursos: 10% de los productores rurales concentran
entre 50% y 80% de los subsidios agropecuarios, dependiendo del
programa. Asimismo, hay un uso político de estos programas en el
ejercicio presupuestal: parte de ello son los casi 10 mil millones de
pesos que fueron aprobados para el sector, pero que no tuvieron
designación alguna, por lo que dichos recursos podrán
emplearse con fines electorales y asistencialistas; 3) Quedaron a salvo
los recursos que se destinarán para el pago del Instituto para
la Protección del Ahorro Bancario (IPAB), de los Proyectos de
Inversión con Impacto Diferido en Registro de Gasto (Pidiregas),
y demás deudas contraídas por el gobierno a nombre de los
contribuyentes; 4) Los salarios y prestaciones de los altos
funcionarios prácticamente no se tocaron, y 5) Las grandes
empresas se aprestan a demandar los subsidios otorgados por las
diferentes secretarías para ser utilizados por su actividad
económica, en tanto que importan, exportan, comercializan y
producen. También esperan conseguir contratos exclusivos en la
obra pública, así como beneficiarse de los precios
subsidiados de los bienes y servicios que venden las empresas
públicas, y esperan que, en caso de que lo necesiten, el
gobierno los rescate.
La clase gobernante y las grandes corporaciones mantienen
prácticamente secuestrado al país debido a que son ellos
los grandes beneficiarios de las políticas públicas. Para
decirlo a la manera de la politóloga Denise Dresser:
México tiene un “capitalismo de cuates”, que
mantiene “la supervivencia de las estructuras corporativas que el
gobierno creó y sigue financiando, por un modelo
económico que canaliza las rentas del petróleo a
demasiadas clientelas, por un sistema político que funciona muy
bien para sus partidos, pero muy mal para sus ciudadanos”.1
1 Denise Dresser, Foro:
México ante la crisis: “¿Qué hacer para
crecer?”, ponencia presentada en la Cámara de Diputados,
el 29 de enero de 2009.
|