MARZO - ABRIL 2010– NÚMERO 105

Periódico mural en el cual de manera breve se da cuenta de temas económicos, políticos e históricos conyunturales. Su distribución es extensiva a todas las organizaciones sociales y laborales que lo soliciten.

Dominio monopólico y pobreza alimentaria



Las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) tienen el control del mercado interno de los alimentos: dominan la compra de las cosechas de los productores del campo, la importación, la exportación, la comercialización, el transporte, el almacenamiento y el procesamiento de alimentos e insumos para el sector, lo cual les permite someter a los trabajadores del campo y la ciudad al pago de precios monopólicos al venderles y comprarles sus productos. El Estado mexicano perdió el control del aparato alimentario nacional debido a que desmanteló la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), que se encargaba de regular el mercado, impulsó una abrupta apertura comercial que incluyó productos alimentarios estratégicos (maíz, frijol y arroz) y reformó el artículo 27 constitucional, que dio marco jurídico a la mercantilización de las tierras comunales y ejidales. En este proceso, el sector agropecuario se orientó a la exportación en menoscabo de la producción de alimentos para la población y de insumos para la industria. De tal manera que el Estado, al renunciar a su control en el mercado externo y al abandonar las reservas estratégicas de granos básicos, no puede regular ni fijar los precios de los alimentos.
Un reducido número de corporaciones concentran el poder de la cadena alimentaria de México y su esfera de influencia incluye las principales ramas del sector: 1) Alrededor del 60% del mercado interno de granos está en manos de unas cuantas corporaciones: Maseca, Cargill, Archer Daniel’s Midland, Bimbo, Minsa, Molinos de México, Gamesa, Altex, Bachoco, Lala y Malta de México, que controlan la compra de las cosechas internas, la importación, transporte, almacenamiento, distribución y la industrialización; 2) Wal-Mart tiene la supremacía de la distribución minorista de alimentos; 3) Nestlé y AMSA controlan cerca del 50% de las exportaciones de café y son las principales compradoras del aromático entre los cafetaleros del país; 4) Bimbo domina el mercado del pan de caja, y con su empresa Marinela, el de panes dulces industrializados. Asimismo, Bimbo y Pepsico controlan el mercado de las frituras, y Coca Cola y Pepsico el de los refrescos. Igualmente, Kellog’s y Nestlé dominan el mercado de cereales de caja y Danone, Lala y Alpura, el de la leche; 5) Bachoco, Pilgrim’s Pride y Tyson concentran 55% de la producción de pollo, y 6) Maseca domina el mercado de la harina de maíz y la producción de tortilla industrializada en México y el mundo.
Pero además, las grandes corporaciones se benefician de las políticas públicas: 1) Concentran la mayoría de los subsidios cuando producen, importan y comercializan los productos; 2) Reciben exenciones de impuestos; 4) Permiten las importaciones agroalimentarias a precios dumping, y 5) La regulación contra las prácticas anticompetitivas son insuficientes y no se hacen valer.
El desmantelamiento del sistema alimentario y la intervención discrecional de las políticas públicas en beneficio de unas cuantas GET, les permite a éstas especular con los precios de los alimentos cuando importan en cualquier época del año, incluso si el país está en época de cosechas, con el fin de presionar a la baja los precios a los que tienen que vender los productores del campo. También pueden exportar granos cuando no hay suficientes reservas para propiciar escasez y elevar los precios. Asimismo, acuerdan comprar a los agricultores sus productos a precios por debajo de las cotizaciones internacionales.
La manipulación de los precios de los alimentos por parte de las GET y los topes salariales llevan a una erosión salarial sin precedentes, que afecta la capacidad de consumo de la población trabajadora y sus niveles de nutrición.
De acuerdo con la Canasta Básica Nutricional (CBN), estimada por la Universidad Obrera de México (UOM) para el consumo de una familia integrada por cinco personas , mientras que el salario mínimo aumentó sólo 276.2% entre diciembre de 1994 y febrero de 2010, en el mismo lapso la tortilla se incrementó 1,089.3%; el pan blanco, 913.3%; la harina de trigo, 863%; la sal, 666.4%; el frijol, 599.3%; la leche, 563.9%; el aceite, 530.8%; el huevo, 527.9%; el arroz, 473.9% y el café soluble, 343.9%. Por su parte, para el mismo periodo, el costo de la CBN aumentó 506.95%, al pasar de 56.63 pesos al día a 343.73 diarios. En tanto que el salario mínimo nominal diario pasó de 15.27 pesos al día en diciembre de 1994, a 57.46 pesos diarios en febrero de 2010; esto significó un aumento de 276.29% en términos nominales y que en diciembre de 1994 se requirieran 3.71 salarios mínimos para poder adquirir la CBN, mientras que para febrero de 2010 se necesitaron 5.98 minisalarios.
Respecto a los aumentos observados en el transcurso de la presente administración, tenemos que entre diciembre de 2006 y febrero de 2010, el salario mínimo se incrementó sólo 18.06%, mientras que la tortilla aumentó 41.7%, el pan blanco, 55.1%; la harina de trigo, 75.9%; la sal, 79.9%; el frijol, 67.3%; la leche, 28.8%; el aceite, 86.8%; el huevo, 50.5%; el arroz, 80.2% y el café soluble, 33.9 por ciento. En el mismo periodo, el costo de la CBN aumentó 40.8%, al pasar de 244.14 pesos al día a 343.73 pesos al día. Por su parte el salario mínimo nominal diario pasó de 48.67 pesos al día en diciembre de 2006, a 57.46 pesos diarios en febrero de 2010, es decir, sólo aumentó 18.06% en términos nominales.
Para diciembre de 2006, el porcentaje de los requerimientos nutricionales adquiridos con un salario mínimo era de sólo 19.9%, lo que muestra el deterioro previamente acumulado; para febrero de 2010, el salario únicamente puede cubrir el 16.7% de la alimentación de un hogar, por lo que se requieren 5.9 salarios mínimos para cubrir los requerimientos alimenticios de una familia. Si suponemos que ésta pudiera contar con 5.9 minipercepciones diarias para estar bien nutrida, de cualquier manera no podría acceder a otros satisfactores básicos como educación, vivienda, salud y transporte, vestido e incluso la cultura, como lo establecen la Constitución y la Ley Federal del Trabajo. Según los últimos datos oficiales sobre pobreza alimentaria, en México existen 19.5 millones de pobres alimentarios, los cuales son personas que tienen ingresos insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos.

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