MAYO - JUNIO 2010– NÚMERO 106

Periódico mural en el cual de manera breve se da cuenta de temas económicos, políticos e históricos conyunturales. Su distribución es extensiva a todas las organizaciones sociales y laborales que lo soliciten.

Neoliberalismo económico y recomposición capitalista


El neoliberalismo económico muestra a nivel mundial dos tendencias opuestas y contrarrestantes: por un lado, se reposiciona con la crisis de la deuda de la Unión Europea (UE), debido a que, con la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el rescate de la eurozona, dicho organismo y el gobierno de Estados Unidos obtienen injerencia en la economía europea, lo cual implica la completa subordinación de sus políticas macroeconómicas a las políticas neoliberales. Ello significa que, además de que la eurozona ha estado impedida desde su conformación para manejar una política monetaria autónoma, ahora terminó por renunciar al manejo de su política fiscal (los ingresos y gastos del Estado) al someterse a las políticas económicas recesivas y regresivas, consistentes en la recaudación de impuestos basada en los contribuyentes de menores ingresos (población trabajadora), y en la disminución de la transferencia del gasto público en inversión productiva y gasto social, por lo que se espera el desmantelamiento de los Estados de bienestar europeos: recortes a la educación, la vivienda, la salud, la cultura y la seguridad social, así como el sacrificio del crecimiento económico.

Por otro lado, tenemos el retroceso de las políticas neoliberales en América Latina, debido a que el agotamiento del modelo económico llevó a la exclusión económica y social, lo que produjo la aparición de movimientos sociales que impugnaron al neoliberalismo económico excluyente y depredador, lo que terminó por deslegitimar el modelo y sirvió de impulso a nuevos gobiernos de izquierda, tanto radicales como moderados, que se oponen a las políticas dictadas por el FMI, el Banco Mundial y los gobiernos de Estados Unidos. Si bien es cierto que hay diferencias entre las naciones por la forma de oponerse al neoliberalismo económico, como en el caso de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Paraguay, que son gobiernos de izquierda más radicales; o en el caso de los gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, con gobiernos progresistas y neoliberales a la vez, lo cierto es que dichas naciones intentan ser más independientes y pretenden tomar su destino en sus propias manos, como bien lo refiere el presidente de Bolivia, Evo Morales.

En este proceso de recomposición y reposicionamiento de las potencias capitalistas, es posible que la eurozona desaparezca, no obstante que está tratando de rescatar su propia existencia y al euro como elemento unificador; sin embargo, la inestabilidad financiera prevalece y continúa la tendencia del euro a acercarse a la paridad con el dólar, lo cual tal vez lleve a una posible dolarización de la UE. Esto significaría que la eurozona dejaría de ser un contrapeso económico y político de Estados Unidos. De desaparecer la UE como bloque económico, la Unión Americana y Gran Bretaña surgirán como los grandes vencedores de Occidente, e intentarán imponer su dominio al resto de las naciones del orbe. No obstante, como señalamos, existe un grupo de naciones latinoamericanas que se oponen al neoliberalismo económico, o que por lo menos intentan integrarse a la economía globalizada de manera más independiente, y que intentan definir internamente su política interna y externa, al mismo tiempo que ponen en el centro de sus objetivos la recuperación de sus recursos naturales y áreas estratégicas como instrumentos de desarrollo nacional y justicia social, mediante la aspiración de una integración regional más solidaria.

Contrariamente, México tiende a profundizar la subordinación económica que tiene con la Unión Americana, e incluso en 2009, año en el que el país experimentó la peor recesión económica en 75 años de historia, aplicó severos planes de austeridad fondomonetaristas, mantuvo la contención de los salarios y renunció al manejo de una política monetaria que hiciera posible una rebaja oportuna de las tasas de interés que impulsara la inversión productiva. A nuestra nación le convendría mirar hacia el sur del continente para no ser avasallada por un capitalismo depredador que sacrifica a la población trabajadora, que despoja al país de sus recursos estratégicos, que violenta a la propia naturaleza, y que incluso pone en riesgo la existencia misma del país.

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