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Los mitos de los agrocombustibles y la extensión de la colonización
El capitalismo, en su
afán por imponer sus nuevas formas de dominación, niega
la historia, cambia el lenguaje y esconde el verdadero significado de
las palabras con el propósito de impulsar nuevas estrategias de
recuperación de su ganancia y su incremento constante. La
propaganda mediática que reciben los agrocombustibles por parte
de las Grandes Empresas Trasnacionales (GET), gobiernos y los
organismos financieros internacionales, al presentarlos como una
panacea para resolver la crisis de las energías fósiles y
revertir el calentamiento global del planeta es una trampa. Las GET
suelen llamarlos “biocombustibles”,
“biocarburantes” o “bioenergías”,
anteponiéndoles el prefijo “bio”, que significa
“vida”. Sin embargo, la producción de
agroenergéticos se relaciona más bien con la muerte y la
destrucción, debido a que tienen como base el modelo de
producción agroindustrial que históricamente ha
demostrado causar la erosión de los suelos en los lugares a
donde llega, la destrucción de los bosques, derrochar y
contaminar agua, destruir los ecosistemas naturales y dañar su
compleja biodiversidad, contaminar el aire, además de implicar
el despojo de las comunidades de sus tierras, con la consiguiente
concentración y privatización de la tierra y el agua, al
tiempo que desplaza la producción de alimentos de las
poblaciones por la producción de monocultivos de
exportación.
No obstante, las GET y los gobiernos que las apoyan, se aprestan a
promover leyes en todo el mundo para impulsar su producción con
el propósito de garantizarle a las GET leyes laxas sobre
contaminación, la apropiación de territorios o su
fácil acceso, la disposición de agua e importantes
subsidios, al tiempo que esperan aprovechar la mano de obra barata de
los países a donde llegan.
La carrera de los agrocombustibles en la economía globalizada
camina en sentido contrario a disminuir el calentamiento global del
planeta, a garantizarle a las naciones seguridad y autosuficiencia
alimentaria (sobre todo a las más pobres), a generar el
desarrollo económico y social en los países donde llegan
(lo que permitiría arraigar a las comunidades en su tierra), a
conservar la compleja biodiversidad del planeta y a respetar los
recursos estratégicos de las naciones. Analicemos las formas de
operación de las GET relacionadas con los agroenergéticos
y el proceso de recolonización destructiva que sus operaciones
implican.
I. Los agrocombustibles aumentan el calentamiento global del planeta.
Los agrocombustibles se clasifican en dos tipos: el etanol, un alcohol
producido generalmente a partir de la caña de azúcar, del
maíz y del trigo; y el biodiesel, que es un aceite que se
obtiene a partir de la soya y de la colza o de la palma. Las GET
argumentan que el proceso de combustión de estos
energéticos es más limpio que el del petróleo, sin
embargo, no consideran su proceso completo de la producción. La
organización internacional Grain, en su estudio titulado:
“No a la fiebre de los agrocombustibles”, refiere que la
producción de agroenergéticos está
íntimamente relacionada con la llamada agricultura
agroindustrial, la cual es la responsable del 14% de las emisiones de
los gases de efecto invernadero; la mayor causa de contaminación
se debe a la utilización de fertilizantes químicos que
introducen grandes cantidades de nitrógeno al suelo y
óxido nitroso al aire. Señala que el cambio en el uso de
la tierra relacionado con la destrucción de bosques y
áreas naturales y la expansión del sistema de
producción del monocultivo, es el responsable de otro 18% de las
emisiones producidas. El organismo concluye que la agricultura
industrial es el principal factor del calentamiento global.
En tanto, la producción de los agrocombustibles no se detiene:
la India se comprometió a sembrar 14 millones de
hectáreas de jatropha (un árbol exótico con el que
se fabrica diesel); Brasil reclasificó aproximadamente 200
millones de hectáreas de bosques tropicales secos, praderas y
pantanales como “áreas degradadas” y aptas para la
producción de agrocombustibles, pero son en realidad ecosistemas
biodiversos, en donde viven poblaciones indígenas y campesinos
de subsistencia. La llegada del nuevo agronegocio derivará en la
expulsión de la población hacia la frontera
agrícola de la amazonia, donde la deforestación se
intensificará; Indonesia tiene planeado para el 2020 triplicar
las plantaciones de palma aceitera lo que redundará en la
pérdida del 98% de su bosque tropical, mientras que Malasia, el
primer productor de palma aceitera en el mundo, ha perdido casi la
totalidad de su bosque tropical (87%) y se continúa deforestando
a una tasa anual del 7 por ciento.
II. Los agrocombustibles agravan el problema de la inseguridad
alimentaria de las naciones. La disminución de la
producción de algunos alimentos para dedicarlos a la de granos
especiales para agrocombustibles (soya, maíz y trigo),
provocó la escasez de cereales comestibles y el aumento de sus
precios en el mercado internacional.
El impulso de la producción de agrocombustibles entre los
pequeños productores de susbsistencia mediante el monocultivo de
exportación, relacionado con los “paquetes
tecnológicos” que venden las GET genéticas, los
cuales incluyen semillas genéticamente modificadas,
agroquímicos y fertilizantes, entre otros insumos, terminan por
esclavizar a los productores por la dependencia que adquieren al
comprar sus semillas debido a que las GET biotecnológicas
patentan sus organismos y exigen el pago de regalías por sus
productos; asimismo, los granos genéticamente modificados,
especiales para la producción de agroenergéticos, pueden
contaminar las semillas originarias y las tradicionales para la
alimentación; la reconversión a los
agroenergéticos implica también la pérdida de las
fuentes de alimentación de los pequeños agricultores y
sus naciones, debido a que son ellos los principales proveedores de
alimentos en sus países.
En México, el alza del precio del maíz en el mercado
internacional ocasionó una crisis alcista de la tortilla, que es
el principal alimento de su población. Las GET aprovecharon el
dominio que tienen en la cadena alimentaria y agroindustrial para
imponer alzas especulativas no sólo de la tortilla,
también de otros productos básicos como la leche, el pan,
el huevo y la carne, ya que los precios internos de los comestibles
tienen como referencia los internacionales y México es
dependiente alimentariamente.
Respecto a Brasil y Argentina, caracterizados por ser autosuficientes
alimentariamente e importantes exportadores de comestibles, los
agroenergéticos y el monocultivo también han causado
estragos: en Brasil se produce etanol a partir de la caña de
azúcar, pero su producción implica el trabajo esclavo y
el avance de la devastación de la selva amazónica por la
expansión de la frontera agrícola, con el consiguiente
sistema de monocultivo y la aparición de refinerías. En
cuanto a Argentina, esta nación pasó de ser considerada
“el granero del mundo”, por ser importante exportadora de
granos, carnes y otros alimentos, a convertirse al modelo de
monocultivo de exportación de soya transgénica.
El capitalismo
aprovecha las crisis económicas, sociales y ambientales que
él mismo genera para impulsar nuevas estrategias de
recuperación de su ganancia y su incremento constante, no
importa si en el camino se producen desastres ambientales, pobreza y
exilio de los pobladores, crisis sociales y económicas, e
incluso si se pone en riesgo la viabilidad misma del sistema y la
existencia de la vida en el planeta. La humanidad tiene el reto de
fundar una nueva civilización establecida sobre bases
ecológicas, el respeto por la vida humana y la
desaparición de la explotación del hombre por el hombre.
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