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Creciente deterioro de los salarios
Los trabajadores transfieren
ganancias extraordinarias a los empresarios por medio del deterioro
generalizado de sus salarios. El mecanismo que utilizan empresarios y
la actual administración para presionar a la baja las
remuneraciones de los trabajadores del país, consiste en
imponerle un tope a las minipercepciones de acuerdo con la
inflación estimada anual calculada por el gobierno, es decir, el
salario mínimo funciona como un referente a la baja. El
resultado de esta política es que los salarios se encuentran en
permanente rezago respecto a la inflación, deteriorando el poder
adquisitivo de los trabajadores:
Si consideramos los aumentos nominales de los salarios del conjunto de
los trabajadores y los aumentos que tuvo la Canasta Básica
Indispensable (CBI), calculada por la Universidad Obrera de
México (UOM), entre 1994 y 2007, tenemos lo siguiente: mientras
que el salario mínimo general aumentó 263.9%, las
remuneraciones manufactureras 311.2%, los salarios medios del IMSS
321.5%, las remuneraciones de los establecimientos comerciales 355%,
las remuneraciones de la industria de la construcción 323.5% y
los salarios contractuales 257%; la CBI de 40 productos se
incrementó 706.2%. Si tomamos en cuenta los incrementos por
producto tenemos que la tortilla aumentó 1,048%, el gas 760.9%,
el pan blanco 753.3%, el metro 525%, las galletas saladas 499.7%, la
harina de trigo 484.2%, el limón 478.3%, la leche 469.8%, la sal
468.1%, el pesero 403%, el huevo blanco 380.1% y el frijol 338.8 por
ciento, entre otros.
El salario mínimo general perdió el 79.4% en
términos reales, es decir, en su poder adquisitivo, durante 1976
y 2007, al llegar a su máximo histórico en 1976, al
ubicarse en 53.2 pesos al día, para desplomarse hasta los 11.4
pesos diarios en 2007 a precios de 1994. Respecto a otras
remuneraciones, tenemos que entre 1982 y 2007, a precios de 1994, los
salarios contractuales perdieron el 55.8% de su poder adquisitivo, al
ubicarse en 50.1 pesos diarios en 1982, para llegar a 22.1 pesos en
2007; las remuneraciones manufactureras se deterioraron 27.4%, al
situarse en 130.8 pesos diarios en 1982, para alcanzar 94.9 pesos en
2007; las remuneraciones de la industria de la construcción
perdieron 36% de su valor, al alcanzar 63.5 pesos al día en
1982, para ubicarse en 40.6 pesos al día en 2007; y los salarios
medios del IMSS se erosionaron en 36.4% debido a que alcanzaron los
74.1 pesos diarios en 1982, para llegar a 47.1 pesos en 2007,
también a precios de 1994.
El Banco Mundial (BM) señala que cada trabajador debiera estar
en condiciones de adquirir cerca de tres Canastas Básicas como
mínimo. El organismo establece una Canasta Básica tomando
en cuenta a dos personas por familia, mientras que en México se
considera que ésta debería cubrir las necesidades de una
familia compuesta promedio (de cuatro a cinco personas).
Es importante destacar que según estimaciones de la UOM, de la
devaluación de diciembre de 1994 al mes de diciembre de 2007, el
salario mínimo en México sólo pudo comprar 20.2%
de la CBI, es decir, el minisalario no alcanzaba para adquirir siquiera
una canasta por trabajador. Para que el minisalario estuviera al nivel
de diciembre de 1994, necesitaba de un aumento no menor del 394.3%, ya
que se requirieron 4.9 salarios mínimos para adquirir una CBI.
Esta situación es muy preocupante si consideramos que,
según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo
(ENOE) del INEGI, de una población ocupada de 42.9 millones (en
la economía formal e informal) en 2007, no recibieron ingreso
por su trabajo 3.9 millones de ocupados, percibieron hasta un salario
mínimo 5.2 millones de personas, ganaban de uno a dos
minisalarios 8.6 millones de personas y recibieron de dos a tres
salarios mínimos 9.2 millones de personas. Sumados estos grupos,
arrojan un total de 26.9 millones de ocupados que percibieron hasta
tres salarios mínimos o no recibieron ingresos por su trabajo.
Ello significa que 26.9 millones de trabajadores (62.7% de la
población ocupada) no pudieron acceder a una CBI. Si
consideráramos que este grupo de ocupados hubieran recibido un
aumento del 394.3% para poder adquirir una CBI, de cualquier manera no
estarían en condiciones de acceder a otros satisfactores
básicos como educación, vivienda, salud, vestido e,
incluso, cultura, como lo establecen la Constitución y la Ley
Federal del Trabajo.
La contención de los salarios que inhibe el crecimiento del
mercado interno se inscribe en un modelo económico que mantiene
una política de estancamiento, relacionada ésta con una
restricción monetaria y fiscal que frena la inversión
productiva debido al encarecimiento del crédito y por el retiro
del Estado de la economía, que se traduce en la ausencia de una
política industrial y agrícola que dinamice el mercado
interno; así como una abrupta apertura comercial, que junto con
la sobrevaluación cambiaria, pone en severa crisis a los
productores nacionales por la competencia desleal del exterior y por el
encarecimiento de las exportaciones mexicanas, resultado de un peso
sobrevaluado.
Incluso en el actual contexto de desaceleración y posible
recesión estadounidense, que desalienta al sector exportador
mexicano por el previsible desplome de las exportaciones y el ingreso
de IED, el gobierno de Calderón no sólo mantiene tal
política, sino que la endurece, a pesar de que según sus
propias estimaciones, en 2008 se crearán 136 mil empleos menos
que en 2007, que el Producto Interno Bruto (PIB) en el presente
año crecerá sólo 2.8%, y que, además, el
bajísimo crecimiento de la economía significará
una caída de los ingresos tributarios de por lo menos 10 mil
millones de pesos. El gobierno federal mantiene la austeridad del gasto
público, impuso junto con empresarios y sindicatos corporativos
un tope salarial a los mínimos del 4% en diciembre de 2007, se
opone a renegociar el capítulo agropecuario del TLC-AN, que
somete al país a los designios del mercado por la creciente
dependencia alimentaria con Estados Unidos y, además, el Banco
de México anunció que con el fin estimular la actividad
económica, no flexibilizará la política monetaria
para bajar las tasas de interés.
En una economía orientada a la exportación del mercado
globalizado, los salarios de los trabajadores ya no son proyectados
como elementos de la economía que a través de su poder
adquisitivo dinamizan el consumo, la inversión, la
producción, el empleo y hasta el pago de impuestos, mucho menos
son utilizados como instrumento para elevar el nivel de vida de la
población y mejorar la distribución del ingreso;
contrariamente, el modelo económico concibe los salarios como
costos de producción que abaratan o encarecen los de las
empresas.
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