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MARZO/ABRIL, 2008 – NÚMERO 93

Periódico mural en el cual de manera breve se da cuenta de temas económicos, políticos e históricos conyunturales. Su distribución es extensiva a todas las organizaciones sociales y laborales que lo soliciten.

Los exiliados económicos de México
financian la economía nacional

La exclusión económica y social que sufren los trabajadores del campo y la ciudad por la subordinación de la economía mexicana al proceso de globalización, ubican a México como el primer exportador de mano de obra en el mundo por motivos económicos y lo sitúan como uno uno de los principales receptores de remesas del orbe. Estos recursos enviados por los migrantes terminaron por financiar la economia nacional y se convirtieron en la primera fuente neta de divisas.

Los trabajadores urbanos fueron excluidos del desarrollo económico y social por la contención deliberada de los salarios y la precarización general de sus condiciones de trabajo debido a que el modelo económico los concibe como costos de producción que abaratan o encarecen los costos de las empresas que compiten en el mercado global, al tiempo que bajos salarios y trabajo precario son ofrecidos como una ventaja comparativa para atraer la Inversión Extranjera Directa (IED). Igualmente, el ínfimo crecimiento de la economia mantiene un inédito desempleo estructural: entre 1982 y 2007, la Población Economicamente Activa (PEA), es decir, los jóvenes que se sumaron al mercado laboral en demanda de empleo, se ubicó en 28 millones 584 mil personas, mientras que los empleos formales generados en ese período fueron sólo de 9 millones 585 mil 120 plazas, por lo que el déficit de puestos de trabajo formales se ubicó en ¡18 millones 998 mil 880!.

Respecto a los trabajadores del campo, el abandono de las políticas de fomento agrícola y la presión económica provocada por la abrupta apertura comercial con Estados Unidos, llevaron al sector a la peor crisis de su historia, relegando a los trabajadores del campo como productores de alimentos para la pobalción y de insumos para la industria, restándole importancia a la economia campesina como generadora de empleos e ingresos que permiten el arraigo de la población rural. Estas medidas provocaron la disminución de la producción nacional de comestibles y que el país comenzara a perfilarse como importador neto de ellos sin considerar la importancia de que el país produzca sus propios alimentos. Dichas políticas produjeron en los primeros 12 años deñ TLC-AN la pérdida de 2 millones de empleos rurales y el éxodo de una cuarta parte de los habitantes del campo.

Si consideramos el contexto nacional, tenemos que la inédita explosión de flujos migratorios de México a Estados Unidos ubicó los niveles de migración durante el foxismo de 400 mil a 575 mil personas al año, totalizando 3.2 millones de personas.

La migración masiva de mano de obra mexicana por motivos económicos al Imperio del norte ubica a México como el mayor expulsor de mano de obra en el mundo. El Banco Mundial refirió que entre 2000 y 2005 salieron de México 2 millones de personas para buscar trabajo en Estados Unidos, una cifra creciente si se toma en cuenta que una década antes, entre 1990 y 1995, la emigración se situó en un millón 800 mil mexicanos. Por otra parte, el mismo organismo ubica al país como uno de los principales receptores de remesas en el mundo: refirió que al cierre de 2007 fue el tercer receptor de dichos recursos con 25 mil millones de dólares, sólo debajo de la India y China.

Las remesas generadas por los exiliados económicos de México han terminado por financiar la economía y el aumento inusitado de dichos recursos se convirtio en la primera fuente neta de divisas del país.

Los gobiernos neoliberales que impulsaron un modelo económico exportador basado en el bajo costo de la mano de obra, esperaban que la entrada de divisas por la IED y las exportaciones manufactureras se convirtieran en las principales fuentes de financiamiento externo; sin embargo, a más de 25 años de este modelo, la IED tiende a disminuir y no cambió el viejo problema estructural de una economía subdesarrollada: el déficit permanente de la balanza comercial, debido a que las exportaciones manufactureras fueron incapaces de financiar sus propias importaciones. Contrariamente, las remesas familiares no tienen contrapeso por salida de recursos, es decir, son recursos netos que entran al país.

De tal manera que mientras que las remesas crecieron 1,892% entre 1985 y 2006, al pasar de mil 157 millones de dólares a 23 mil 54 millones de dólares; la IED aumento 869%, al pasar de mil 983.6 millones de dólares a 19 mil 225 millones de dólares. En tanto, el saldo negativo promedio de la balanza comercial entre 1985 y 2006 fue de 3 mil 905 millones de dólares.

Mientras que para los trabajadores migrantes y sus familias las remesas son de sólo sobrevivencia, las divisas que representan dichos recursos mantienen el funcionamiento de la economía nacional: el gobierno mexicano las utiliza para el pago de la deuda externa; las GET nacionales y extranjeras las emplean para la importación de bienes intermedios y de capital que requieren en sus plantas productivas, y hasta las clases acaudaladas las emplean para importar bienes de consumo suntuario. Además, las remesas permiten el fortalecimiento de la moneda nacional y contribuyen con la estabilidad de las divisas del Banco de México. También es importante destacar que mientras los trabajadores ingresan al país las divisas, los bancos, los particulares, las empresas y el gobierno sacan cuantiosos recursos para depositarlos en el extranjero. Citemos algunas evidencias empíricas al respecto:

I. Entre 1982 y 2007, las remesas familiares que introdujeron al país los migrantes ascendieron a 172 mil 678 millones de dólares; en tanto, la salida de divisas colocadas en la banca estadounidense que hicieron los residentes de México (bancos, particulares, empresas y gobierno) ascendió a 41 mil 200 millones de dólares en 2002.

II. El banco de México informó que durante el foxismo los trabajadores mexicanos que laboran en Estados Unidos enviaron 41 mil 477.5 millones de dólares a la economía mexicana hasta julio de 2004 y que esa derrama económica fue suficiente para pagar 98% de la deuda externa total del país, la cual ascendió a 42 mil 302.7 millones de dólares en el mismo lapso.

III. Según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las salidas de divisas del país por concepto de la importación de bienes de consumo, entre los que se encuentran los bienes de lujo (vinos, coñacs, perlas, mármoles y puros, etc.), se ubicaron en casi 76 mil millones de dólares durante la administración foxista, y representaron 78% del ingreso alcanzado, tanto por la exportación del petróleo como por las remesas familiares que envían los trabajadores de México que laboran en Estados Unidos.

El modelo económico de crecimiento hacia afuera, fracasó en su intento por convertir a la IED y las exportaciones manufactureras en las principales fuentes de financiamiento externo: mientras la IED crece muy poco e incluso tiende a disminuir, el sector secundario exportador muestra una incapacidad estructural para financiar sus propias importaciones, por lo que se mantiene en déficit permanente la balanza comercial. Mientras tanto, el exilio económico de los trabajadores de México, se convirtió en la actividad más dinámica de la economía, debido a la exclusión económica y social de los trabajadores del campo y la ciudad.

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