Control monopólico y productos básicos
La actual crisis alimentaria que se expresa en la escalada alcista de los precios de los alimentos y en su escasez en el mercado internacional, es resultado del abandono del sector agropecuario de las economías nacionales a las libres fuerzas del mercado.
El dominio agroalimentario de los países desarrollados sobre los subdesarrollados, pasó de inundar los mercados de las naciones pobres de alimentos artificialmente bajos (por los altos subsidios transferidos a sus agricultores), a imponer precios artificiales también, pero ahora a la alza, por la especulación en el mercado financiero. A casi tres décadas del libre mercado agroalimentario global, han quebrado un sinnúmero de pequeños y medianos productores agrícolas de los países subdesarrollados y las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) tienden a tomar el control de sus mercados.
La actual crisis alcista de precios de los comestibles se produce simultáneamente en todos los países del orbe y ha habido protestas en todo el mundo. Sin embargo, los países pobres son los más afectados debido a que permitieron el desmantelamiento de sus sectores productivos alimentarios: 70% de esos países carecen de autosuficiencia alimentaria por ser importadores netos de alimentos.
En México, el Estado canceló las políticas de fomento agropecuario e impulsó una abrupta apertura comercial con Estados Unidos, productor y exportador hegemónico de alimentos en el mundo. En este proceso el país perdió su autosuficiencia alimentaria al tiempo que las GET avanzaron en el dominio de la cadena agroalimentaria y agroindustrial y lo aprovechan para imponer alzas especulativas de precios, como ocurrió con el de la tortilla en 2007, y ocurre en 2008, con la concertación del aumento del precio de este bien realizada con el gobierno federal.
Con la desaparición de la Conasupo, y con ella de los precios de garantía, el control de las importaciones y exportaciones del grano, las reservas estratégicas y el subsidio alimentario universal, el Estado dejó un vacío que fue llenado por las GET como Cargill, ADM, Maseca y Minsa, que tomaron el control del circuito productivo de la tortilla con importantes repercusiones en la economía de los pequeños productores y consumidores (ver Hoja Obrera n. 86).
Respecto a la escalada alcista de los precios de los alimentos de 2008, la cual incluye de nueva cuenta a la tortilla, el gobierno federal concertó el alza programada del precio de este producto para el periodo junio-noviembre de 2008 con las mismas GET que originaron el alza especulativa de este bien en 2007. El gobierno federal les garantizó subsidios a la comercialización en 625 pesos la tonelada. La gran beneficiaria del subsidió resultó Cargill, debido a que de los 2.5 millones de toneladas de la cosecha de Sinaloa, la trasnacional se aprestó a contratar 900 mil toneladas, lo que significa concentrar 36% de la cosecha. Es decir, por el subsidio la corporación se llevará la cantidad de 562.5 millones de pesos. De tal manera que gana al comprar al productor agrícola del maíz: lo pagará a 2 mil 800 pesos la tonelada, pero si consideramos el subsidio del gobierno, en realidad le costará a Cargill y demás compradores 2 mil 175 pesos. Asimismo, gana al venderles a los pequeños productores de la industria del nixtamal y la tortilla: en junio-julio les vendió a 3 mil 450 pesos la tonelada; para agosto a 3 mil 500 pesos la tonelada; para septiembre les venderá a 3 mil 600 la tonelada; para octubre a 3 mil 700 pesos la tonelada, y para noviembre a 3 mil 800 pesos la tonelada, debido a los precios fijados por el gobierno federal. Además, las GET podrán importar maíz sin arancel y venderle a los nixtamaleros a los precios acordados con el gobierno.
El país vive una profunda crisis alimentaria al no poder garantizar tan sólo la autosuficiencia del maíz, primer grano alimenticio de México e insumo básico para la producción de la tortilla: existe una disminución progresiva de la producción nacional, ante una demanda interna en aumento, la cual tiende a completarse con importaciones crecientes, al tiempo que disminuye el consumo humano del cereal.
Entre 1994 y 2007, la producción nacional del grano aumentó 30.5%, al pasar de 18.2 millones de toneladas a 23.8 millones; mientras que la demanda interna del grano se incrementó 53.2%, al saltar de 20.4 millones a 31.3 millones. El déficit de la producción interna se cubrió con importaciones: crecieron 235.7%, al situarse de 2.2 millones a 7.5 millones en el mismo periodo. Respecto al precio de este cereal (en forma de tortilla) al consumidor final, tenemos que entre diciembre de 1994 y mayo de 2008 se elevó 1,089.33%, al cotizarse de 0.75 centavos el kilogramo el precio promedio en 1994, a 8.90 pesos en 2008. Mientras tanto, el salario mínimo (zona A) sólo se incrementó 244.4%, al pasar de 15.27 pesos al día a 52.59 pesos, producto de la contención deliberada de los salarios. Si suponemos que destinamos un salario mínimo para comprar únicamente tortillas, tomando como base la devaluación de diciembre de 1994 a mayo de 2008, una miniremuneración podía comprar 20.3 kilos de tortilla en diciembre de 1994 y sólo 5.9 kilos en mayo de 2008.
En términos de los niveles nutricionales de una familia integrada por cinco personas, por ejemplo, de acuerdo con la Canasta Básica Nutricional (CBN) calculada por la Universidad Obrera de México (UOM), el salario mínimo no puede satisfacer sus necesidades básicas de calorías y proteínas. Si consideramos el periodo que va de la devaluación de diciembre de 1994 al mes de mayo de 2008, tenemos que el salario sólo pudo obtener un promedio de 363 gramos de calorías por persona (la necesidad nutricional diaria es de 2,180 gramos por persona) y 12 gramos de proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 69.05 gramos por persona). Si consideramos una familia de cinco personas, tenemos que sólo pudo consumir 1,816 gramos de calorías (la necesidad nutricional diaria es de 10,898 gramos por familia) y 58 proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 345 gramos por familia).
Si consideramos los aumentos nominales del conjunto de los trabajadores y los aumentos de los productos básicos de la CBN entre 1994 y 2008, tenemos que existe un permanente rezago de los salarios lo que ocasiona el difícil acceso de los bienes más elementales para vivir: mientras el salario mínimo general aumentó 263.9%, las remuneraciones contractuales 274.1% y los salarios medios del IMSS 321.7%. Los productos de la CBN, en tanto, aumentaron hasta más de tres veces de los aumentos otorgados a los salarios: la tortilla aumentó 1,089.3%, el “bolillo” 815.5%, la harina de trigo 646.8%, el retazo de hueso de res 550.8%, el pollo 493.9%, el aceite 490.6%, la leche 475.9%, la sal 470.1%, el huevo 431% y el frijol 396.5%. Sólo por mencionar algunos productos.
Se requieren seis salarios mínimos para cubrir los requerimientos alimenticios de una familia. Si suponemos que un jefe de familia que percibe un salario mínimo de 52.59 pesos diarios, obtuviera un aumento no menor del 500.2% para poder adquirir una CBN, aun así no podría acceder a otros satisfactores como educación, vivienda, salud transporte, vestido ni, incluso, cultura, como lo establecen la Constitución y la Ley Federal del Trabajo.
Las políticas neoliberales ponen en riesgo la sobrevivencia misma de la población trabajadora, al no poder garantizar tan sólo la reproducción física o biológica de la gente, debido a que el poder monopólico de las GET les permite especular con los precios de los alimentos. La concentración de los subsidios otorgados por el gobierno cuando importan, comercializan y producen los comestibles les otorga la capacidad de imponer precios monopólicos a los pequeños productores y a los consumidores, es decir, les permite mantener y ampliar sus ganancias a costa del hambre de la gente.
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