ENERO-FEBRERO, 2009 – NÚMERO 98

Periódico mural en el cual de manera breve se da cuenta de temas económicos, políticos e históricos conyunturales. Su distribución es extensiva a todas las organizaciones sociales y laborales que lo soliciten.

Crisis y agotamiento del modelo económico

La crisis económica que experimenta México no comenzó con la que registra Estados Unidos (EU) desde 2007; ésta sólo desencadenó la severa recesión económica que atraviesa el país. La actual crisis tiene su causa estructural en el agotamiento del modelo de crecimiento basado en los mercados externos, particularmente de la industria manufacturera, adoptado desde inicios de los años ochenta del siglo XX. La integración subordinada de la economía mexicana a los mercados externos y el impulso de las políticas neoliberales, que tenían como fin orientar la economía a la exportación, produjeron su estancamiento crónico y el aumento de la dependencia del país respecto a la economía estadounidense.
Los focos rojos del agotamiento del modelo económico comenzaron a partir de 2001, debido a que las bases sobre las cuales se sustentó terminaron por erosionarse. Mencionemos las principales contradicciones y debilidades del patrón de crecimiento secundario exportador: 1) La competitividad basada en la mano de obra barata y abundante resultó ser efímera frente a los menores costos salariales de otros países, fundamentalmente de China, donde se ubican entre cuatro y cinco dólares por jornada laboral, comparados con los dos a tres dólares por hora en México. Esto provocó la salida de cientos de empresas maquiladoras asentadas en territorio nacional y que el país fuera desplazado como el segundo exportador del mercado de EU; 2) México fincó casi todo su comercio exterior en el mercado estadounidense, por lo que aumentó más su dependencia de EU al venderle 80.1% de sus exportaciones, comprarle 50.4% de sus importaciones y captar 52.2% de la Inversión Extranjera Directa (IED) de ese país. Esta situación hizo más vulnerable la economía nacional a los ciclos económicos de dicho mercado; 3) La inusitada apertura comercial y la ausencia de una política industrial que obligara a la utilización de insumos nacionales por parte de las manufacturas de exportación, derivó en la tendencia a la maquilización de este sector por el aumento de las importaciones de bienes intermedios y de capital, provocando desintegración progresiva de los encadenamientos productivos internos, desaparición de miles de empresas de base nacional con el consiguiente desempleo, al tiempo que se mantiene el déficit crónico de la balanza comercial (en 2008 alcanzó los 16 mil 838 millones de dólares), y 4) Las exportaciones se centraron en unas cuantas empresas y en unos cuantos productos, lo cual acentuó la vulnerabilidad de la economía en términos de la entrada de nuevos competidores al mercado de EU, los vaivenes de su economía y hasta en el cambio de las preferencias de los consumidores.
En casi tres décadas de una economía orientada a la exportación, el ajuste impuesto a ella no pudo compatibilizar su crecimiento, la estabilidad de precios y los equilibrios externos y de las finanzas públicas. La contención de los salarios abatió los costos de las empresas, pero disminuyó la capacidad de consumo de la población y, por ende, el crecimiento del mercado interno; las restricciones monetaria y fiscal lograron baja relativa de la inflación y disminución del déficit del sector público, pero frenaron la inversión productiva por el encarecimiento del crédito y por la falta de una política agrícola e industrial; la apertura comercial, junto con la sobrevaluación cambiaria, que se mantuvo hasta antes de las devaluaciones de 2008 y 2009, “abarataron las importaciones”, pero pusieron en severa crisis a los productores nacionales al llevar a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas frente a la competencia externa y, por consiguiente, dejaron sin empleo a millones de trabajadores.
La economía mexicana generó de 1982 a 2008 una tasa de crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto (PIB) de apenas 2.2%, que resultó insuficiente para hacer frente al elevado ritmo de crecimiento anual de la Población Económicamente Activa (PEA), es decir, los jóvenes que comienzan a integrarse al mercado laboral. Del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado al de Vicente Fox (1983-2006), la PEA creció 27 millones 384 mil personas, mientras que sólo se generaron 8 millones 692 mil 512 puestos de trabajo, por lo que el déficit de empleo formal en estos 23 años de neoliberalismo económico, fue de 18 millones 691 mil 488 trabajos.
En la presente administración se profundiza el agotamiento del modelo económico basado en los mercados externos por la crisis económico-financiera de EU, de tal manera que a la depresión crónica del mercado interno se sumará el desplome del externo por la disminución de las exportaciones manufactureras y agrícolas que se envían al país vecino, la caída de la IED, el desplome del turismo, y por la baja de las remesas que envían los trabajadores migratorios. A esto se agrega la caída de los precios del petróleo que agravará aún más la recesión económica del país. Para el año 2010 ya no habrá cobertura de riesgo para el precio del crudo, por lo que el gobierno federal se verá obligado a recortar el gasto público o a incrementar los impuestos. Ambas medidas empeorarán aún más la recesión, sobre todo si la disminución del gasto público afecta la inversión productiva y si el pago de impuestos continúa siendo regresiva y concentradora del ingreso en contra de los trabajadores asalariados, pagadores de impuestos cautivos que contribuyen con la mayoría de los ingresos fiscales, mientras que las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) de capital nacional y extranjero pagan los impuestos más bajos del mundo, evaden al fisco, difieren sus pagos y hasta les regresan impuestos.
Para 2009 el Banco de México proyecta una caída del PIB de entre 0.8% y 1.8%. Asimismo, estima que se perderán entre 160 mil y 340 mil empleos. Sólo entre noviembre de 2008 y enero de 2009, se cancelaron 541 mil puestos de trabajo, según informes del IMSS y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
Los topes salariales, el alza especulativa de los alimentos en el mercado internacional y el control monopólico que tienen las GET del sector alimentario en México, ocasionó un alza especulativa de los comestibles en la presente administración, de tal manera que entre diciembre de 2006 y enero de 2009, mientras que el salario mínimo general recibió un aumento de sólo 13%, los precios de los comestibles, llegaron a incrementarse hasta 339.4%, como en el caso del ejote, el aceite 105.5%, el arroz 90%, la sal 77.2%, el pan blanco 53%, la tortilla 42.6%, y el del huevo 44.4 por ciento.
No obstante que el modelo neoliberal violentó económicamente a la población trabajadora del campo y la ciudad, el gobierno federal y los empresarios tienen de nueva cuenta el propósito de que sean ellos los que paguen el costo de la crisis: mantienen el tope al salario mínimo; no están dispuestos a impulsar la renegociación del TLC-AN, que mantiene en el quebranto al campo mexicano y permite a las trasnacionales, que se apoderaron del sector financiero y del alimentario, avanzar sobre el energético; pretenden imponer la reforma a la Ley Federal del Trabajo con el propósito de legalizar las precarias condiciones de trabajo de la mano de obra; seguirán utilizando las remesas familiares para hacer funcionar la economía, en un contexto en el que éstas disminuyen progresivamente; seguirán sacrificando a los trabajadores mediante los despidos, los paros técnicos, que disminuyen sus salarios hasta en un 50%; las contrataciones a destajo, por tiempo y sin seguridad social. ¿Hasta dónde pensarán el gobierno federal y los empresarios que es posible aumentar la sobreexplotación de los trabajadores del campo y de la ciudad? ¿Hasta cuándo lo aguantarán los trabajadores del país.

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