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Crisis y agotamiento del modelo económico
La crisis económica
que experimenta México no comenzó con la que registra
Estados Unidos (EU) desde 2007; ésta sólo
desencadenó la severa recesión económica que
atraviesa el país. La actual crisis tiene su causa estructural
en el agotamiento del modelo de crecimiento basado en los mercados
externos, particularmente de la industria manufacturera, adoptado desde
inicios de los años ochenta del siglo XX. La integración
subordinada de la economía mexicana a los mercados externos y el
impulso de las políticas neoliberales, que tenían como
fin orientar la economía a la exportación, produjeron su
estancamiento crónico y el aumento de la dependencia del
país respecto a la economía estadounidense.
Los focos rojos del agotamiento del modelo económico comenzaron
a partir de 2001, debido a que las bases sobre las cuales se
sustentó terminaron por erosionarse. Mencionemos las principales
contradicciones y debilidades del patrón de crecimiento
secundario exportador: 1) La competitividad basada en la mano de obra
barata y abundante resultó ser efímera frente a los
menores costos salariales de otros países, fundamentalmente de
China, donde se ubican entre cuatro y cinco dólares por jornada
laboral, comparados con los dos a tres dólares por hora en
México. Esto provocó la salida de cientos de empresas
maquiladoras asentadas en territorio nacional y que el país
fuera desplazado como el segundo exportador del mercado de EU; 2)
México fincó casi todo su comercio exterior en el mercado
estadounidense, por lo que aumentó más su dependencia de
EU al venderle 80.1% de sus exportaciones, comprarle 50.4% de sus
importaciones y captar 52.2% de la Inversión Extranjera Directa
(IED) de ese país. Esta situación hizo más
vulnerable la economía nacional a los ciclos económicos
de dicho mercado; 3) La inusitada apertura comercial y la ausencia de
una política industrial que obligara a la utilización de
insumos nacionales por parte de las manufacturas de exportación,
derivó en la tendencia a la maquilización de este sector
por el aumento de las importaciones de bienes intermedios y de capital,
provocando desintegración progresiva de los encadenamientos
productivos internos, desaparición de miles de empresas de base
nacional con el consiguiente desempleo, al tiempo que se mantiene el
déficit crónico de la balanza comercial (en 2008
alcanzó los 16 mil 838 millones de dólares), y 4) Las
exportaciones se centraron en unas cuantas empresas y en unos cuantos
productos, lo cual acentuó la vulnerabilidad de la
economía en términos de la entrada de nuevos competidores
al mercado de EU, los vaivenes de su economía y hasta en el
cambio de las preferencias de los consumidores.
En casi tres décadas de una economía orientada a la
exportación, el ajuste impuesto a ella no pudo compatibilizar su
crecimiento, la estabilidad de precios y los equilibrios externos y de
las finanzas públicas. La contención de los salarios
abatió los costos de las empresas, pero disminuyó la
capacidad de consumo de la población y, por ende, el crecimiento
del mercado interno; las restricciones monetaria y fiscal lograron baja
relativa de la inflación y disminución del déficit
del sector público, pero frenaron la inversión productiva
por el encarecimiento del crédito y por la falta de una
política agrícola e industrial; la apertura comercial,
junto con la sobrevaluación cambiaria, que se mantuvo hasta
antes de las devaluaciones de 2008 y 2009, “abarataron las
importaciones”, pero pusieron en severa crisis a los productores
nacionales al llevar a la quiebra a miles de pequeñas y medianas
empresas frente a la competencia externa y, por consiguiente, dejaron
sin empleo a millones de trabajadores.
La economía mexicana generó de 1982 a 2008 una tasa de
crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto (PIB) de apenas
2.2%, que resultó insuficiente para hacer frente al elevado
ritmo de crecimiento anual de la Población Económicamente
Activa (PEA), es decir, los jóvenes que comienzan a integrarse
al mercado laboral. Del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado al de
Vicente Fox (1983-2006), la PEA creció 27 millones 384 mil
personas, mientras que sólo se generaron 8 millones 692 mil 512
puestos de trabajo, por lo que el déficit de empleo formal en
estos 23 años de neoliberalismo económico, fue de 18
millones 691 mil 488 trabajos.
En la presente administración se profundiza el agotamiento del
modelo económico basado en los mercados externos por la crisis
económico-financiera de EU, de tal manera que a la
depresión crónica del mercado interno se sumará el
desplome del externo por la disminución de las exportaciones
manufactureras y agrícolas que se envían al país
vecino, la caída de la IED, el desplome del turismo, y por la
baja de las remesas que envían los trabajadores migratorios. A
esto se agrega la caída de los precios del petróleo que
agravará aún más la recesión
económica del país. Para el año 2010 ya no
habrá cobertura de riesgo para el precio del crudo, por lo que
el gobierno federal se verá obligado a recortar el gasto
público o a incrementar los impuestos. Ambas medidas
empeorarán aún más la recesión, sobre todo
si la disminución del gasto público afecta la
inversión productiva y si el pago de impuestos continúa
siendo regresiva y concentradora del ingreso en contra de los
trabajadores asalariados, pagadores de impuestos cautivos que
contribuyen con la mayoría de los ingresos fiscales, mientras
que las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) de capital nacional y
extranjero pagan los impuestos más bajos del mundo, evaden al
fisco, difieren sus pagos y hasta les regresan impuestos.
Para 2009 el Banco de México proyecta una caída del PIB
de entre 0.8% y 1.8%. Asimismo, estima que se perderán entre 160
mil y 340 mil empleos. Sólo entre noviembre de 2008 y enero de
2009, se cancelaron 541 mil puestos de trabajo, según informes
del IMSS y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
Los topes salariales, el alza especulativa de los alimentos en el
mercado internacional y el control monopólico que tienen las GET
del sector alimentario en México, ocasionó un alza
especulativa de los comestibles en la presente administración,
de tal manera que entre diciembre de 2006 y enero de 2009, mientras que
el salario mínimo general recibió un aumento de
sólo 13%, los precios de los comestibles, llegaron a
incrementarse hasta 339.4%, como en el caso del ejote, el aceite
105.5%, el arroz 90%, la sal 77.2%, el pan blanco 53%, la tortilla
42.6%, y el del huevo 44.4 por ciento.
No obstante que el modelo neoliberal violentó
económicamente a la población trabajadora del campo y la
ciudad, el gobierno federal y los empresarios tienen de nueva cuenta el
propósito de que sean ellos los que paguen el costo de la
crisis: mantienen el tope al salario mínimo; no están
dispuestos a impulsar la renegociación del TLC-AN, que mantiene
en el quebranto al campo mexicano y permite a las trasnacionales, que
se apoderaron del sector financiero y del alimentario, avanzar sobre el
energético; pretenden imponer la reforma a la Ley Federal del
Trabajo con el propósito de legalizar las precarias condiciones
de trabajo de la mano de obra; seguirán utilizando las remesas
familiares para hacer funcionar la economía, en un contexto en
el que éstas disminuyen progresivamente; seguirán
sacrificando a los trabajadores mediante los despidos, los paros
técnicos, que disminuyen sus salarios hasta en un 50%; las
contrataciones a destajo, por tiempo y sin seguridad social.
¿Hasta dónde pensarán el gobierno federal y los
empresarios que es posible aumentar la sobreexplotación de los
trabajadores del campo y de la ciudad? ¿Hasta cuándo lo
aguantarán los trabajadores del país.
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