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De nueva cuenta pagan los trabajadores
La clase política y
los empresarios decidieron que una vez más sean los trabajadores
del campo y la ciudad los que paguen el costo de la crisis
económica-financiera que experimenta el país: en casi
treinta años de modelo económico neoliberal, éste
sustentó la acumulación del capital de las Grandes
Empresas Transnacionales (GET) de base nacional y extranjera,
así como el financiamiento del sector público, a partir
del despojo sistemático del fondo de vida de los trabajadores.
Los mecanismos de sustracción del fondo salarial utilizados por
los cinco gobiernos neoliberales y empresarios han sido: 1)
Precarización general del empleo, mediante la imposición
de topes salariales y generación de empleos precarios con el
objetivo de abaratar los costos de las empresas; 2) Progresiva
descapitalización, privatización y
mercantilización del llamado salario social de los trabajadores
(vivienda, salud, educación, cultura, subsidio alimentario y de
servicios básicos) que permite su subrogación, así
como la privatización de los fondos de pensiones de los
trabajadores del país; 3) Reforma fiscal regresiva y
concentradora del ingreso, que beneficia al gran capital y a empleados
de altos ingresos, en detrimento de los trabajadores de bajos salarios;
4) Utilización de las remesas para financiar la economía
nacional, y 5) Pago de precios monopólicos de los bienes y
servicios que venden tanto las GET como los gobiernos.
Según estimaciones de la Universidad Obrera de México
(UOM), el salario mínimo perdió 65% de su poder
adquisitivo entre diciembre de 1994 y febrero de 2009, al deterioro de
los salarios se sumaron las formas precarias de contratación:
según datos del INEGI, al cierre de 2008, los ocupados que no
tuvieron acceso a la seguridad social ascendieron a 27 millones de
personas.
Las remesas familiares generadas por los más pobres del
país terminaron por financiar la economía nacional debido
a que son utilizadas para el pago de la deuda externa; para la compra
en el exterior de bienes intermedios y de capital que requiere la
planta productiva; para la importación de bienes de consumo,
particularmente de bienes suntuarios que demandan las clases
acaudaladas, al tiempo que fortalecen la moneda nacional.
Además, mientras que los empresarios, familias acaudaladas y, en
menor medida, los mexicanos de altísimos ingresos sacaron del
país 322 mil 224 millones de dólares; en casi tres
décadas los migrantes enviaron a México 209 mil 10
millones de dólares, es decir, el equivalente al 64.8% de los
recursos que los ricos enviaron al exterior.
La privatización y mercantilización del llamado salario
social, particularmente del sistema de pensiones, llevó a que
las GET financieras especularan con el ahorro de los trabajadores, al
tiempo que dichos recursos financian las empresas privadas. Datos de la
Consar señalan que a marzo de 2008, los ahorros de los
trabajadores ascendieron a 874 mil millones de pesos equivalentes a
8.9% del PIB; asimismo, refieren que dichos recursos financian 25.1%
del total emitido de deuda privada de largo plazo (mercado local),
canalizando recursos a una gran cantidad de sectores productivos.
Contrariamente, los banqueros reconocen que la gestión privada
de las pensiones no garantiza un ingreso mínimo para vivir
dignamente a las personas que se retiran.
Las grandes corporaciones se beneficiaron de la privatización de
los sectores estratégicos del país como la
telefonía, el energético, el financiero, el agua y el
alimentario, entre otros, lo que les permite tener el control de los
mercados de los bienes y servicios que venden e imponer precios
monopólicos a los trabajadores; no obstante, empresarios y
gobierno decidieron que de nueva cuenta sean ellos los que paguen el
costo de la crisis: 1) Se mantiene el tope salarial a pesar de la
escalada especulativa de los alimentos, lo cual mantiene en rezago
permanente los salarios respecto a la inflación: entre diciembre
de 2006 y febrero de 2009, mientras que el salario mínimo
general recibió un aumento salarial de sólo 12.6%, los
precios de los comestibles llegaron a incrementarse hasta 339.4%, como
en el caso del ejote y el pollo 243.4%, el aceite 107.7%, el arroz
139%, la sal 77.2%, el pan blanco 53%, la tortilla 42.8%; 2) A la
pérdida del poder adquisitivo de los salarios se suma la de los
empleos: en 2009 habrá un déficit de empleo de por lo
menos un millón 600 mil personas. Según datos del IMSS,
perdieron su empleo 538 mil 68 trabajadores, lo que significó
una baja de 107.6 mil plazas por mes en promedio, entre octubre de 2008
y febrero de 2009; 3) La precarización del trabajo se
profundiza: los empresarios, además de aplicar los paros
técnicos, reducen salarios y prestaciones y terminan por
despedir a los trabajadores, como en General Motors (después de
una serie de paros técnicos despidieron alrededor de 600
empleados); 4) Los trabajadores más pobres del país
continúan siendo los pagadores de impuestos cautivos: entre
enero y septiembre de 2008, de los 27 mil 520.1 millones de pesos
recaudados mediante personas físicas, 6 mil 960.5 millones de
pesos provinieron del grupo de menores ingresos y 6 mil 742.5 millones
de pesos de quienes tuvieron mayores ingresos; 5) Las Afore informaron
que tuvieron una minusvalía de 43 mil 546 millones de pesos en
febrero de 2009, y 6) Los trabajadores terminaron por endeudarse ante
el deterioro salarial, el desempleo, el oneroso pago de impuestos y la
precarización general de sus condiciones de trabajo y de vida;
pero resulta que el altísimo cobro de intereses, comisiones y
cargos que imponen los bancos, llevó a miles de trabajadores a
caer en la cartera vencida. El Buró de Crédito
informó que entre enero y febrero de 2009, por lo menos 500 mil
usuarios de crédito se encuentran en ella. La banca basa sus
ganancias en el endeudamiento de los trabajadores y también
extrae recursos del rescate bancario; ambos son un injusto
financiamiento del fondo de vida de los trabajadores al gran capital
financiero.
Frente a esta violencia económica los trabajadores se emplean en
la economía informal; aumentaron sus niveles de
emigración a Estados Unidos; se emplearon en la maquiladora de
exportación; cambiaron sus hábitos alimenticios; trabajan
horas extra e incluso varias jornadas; trabajan a destajo y a
domicilio; se contratan sin ninguna prestación de ley,
temporalmente y mediante acuerdos verbales; y cada vez más
mujeres, jóvenes y niños trabajan para aumentar el
ingreso familiar. Sin embargo, la maquiladora de exportación
está en severa crisis; la economía estadounidense tiende
a cerrarse para los migrantes por su profunda recesión y el
endurecimiento de sus políticas migratorias; la economía
informal se satura y el endeudamiento de las familias trabajadoras
está llegando a su límite por la crisis de las carteras
vencidas.
Mientras tanto, el gobierno federal vuelve a endeudarse con el FMI y
con el gobierno de Estados Unidos, para “impulsar el crecimiento
económico”, con las mismas políticas del
estancamiento, pero además, dichos recursos serán
utilizados para asegurar el rescate bancario y para salvar a las GET
del quebranto. ¿Quién pagará este nuevo
endeudamiento? Los trabajadores de México.
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