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Aquellos maestros de la Universidad Obrera de México
MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA*
La presencia de la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano”, en el contexto actual, en estos tiempos modernos, continúa siendo la de un organismo indispensable en lo que se refiere a crear “la conciencia de clase en los trabajadores que ha de formarse principalmente por dos medios: dándoles una noción exacta de la vida y del mundo, basada en principios conformados por la experiencia, con exclusión de las ideas metafísicas sin arraigo en la realidad, para explicarse el lugar que ocupa el hombre en el universo y la intención que liga en su constante devenir al pensamiento y a la materia, como partes inseparables y fundamentales de todo lo que existe; y además, proporcionando a los trabajadores el conocimiento concreto del país –de México–, en que viven, actúan y se desarrollan: la estructura física, la organización económica; el sistema social de la nación mexicana…”
Por lo que al revisar de nueva cuenta las finalidades de la Universidad Obrera de México, siete décadas después de su creación, llama la atención el cumplimiento exacto de sus responsabilidades y de sus metas.
Y es muy interesante mencionar las actividades de la Asociación Pro Cultura Nacional, S.C., fundada en 1933, con el propósito de cooperar a la difusión y a la orientación de la enseñanza, la que en un principio, con el objetivo de cumplir desde ya con sus funciones en un México que requería de esos fundamentos, establece en el mismo año la Escuela Preparatoria “Gabino Barreda”, al siguiente la Universidad “Gabino Barreda”, integrada con una Escuela Secundaria, la citada Preparatoria, y las Escuelas Profesionales de Bacteriología, Ingeniería Municipal, Economía, Mecánica Dental y Arte, más el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores.
Sin embargo, los propósitos de la Asociación Pro Cultura Nacional consistían en realizar un obra de mayor trascendencia, de mayor repercusión, porque sencillamente se trataba de acometer proyectos más completos y más agresivos para crear en la clase trabajadora la conciencia de su misión histórica, por lo que se transforma la anterior Universidad “Gabino Barreda” en la Universidad Obrera de México, misma que subsiste hasta estos días.
Las bases que se aducen para la creación y sustentación de la Universidad Obrera de México, ahora con el apelativo de “Vicente Lombardo Toledano”, siguen teniendo viva actualidad. En ese entonces, se aducía que sin teoría revolucionaria, haciendo eco en los conceptos de Lenin, no hay acción revolucionaria, por lo que es preciso hacer ver que no puede existir una teoría revolucionaria de la lucha social, si no se tiene una noción científica del universo. Con base en esa aseveración, se decía, la Universidad Obrera de México vendría a llenar un desempeño de gran significación para el futuro de la clase proletaria porque los trabajadores aprenderán en sus aulas, de un modo sistemático, la génesis del mundo, el origen de la vida, la aparición del ser humano, el principio de la sociedad humana y su constante desenvolvimiento, el carácter material de todos y cada uno de los fenómenos de la naturaleza y la ley dialéctica que los norma. Y se argüía al respecto, que en posesión de estos conocimientos fundamentales de la cultura verdadera, objetiva por naturaleza, se tendría la explicación de lo que es realmente el mundo objetivo, y los explotados podrán ya caminar con firmeza en su lucha cotidiana contra la clase capitalista y tener una visión clara del porvenir, sabiendo actuar con eficacia ante todos los obstáculos, para acelerar el advenimiento de una sociedad más justa que la actual, exenta además de posturas demagógicas, sin actitudes románticas, sin talismanes políticos y sin jactancia de teorizantes divorciados de la vida y el pensamiento creador.
Pero además, la Universidad Obrera de México, se decía, estará presente y hará estudios de los problemas que más interesan a la clase trabajadora, a los de América Latina y a los entonces países coloniales y semicoloniales de todos los continentes, unidos en virtud de las leyes históricas de la concentración y expansión del capital, de modo indisoluble ante sus opresores tanto internos como externos. De acuerdo con lo anterior, la Universidad Obrera de México será –sigue siendo– una institución dedicada al estudio de la doctrina socialista, de los problemas sociales en general, de las características del régimen burgués, de sus aspectos históricos contemporáneos del régimen capitalista, de los países sin autonomía económica y en especial, de la realidad social mexicana.
Hay que reconocer el esfuerzo tan grande que llevaron a cabo sus fundadores, encabezados por el maestro Lombardo, como director de esa institución, y con el apoyo de Alejandro Carrillo, como secretario general.
La novísima por entonces Universidad Obrera de México, con sus instalaciones en Rosales 24 y 26, cuyo edificio aún subsiste, estaba integrada por una escuela superior y cinco escuelas profesionales, diez departamentos, un instituto, un museo, el de las Religiones, dirigido por Manuel R. Palacios, y la biblioteca y hemeroteca, a cargo nada menos que de Agustín Yánez, destacado literato, político y humanista.
La escuela que tenía rango de superior era la Escuela Superior Obrera “Karl Marx”, dirigida por Víctor Manuel Villaseñor, prominente intelectual de la época.
Las cinco escuelas profesionales eran, la de Derecho Obrero, a cargo de Javier Icaza; la Escuela de Cooperativismo a cargo del profesor de origen suizo Federico Bach: la Escuela de Ciencias Económicas estaba bajo la responsabilidad de Gonzalo Mora Ortiz, uno de los primeros economistas egresados de la Universidad Nacional, de la por entonces Sección de Economía, creada por Bassols dentro del organigrama de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Por cierto, el programa de estudios que se seguía tenía mucha semejanza con el plan de estudios por entonces vigente en la Escuela Nacional de Economía de la Universidad Nacional. La Escuela de Lenguas Vivas estaba al cuidado del profesor Demetrio Sokolov; la Escuela para Extranjeros la dirigía Alejandro Carrillo.
Los diez departamentos eran los siguientes: Departamento de Investigaciones Sociales, al cuidado del Profr. Francisco Zamora. El maestro Zamora fue asimismo uno de los profesores fundadores de lo que es hoy Facultad de Economía de la Universidad Nacional. Era de origen nicaragüense, periodista profesional, colaboró mucho tiempo en El Universal. En la ahora Facultad de Economía impartió la clase de Teoría Económica, y dejó muchos libros sobre esta disciplina que fueron materiales de texto por algún tiempo.
El Departamento de Problemas Indígenas lo manejó Alfonso Teja Zabre, destacado historiador, autor de varios libros sobre la historia de México.
Pero, además, las plantas docentes de las diferentes escuelas profesionales estaban integradas también por una gama de distinguidos académicos, investigadores y profesionales de alto nivel. Asimismo, se contaba entre ellos a connotados especialistas extranjeros muy conocidos en el contexto de ese entonces. Sería prolijo citarlos a todos, por lo que solamente mencionaremos a algunos de ellos. Entre los muchos catedráticos que impartieron clase en la Universidad Obrera de México, en sus primeros tiempos de haber sido fundada, mencionaremos al economista alemán Alfons Goldschmidt, y el Dr. Lazlo Radvanyi, de origen húngaro, que dejaron huella de sus enseñanzas.
La Escuela Superior Obrera “Karl Marx”, que al parecer era el eje del proyecto educativo de esa universidad, ofrecía un curso de dos semestres más dos cursillos monográficos, todos y cada uno de ellos, atendidos por especialistas de renombre, Demetrio Sokolov, Luis Fernández del Campo, Ana María Reyna, traductora de muchas obras de autores socialistas, el mismo doctor Lombardo impartía un curso sobre Fundamentos Filosóficos del Socialismo; el profesor Francisco Zamora explicaba el significado del Materialismo Histórico, mientras el profesor Bach atendía la cátedra de Génesis, Desarrollo y Características del Imperialismo, y Gastón Lafarga comentaba el Movimiento Obrero Internacional.
Los cursos monográficos estaban a cargo del profesor Jesús Silva Herzog, el propio Bach, Kerry Block; Froim Comarofsky, Otto Rühle, Daniel Cossío Villegas, y el centroamericano Arqueles Vela que exponía un curso sobre la interpretación materialista de la Historia del Arte.
La lista de personalidades del intelecto de la época prosigue: Leopoldo Ancona, biólogo; Enrique E. Schulz, geógrafo.
Destaca, asimismo, la Escuela de Derecho Obrero dirigida por Javier Icaza, así como la Escuela de Cooperativismo, dirigida por Fritz Bach.
Se trataba de explicar cuál era la verdadera función del cooperativismo dentro del sistema social vigente y en qué forma deben servirse los trabajadores de las sociedades cooperativas para mejorar su situación económica, sin incurrir en un posible fracaso. El curso, dividido en dos semestres y cuatro módulos, estaban al cuidado de Joaquín Ramírez Cabañas, Federico Bach, experto en la materia, Moisés T. de la Peña y José Antonio Rivera Arana, estos dos últimos egresados también de la Universidad Nacional, de la por entonces Escuela Nacional de Economía.
Por lo que se ve, la Escuela de Ciencias Económicas ofrecía un estudio profundo de la ciencia económica, pues el proyecto educativo estaba contemplado para un curso de cinco años, de acuerdo con avances de dicha ciencia por ese entonces. Su propósito era preparar técnicos en economía con orientación revolucionaria, por lo que con el establecimiento de esa escuela se tenía el propósito de impartir el conocimiento sistemático y analítico de las disciplinas económicas.
Sin embargo, sólo se presenta el plan de estudios respectivo, pero no se da a conocer cómo y de qué manera estaba integrada la planta docente.
Integraban el proyecto académico la Escuela de Lenguas Vivas, con cursos elementales y avanzados de inglés, ruso, alemán y francés. Destacaba, asimismo, la Escuela para Extranjeros, dirigida por Alejandro Carrillo, y el propósito de esta escuela consistía en dar a conocer a los extranjeros con residencia temporal o permanente en el país, la verdad sobre la realidad mexicana. De acuerdo con lo anterior, se programaron cursos sobre Historia de México, con la participación de Manuel Sánchez Gavito –en inglés–; Alfonso Toro; Teja Zabre, Humberto Tejeda, Hermilo Abreu Gómez, Héctor Pérez Martínez, Javier Icaza, Octavio Tovar, Jorge Enciso –una calle de la colonia Héroes de Churubusco, en Iztapalapa, lleva su nombre–, entre otros muchos; varios de ellos impartían también clases en la Universidad Nacional.
Desde luego, tales cursos estaban complementados por varios y diversificados cursos monográficos, con la participación de destacados especialistas, como Miguel Othón de Mendizábal, Raúl Fournier, que posteriormente fue director de la Escuela Nacional de Medicina; Luis I. Rodríguez –después secretario particular del presidente Lázaro Cárdenas–; Eduardo Villaseñor –uno de los organizadores del Banco de México–; el arquitecto Ignacio Marquina, y muchos más.
Además, había catorce departamentos que se ocupaban de investigar de manera especializada, diversas ramas del conocimiento. Así el Departamento de Investigaciones Sociales, bajo la dirección del maestro Francisco Zamora, cuyo objeto era estudiar cuestiones que afectaran al proletariado en su constante lucha por elevar las condiciones materiales y morales de su existencia, proporcionándole, en cada ocasión, un juicio técnico sobre tales cuestiones, para facilitar la solución de sus conflictos o para cooperar con él en el planteamiento de los asuntos concretos que más le preocupan.
Y así seguía el listado de tales departamentos, el de Problemas Indígenas bajo la dirección de Alfonso Teja Zabre; el de Riesgos Profesionales, dirigido por el médico cirujano Alfonso Millán; el de Enfermedades Tropicales dirigido por Raúl Fournier y el de la Habitación Popular, por Juan O’ Gorman.
También estaba el Departamento de Cultura Estética y Periodismo, cuyo jefe era el grabador Leopoldo Méndez, que tenía como consejeros a Javier Icaza y a Arqueles Vela; el de Pintura y Escultura, dirigido por Santos Balmori; el Cinematográfico, con Alberto Martín a la cabeza; el de Teatro, bajo la tutela de Octavio Novaro, que fue conocido periodista y director del diario La Prensa; Música y Danza, con José Pomar y Rochel Björnstrom de Balmori; seguía la Sección del Libro y de las Artes del Libro, dirigido por Francisco Orozco Muñoz; la Sección de Periodismo, bajo la dirección de don Gustavo Ortiz Hernán, periodista destacado, figuró posteriormente como jefe del Departamento de Turismo y también como jefe de redacción de la Revista Hoy. También había el Departamento de Educación Física, dirigido por el profesor Antonio Ramírez Laguna; el Departamento de Asistencia Social, a cargo del Grupo Femenil de la Asociación Pro Cultura Nacional con un muy amplio y completo equipo para apoyar a las familias de obreros en sus complejas necesidades sociales y económicas.
También hay que hacer notar al Departamento Editorial, dirigido por el licenciado Efraín Escamilla, y como consejero técnico a Francisco Orozco Muñoz, cuya función primordial era difundir por medio de revistas de carácter científico, libros, periódicos, folletos, monografías, las enseñazas e investigaciones que en la Universidad Obrera se desarrollaran, y que es, a decir verdad, una de las funciones principales de la universidad moderna.
Se señalaba, asimismo, las publicaciones periódicas: la Revista U.O., órgano de la Universidad Obrera, dirigida por Alejandro Carrillo; la revista FUTURO, dirigida por el doctor Lombardo Toledano, revista popular que informaría sobre la situación de México y del mundo. Ciertamente esta revista fue muy difundida y leída en su época; y “Cuadernos de Derecho Obrero”, dirigida por Xavier Icaza, que llevaría a los trabajadores las nuevas interpretaciones del Derecho en México y en el extranjero.
A este respecto, es oportuno recalcar que la tarea editorial y de publicación de libros, folletos y revistas, sigue estando presente, y es un signo característico de la Universidad Obrera. La revista trabajadores, por ejemplo, es un órgano fundamental de difusión en donde a través de verdaderos ensayos de fondo, se examina la problemática socioeconómica y política de nuestro tiempo, y además, esta publicación, junto con Hoja Obrera, circulan por todo el mundo y se pueden consultar por la internet.
En suma, la labor editorial realizada por la Universidad Obrera, hasta la fecha es de especial prosapia, digna, objetiva e impactante. Podríamos agregar que es su sello sui generis, herencia elocuente del maestro Lombardo.
También funcionaba el Departamento de Consulta y Cursos por Correspondencia, a cargo del profesor Diódoro Antúnez.
Formaba parte del organigrama de la Universidad Obrera por aquellas fechas, el Instituto de la Revolución Mexicana, bajo la responsabilidad del licenciado Luis Fernández del Campo. Era un tema obligado de estudio y de investigación, ya que en esos tiempos, se estaban poniendo en práctica los postulados de la propia Revolución mexicana en la configuración del nuevo Estado mexicano que de manera dialéctica se había que conformar.
Ese instituto pretendía llevar a cabo estudios de la Revolución mexicana, una de las más importantes del siglo XX, dentro de los términos del materialismo histórico, toda vez que, según se afirmaba, hasta ese momento aún no se emprendía un estudio serio y metódico de ese movimiento político, y que sólo se concretaba a narraciones más o menos extensas de los hechos y sucedidos, y semblanzas más o menos efectivistas de sus personajes más destacados. Todo presidido por propósitos de simple interés político o de carácter subjetivo.
Por tanto, se decía, las labores de ese instituto serán de investigación y de divulgación. Ésta última por medio de publicaciones, cursos breves y exposiciones monográficas para dar a conocer los resultados de tales estudios.
A continuación se daba cuenta del proyecto de Biblioteca y Hemeroteca de la Universidad, proyecto al cuidado de Agustín Yáñez, figura señera del intelecto mexicano.
Su acervo, se decía, se formará de manera escrupulosa, de acuerdo con la orientación general de la institución, y procurará estar al día en la temática relevante de la época. En la actualidad, la Biblioteca “Lázaro Cárdenas” de dicha institución, sigue siendo importante en materia de temas sobre los grandes rubros de carácter social, político y económico y la lucha social organizada de la clase trabajadora.
Cerraba el ciclo de este proyecto, el Museo de las Religiones, a cargo del licenciado Manuel R. Palacios, de origen oaxaqueño, y que fue también profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, y también director de los Ferrocarriles Nacionales, durante el gobierno de Miguel Alemán.
El objeto de ese museo consistía en ofrecer una explicación objetiva del fenómeno religioso en sus múltiples manifestaciones, a través de las diversas etapas históricas de la evolución de la humanidad.
La Universidad Obrera también ofrecía por aquellos tiempos, muchas diversas y atractivas actividades culturales. De ese modo, estaba una Escuela Primaria para los hijos de los trabajadores; prolijos actos culturales, conferencias, concursos, un periódico mural, así como visitas y excursiones y viajes al extranjero.
Concluía su proyecto, único en el México de aquel entonces, con el Reglamento respectivo de la universidad, donde se señalaba la clasificación de los alumnos y los requisitos de admisión, la disciplina, la certificación de estudios y, por último, disposiciones generales.
Como colofón, se incluía una invitación para que el público que estuviera de acuerdo con dicho proyecto de educación para la clase trabajadora de México, cooperara de manera voluntaria, enviando sus donativos al domicilio que tuvo en la calle de Rosales 26, edificio que, como ya decíamos, aún subsiste.
Después de esta revisión, un tanto somera, del proyecto educativo que dio lugar a la creación de la Universidad Obrera de México, ahora de Vicente Lombardo Toledano, causa admiración el esfuerzo realizado por su ilustre fundador y su equipo de trabajo, pero además, también sorprende la capacidad de convocatoria que tenía Lombardo, pues, como ya decíamos, la gran mayoría de los docentes e investigadores que integraron ese proyecto, eran personajes muy conocidos en el México de aquellas fechas, y posteriormente, muchos de ellos figurarían en puestos relevantes que de alguna manera influirían en la configuración del México contemporáneo.
* Profesor titular de la Facultad de Economía de la UNAM y de la Universidad del Valle de México, Campus San Rafael.