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Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano
Corría el año 1972 cuando apareció en ámbito de la inteligencia superior del hombre la obra de Eduardo Galeano, cuyo título es, y será, “Las venas abiertas de América Latina”. Su lectura causó una de las impresiones más insólitas en el pensamiento de sus lectores que pronto correrían a recomendarlo, y de ahí en adelante se ha convertido en uno de los textos imprescindibles para inquietar el pensamiento del hombre, pues su versatilidad erudita nos lleva desde los orígenes del Universo hasta la desesperación de los habitantes de América Latina que viven en la extrema pobreza y el hambre.
Ese trashumar del hombre desde sus orígenes, cuando se encontró por primera vez con la que sería su compañera para entonces hacerse uno, y el de dominar el fuego para construir el hogar, es narrado con sentido del humor y la elegancia de la verdadera literatura, y así todas las paradojas en la vida de toda la sociedad; y no cabemos en nuestra sorpresa cómo en un par de frases funde el pensamiento de los hombres más primitivos, sin derecho a la escuela pública, con el genio de Hegel y sus aportaciones a la explicación de qué es la dialéctica, así como la profunda erudición del genio intelectual de Carlos Marx o Vladimir Ilich Lenin.
En toda la obra de Eduardo Galeano está la explicación profunda y de claridad indiscutible del proceso de la acumulación de la riqueza basada en la explotación del hombre y de todas las artimañas para esclavizarlo en la ignorancia de lo que significa él mismo como la máxima creación de la naturaleza y constructor de esas riquezas insolentes que avergüenzan a millones de hombres que saben cómo es el proceso de la acumulación del capital.
Galeano tiene el reconocimiento de toda la inteligencia progresista, que lo sigue libro tras libro cuando no en conferencias o en sus presentaciones como la que tuvo al recibir el grado de “Doctor Honoris Causa” de la Universidad de Veracruz. Pero también el de las capas reaccionarias del pensamiento, los explotadores venidos de la corrupción, pues como militante superior al servicio de las mejores causas, fue expulsado de su natal Uruguay por los militares que usufructuaron el poder y persiguieron con saña a todo librepensador, así como al increíble grupo “Tupamaro”.
Galeano recorría el mundo denunciando y educando, difundiendo las expresiones superiores de la cultura para denunciar la criminalidad institucional en su patria, Uruguay, y nos entregó esa obra maestra que es “Las venas abiertas de América Latina”, pero no sólo ella sino toda una lista de obras literarias, poesía y una labor periodística con los temas de actualidad que fueron imprescindibles para entender el momento político de la lucha de los pueblos contra sus opresores, que actuaban al servicio de las empresas trasnacionales. Es, quizá, en la cuarta de forros de la edición del libro mencionado en donde podremos acercarnos a esta obra de Eduardo para seguir el pensamiento, en su singular estilo literario por su profundidad, gracia y amenidad:
Este libro busca ofrecer una historia del saqueo de América Latina y contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo: los tecnócratas en jet herederos de los conquistadores en carabela, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors. Los fantasmas de todas las revoluciones estranguladas o traicionadas a lo largo de la torturada historia latinoamericana se asoman en las nuevas experiencias, así como el tiempo presente había sido presentido y engendrado por las contradicciones del pasado.
Monumental diorama de la explotación del hombre por el hombre, documento sobrecogedor acerca de las raíces del “hambre americana”, señala que para que el imperialismo norteamericano pueda integrar para reinar hoy día, en América Latina, fue necesario que ayer el imperialismo británico contribuyera a dividirnos con los mismos fines. Un archipiélago de países desconectados entre sí nació como consecuencia de la frustración de nuestra unidad nacional.
Cuando los pueblos en armas conquistaron la independencia, América Latina aparecía en el escenario histórico enlazada por las tradiciones comunes de sus diversas comarcas, exhibía una unidad territorial sin fisuras y hablaba fundamentalmente dos idiomas del mismo origen: el español y el portugués. Pero faltaba una de las condiciones esenciales para constituir una gran nación única: faltaba la comunidad económica.
El resultado es que, en la actualidad, cualquiera de las corporaciones multinacionales opera con mayor coherencia y sentido de unidad que este conjunto de islas que es América Latina, desgarrada por tantas fronteras e incomunicaciones. Pues ninguna integración puede realizar entre sí países que aún no se han integrado por dentro. Cada país padece hondas fracturas en su propio seno, agudas divisiones sociales y tensiones no resueltas entre sus vastos desiertos marginales y sus oasis urbanos. Los despojados, los humillados, tienen en sus manos la tarea.