La educación y el movimiento del 68 en México
Antología de Jorge Carrión

MARTA QUESADA*

 

En 1968 el Dr. Carrión tenía 55 años; meses antes, en diciembre de 67, había salido el último número de la revista Política, en donde por siete años le siguió el pulso diario a la situación política nacional. En ella escribió lo que serían sus visionarios antecedentes del 68. A su labor en Política, que se inicia en mayo de 1960, Raquel Tibol se refirió señalando que Marcué era el dueño de la publicación y Carrión el colaborador más importante y la pluma más brillante de la revista.1
En la etapa previa, lo encontramos primero formándose como médico psiquiatra y después acercándose al problema educativo de México en una institución fundada durante el cardenismo, el Instituto Nacional de Pedagogía de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en donde laboró por 12 años, tres de ellos como director.
En ese productivo periodo, que va de mediados de los cuarenta a la década de los cincuenta, elaboró y publicó en diversas revistas sus estudios sobre el mexicano. Fue miembro fundador del Partido Popular que dirigiera Lombardo. Inició su acercamiento a la labor editorial involucrándose en la publicación de varias revistas. Apareció en una serie cultural de televisión, debatiendo temas históricos con José Vasconcelos y Alfonso Junco. Y se sumó al movimiento internacional por la paz, formando parte de la dirección de organizaciones surgidas en México en torno a él, como fueron el Círculo de Estudios Mexicanos, A.C. (1954), y ya en la siguiente década, el Movimiento de Liberación Nacional (1961).
En 1955, a su salida de la SEP inició, en Excélsior y posteriormente en la revista Política, una fecunda labor periodística que no abandonaría sino hasta los últimos días de su vida.
Precisamente de Excélsior y sobre todo de Política, son casi la totalidad de artículos que contiene la antología que presentamos, aparte de ellos está un artículo conmemorando los diez años del 68 que apareció en la revista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y dos estudios excepcionales, uno sobre la educación y otro sobre el movimiento estudiantil del 68, publicados en libros colectivos de Nuestro Tiempo, editorial que él también contribuyó a fundar en 1966.
Sobre el 68, que como todos sabemos es un tema que han tratado decenas de analistas, muchos de ellos participantes en los hechos, existen estudios con enfoques sumamente diversos, lo que resulta claramente de que los fines que se persiguen también lo son.
Para algunos ha sido fundamental transmitir esa vivencia y narran sus testimonios o recogen valiosas crónicas de los hechos. Otro amplio grupo de materiales tienen un carácter que podríamos llamar jurídico, porque están dedicados a sustentar la verdad de los hechos. Dentro de ellos son relevantes los que tienen la intención expresa de señalar a los culpables de la represión y pedir que se haga justicia. En el caso de Carrión, el fin que persiguió siempre fue político, su enfoque es el de un analista maduro, profundo conocedor del tema y que se definía a sí mismo como marxista, en tiempos en que esta etiqueta no era un adorno, sino motivo de aislamiento profesional y en algunos casos hasta de represión y cárcel.
“…La política –decía en el primer número de la revista del mismo nombre–… constituye… el estudio científico de las estructuras sociales con el objetivo de transformarlas y propiciar etapas mejores de convivencia humana.”2
Su estudio sobre el 68 aparece en 1969, lo que lo convierte en uno de los primeros análisis sobre el tema y sin embargo, 40 años después, sigue siendo necesario, a mi entender, porque es esta visión política la que le permite caracterizarlo, ubicarlo en el contexto nacional y mundial en que se dio y extraer de él experiencias de lucha.
Las limitaciones de tiempo nos impiden abundar en la riqueza de sus escritos, de manera que únicamente señalaremos cuestiones en las que probablemente su análisis del 68 difiere de otros o responde directamente a posiciones gubernamentales muy difundidas.
Por ejemplo, como respondiendo a los múltiples estudios que se harían sobre Díaz Ordaz, nos llama la atención y nos dice: “…no es un presidente, sus características sicológicas o físicas, lo que determina la naturaleza de la dictadura de clase.”3
Lo cual no significa que no tuviera claro quién era el personaje, años atrás, en marzo de 64 argumentaba: “Cuando nadie sospechaba que el Lic. Díaz Ordaz pudiese llegar a ser candidato a la Presidencia (…) Política afirmó que no es el hombre idóneo para dirigir, en el próximo sexenio, el destino de México; que por sus conexiones con las capas reaccionarias, imperialistas, clericales y oscurantistas sería instrumento del antipueblo y ácido corrosivo de las libertades constitucionales…”4 “Que durante su gestión como Secretario de Gobernación, fue el más tenaz violador de las garantías individuales y sociales que la Constitución consagra.”5
Respecto a la educación él habla de una contrarrevolución educativa iniciada en 1940, que de diversas maneras fue destruyendo los principios de gratuidad y laicismo que consagra la Constitución y la correspondencia que los contenidos educativos debieran tener con las necesidades del país. Igualmente determina que la ocupación militar de septiembre de 1956 al Politécnico, se significó como el primer gran golpe que recibiría la educación popular que se impulsó durante el sexenio cardenista.6
“El gobierno –decía en mayo de 63– es ya la burguesía en el poder… La educación se amoldó hace mucho a esta realidad.”7
Y sobre el estudiantado, al analizar las luchas en provincia, señalaba: “Un estudiante que acepte como su única misión válida la de estudiar, cuando el país que lo sustenta y el mundo que lo contiene se debate en miserias profundas y se destroza en guerras alevosas, es ciego del entendimiento y paralítico del corazón. Ser estudiante no quiere decir sólo asistir puntualmente al salón de clases ni ‘machetear’ entusiastamente los libros de texto, sino vincularse estrechamente a los anhelos de redención de su pueblo y convertirse en la vanguardia de sus demandas justicieras.”8
“…los jóvenes auténticos, los estudiantes verdaderos, no pueden tener ‘como timbre de orgullo’ el no realizar huelgas en defensa de sus derechos como estudiantes y como mexicanos, pues la huelga es un instrumento de lucha nobilísimo que los muchos débiles ejercen cuando intenta atropellarlos la fuerza bruta de los pocos.”9
Y resalta: “…justamente la desvinculación de las universidades de su contexto político ocasiona los problemas y el descontento estudiantil.”10
En relación a la represión, que durante la década de los sesenta se ejerció con particular saña contra los estudiantes, en 1967 advertía: “…casi todos los últimos movimientos represivos gubernamentales, en cualquier nivel, han sido enderezados contra la juventud y sobre todo contra los estudiantes. Una tras otra han ido cayendo las autonomías de las universidades del país, y no está excluida la de la Universidad Nacional, con cualquier pretexto.”11
Ya en 1966 establecía puntualmente las causas de los problemas en las universidades: “…la crisis de la UNAM (señalaba) no es sólo un reflejo de la crisis económica, política y social que sufre el país. Es también una manifestación de la crisis general del sistema educativo nacional en todos sus niveles… La aplicación de una política reaccionaria por parte del gobierno, la insuficiencia presupuestal, la carencia de planteles, la deficiente preparación del personal docente, la anarquía de los planes de estudio, el abandono de las universidades de provincia, son sólo algunos de los aspectos más importantes del problema general.”12
Y en ese mismo año advertía: “…el estudiantado es en la actualidad una de las fuerzas más importantes con que tropieza la política derechista que el régimen se empeña en imponerle al país…”13
Y en concreto sobre la política gubernamental hacia las universidades señalaba: “Se trataba de un plan largamente meditado por el gobierno del presidente Díaz Ordaz para tomar la dirección de las universidades y mediatizar el movimiento estudiantil, el único que… escapaba todavía al control oficial… no quedaba en el proceso de contrarrevolución… más que romper el caudaloso canal que comunica a los estudiantes con el pueblo… Añádase la incidencia de acaeceres mundiales –Cuba…, Argelia, Vietnam…– y las contradicciones internas del sistema educativo con la estructura socioeconómica que lo rodea… De esas contradicciones se nutre la crisis… de las universidades, frecuentemente intervenidas por el ejército mexicano…”14
Y para seguir abundando en las diferencias de interpretación, Carrión nos dice: “El movimiento estudiantil mexicano… tuvo características propias como producto de una sociedad peculiar y de un régimen de clase en el poder muy distinto del que combatían por ejemplo los estudiantes franceses y los italianos… (Así, a diferencia de los italianos) Los estudiantes mexicanos… táctica y estratégicamente tuvieron que hacer a un lado la lucha contra sus autoridades académicas, olvidar que la mayor parte de sus profesores los dejaron solos como parte integrante que son del poder político y su aparato de gobierno.”15
Dentro de esta concepción considera un acierto que el movimiento se hubiera sumado a la defensa de la autonomía universitaria que hizo Barros Sierra, y esto, no obstante su posición crítica frente al rector, de quien dice: “…cada vez que pudo trató de conciliar a los estudiantes con las posiciones oficiales…”16
En cuanto al desarrollo del movimiento y la represión, él habla de un primer momento que va del 26 de julio hasta la manifestación silenciosa, de ahí al 18 de septiembre en que se invade la UNAM, y del 18 de septiembre al 2 de octubre, veamos: “…desde el 26 de julio hasta la impresionante manifestación silenciosa que se efectuaría el 13 de septiembre… puede considerarse… como de alza de la cresta de la ola democrática del movimiento… el movimiento… se mantuvo firme en el sostén de peticiones que no salían de la esfera democrática ni excedían el marco de la Constitución.”17
Pero las “…seis peticiones… no obstante su naturaleza democrática y su apariencia reformista pusieron en evidencia el carácter de dictadura despótica de la clase en el poder.”18
“La gran manifestación demostró no sólo la popularidad del movimiento, sino la decisión de la base estudiantil y de sus dirigentes de mantenerse dentro del camino de la legalidad. Pero fue una demostración que apercibió el gobierno: desde ese 13 de septiembre todos los pasos de los enemigos del movimiento son cuidadosamente premeditados y conducen a la violencia. Se empleó esta en gran escala contra las brigadas; se cercó a la Ciudad Universitaria… el ametrallamiento… llegó también… a El Colegio de México, y la violencia al fin alcanzó a la autonomía de la Universidad: la noche del 18 de septiembre 10 mil soldados invaden la Ciudad Universitaria…”19
“Una vez más, como ocurrió en Morelia, se atropellaba la autonomía porque los estudiantes, fuera de la Universidad, se unían con el pueblo y luchaban junto con él.”20
“El día de la marcha silenciosa los estudiantes (decían)… ‘Ha llegado el día en que nuestro silencio será más elocuente que las palabras que ayer callaron las bayonetas’. Se equivocaban. El gobierno, trabado por una Constitución que no puede cumplir a menos que se anule como clase dominante… demostró que la elocuencia del silencio y la legalidad también se pueden acallar con bayonetas.”21
“Desde el 18 de septiembre el escalamiento de la violencia es rápido.”22
Como último punto, creo que es válido hacerse algunas preguntas, la primera consiste en saber si el movimiento del 68 es o no un punto de quiebre. A este respecto, en un artículo de 1978, Carrión responde no, porque ahí habla del movimiento desde la perspectiva de una lucha revolucionaria, de una lucha por el socialismo, en cambio, en la Biografía Política del Movimiento escrita en 1969, en donde lo enfoca desde un punto de vista más limitado en cuanto a sus alcances, puede decir:
“Dejó mucho el movimiento. Mucho se logró y gran parte de ese logro es irreversible…”23
“La… sangre… de decenas de estudiantes, jóvenes, mujeres, niños y adultos muertos en Tlatelolco, produciría por una parte el despertar político de México, y por la otra, por la de la clase en el poder, desembozaría el hasta entonces escondido prenazismo de una etapa iniciada tiempo atrás.”24
Un segundo grupo de preguntas aparecen al inquirir ¿qué cambió con el movimiento del 68? Por ejemplo, ¿cesó la represión? No, con la llegada de la llamada “Apertura Democrática” llegó también la guerra sucia, la respuesta del gobierno a los cientos de estudiantes que después del 68 tomaron las armas, como lo habían hecho y lo seguirían haciendo algunos grupos indígenas y campesinos convencidos de que la lucha por las libertades y derechos que consagra la Constitución no podía ser pacífica, siguió siendo la represión, los asesinatos y las desapariciones forzadas. La represión no se suspendió, cambió, no se hizo tan abierta, se ocultó y en cierta forma se profundizó; poblaciones enteras fueron arrasadas en busca de guerrilleros, toda esa lucha y la violencia que la acompañó se mantuvo oculta en los sótanos de la sociedad, que no supo de ella, de sus alcances, hasta que los familiares de presos y desaparecidos políticos fueron ganando batallas y lograron ventilarla en los medios de comunicación.
Y los militares, ¿volvieron a sus cuarteles? Otra vez tenemos que negarlo y así podríamos continuar, no se superaron las deficiencias del sistema educativo, no se creó una organización de estudiantes democrática y fuerte, etc., etc., y sin embargo, sí hubo cambios, por ejemplo, el ya iniciado desprestigio del sistema electoral que fue el eje de la lucha de los estudiantes de Sonora en 1967, se profundizó enormemente y se detuvo por un tiempo el proceso privatizador de las universidades. Sí hubo cambios, pero no cambios radicales ni inmediatos, eso sólo es posible cuando los movimientos son revolucionarios y el 68 no fue un movimiento revolucionario. Lo que Carrión reclama, no al pueblo que ha sabido luchar, sino a los dirigentes, es aprender de las luchas, no petrificarlas ni convertirlas en un canto a la desmemoria. No ver sólo el movimiento, sino la realidad que reflejaba. Las definiciones equivocadas nos decía: “…lo desubicaron de su contexto pequeño burgués radicalizado pero inestable, y lo hicieron el centro y motor de la militancia revolucionaria del país.”25
Para terminar, sólo quisiera decirles que para mí la obra de Carrión es una denuncia permanente, es la puesta en práctica de una idea de Lenin que él mismo cita y que dice que: “Los hombres… seguirán siendo, en política, víctimas necias del engaño de los demás y del propio, mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de tales o cuales clases.”26
Y eso, descubrir los intereses de clase detrás de cada frase y de cada acción, fue lo que Carrión hizo, en este y otros temas, de una manera excepcionalmente brillante.

 

* Comentario de la autora en la presentación del libro en la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el 19 de febrero de 2009.

1 Ver Proceso, n. 1515, 13 de noviembre de 2005, pp. 68-70, y versión oral de este testimonio de Raquel Tibol, en el homenaje a Jorge Carrión en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM el 7 de noviembre de 2005.
2 Política, Editorial, 1° de mayo de 1960, p. 2.
3 La educación y el movimiento del 68 en México, Antología de Jorge Carrión. UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas; Gobierno del D.F., Delegación Tlalpan, México, septiembre de 2008, p. 139.
4 Política, “La izquierda censura a Díaz Ordaz”, 1° de marzo de 1964, p. 1.
5 Política, “Implicaciones del voto razonado de Lázaro Cárdenas en pro de Díaz Ordaz”, 15 de junio de 1964, p. 2.
6 La educación…, op. cit., ver pp. 40-43.
7 Política, “El clero político contra el artículo 3°”, 15 de mayo de 1963, 3ª de forros.
8 La educación…, op. cit., pp. 106-107.
9 Ibid., p. 109.
10 Ibid., p. 184.
11 Ibid., p. 91.
12 Ibid., p. 77.
13 Ibid., p. 74.
14 Ibid., pp. 47-48.
15 Ibid., p. 187.
16 Ibid., p. 185.
17 Ibid., p. 171.
18 Ibid., p. 172.
19 Ibid., pp. 180-181.
20 Ibid., pp. 185-186.
21 Ibid., p. 181.
22 Ibid., p. 183.
23 Ibid., p. 199.
24 Ibid., p. 189.
25 Ibid., p. 223.
26 Política, 1° de junio de 1962, p. 11.

Regresar | Contacto | © 2007 UOMVLT