El hombre y la naturaleza
La riqueza existente en el globo terráqueo está profundamente vinculada a la vida de las selvas, montañas, planicies, ríos, flora, fauna y presencia microscópica, en suma, a todo el entorno del planeta. Es así que los fenómenos de explotación irracional de esos bienes son parte de las grandes calamidades que diezman la existencia de seres humanos.
Una de esas provocaciones a la naturaleza es el calentamiento global cuyas consecuencias se deben a la depredación de millares de kilómetros de las selvas brasileñas, de los bosques de nuestro país y la destrucción y arrasamiento de las finas maderas africanas. A todo esto habría que agregar la contaminación provocada en los océanos a cuyo seno van a parar la expulsión de los deshechos y contaminantes que produce el hombre cotidianamente.
Las repercusiones de esos atentados irracionales han provocado cientos de catástrofes. Sólo por mencionar algunos habría que recordar el desprendimiento de un inmenso iceberg del tamaño de Nueva York, la destrucción de la preciosa ciudad de Nueva Orleans, la invasión de las aguas marinas en varias ciudades europeas o la amenazante desaparición de Venecia.
Ahora, como si fuera poco, se ha desatado una epidemia viral, que los científicos de la Organización Mundial de la Salud, junto con las eminencias mexicanas, la han clasificado como influenza A/H1N1, una nueva mutación del virus ya conocido.
En nuestro país existen científicos de la más alta calificación para atender esta pandemia. Lo que hace falta es que el Congreso de la Unión presente una iniciativa de Ley de Propiedad Industrial para anticipar la producción de antivirales que combatan la influenza, cuya propiedad se encuentra actualmente en laboratorios de trasnacionales.
La ambición, codicia y afán patológicos de acumular más y más riqueza de los grandes ejecutivos y de sus primitivos apoyadores, localizados en los países gobernados por la incultura y falta del más elemental sentido de proyección humanista, están llevando al mundo al borde de un precipicio del que debemos alejarlo todos, absolutamente todos.