CXV ANIVERSARIO DE SU NATALICIO

Lombardo, una de las figuras más preclaras en la historia del país

 

El colectivo de la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano”, para conmemorar el CXV aniversario del nacimiento del su fundador, conformó una solemne guardia frente al busto del maestro Lombardo el pasado día 15 de julio del año en curso.
Las palabras alusivas corrieron a cargo del compañero Enrique Martínez Pérez, coordinador de Difusión Cultural, mismas que a continuación transcribimos.
Compañero director Luis Monter Valenzuela,
Compañeros y compañeras de la Universidad Obrera de México,
Buenas tardes.

Nuevamente nos encontramos reunidos para rendir homenaje y celebrar el nacimiento de nuestro fundador y una de las figuras más preclaras en la historia política, científica y cultural del país. El doctor Vicente Lombardo Toledano.
Vicente Lombardo Toledano nació el 16 de julio de 1894 en Teziutlán, un pueblo enclavado en la sierra del estado de Puebla, dentro de una familia de ascendencia italiana, española e indígena, y de tendencias liberales, ya que su abuelo paterno fue un italiano garibaldino, que arribó al país durante el periodo en que Juárez se hallaba en el poder. Sus primeras letras las recibió desde muy temprana edad de una tía abuela a través del célebre Silabario de San Miguel, forma tradicional que se utilizaba para introducir a los niños al alfabeto, por lo que para cuando cumplió seis años e ingresó en el Liceo Teziuteco para recibir la enseñanza primaria, la cursó sin ningún esfuerzo.
La familia del maestro Lombardo era acomodada, su abuelo tenía importantes posesiones mineras, y su padre era comisionista, agente de seguros y comerciaba productos de petróleo en la sierra de Puebla y en la costa de Veracruz. Ello le permitió que en interés de que continuara sus estudios llegara a la ciudad de México con ese propósito en el año de 1909. La ciudad se encontraba en plena efervescencia política ya que en sólo algunos meses más estallaría el movimiento que marcaría el rumbo del país y de todos sus habitantes. La Revolución mexicana.
En estos sus primeros días en la capital, todo era nuevo para el joven Lombardo que, dada la situación privilegiada de su familia, era ajeno a la problemática en que vivían la gran mayoría de los mexicanos. El mismo Lombardo diría “Esos años fueron para mí decisivos en mi vida, porque empecé a descubrir cosas que ignoraba.” Más aún, declararía: “No sabía yo nada del gobierno, de la situación del pueblo, de lo que era México en aquella época, porque metido en la sierra y llevando la vida de niño que acabo de pintar, era natural que yo careciera de preocupaciones y de interés por investigar qué cosa era mi país.” Sin embargo, la dimensión del cambio social y político que estaba por ocurrir cambiaría tangencialmente su percepción de la realidad, a tal grado que declara: “Yo soy, por tanto, un hombre que empieza a pensar en su patria justamente el día en que estalla la Revolución”. Este interés logrado por el verdadero descubrimiento de su nación jamás le abandonaría. Es por ello que, después de cursar notablemente la preparatoria y, posteriormente, al incorporarse a la universidad en dos disciplinas, la de Derecho y la de Filosofía, empieza a tener contacto con el movimiento obrero, y siguiendo sus tendencias naturales e ideológicas se adhiere a la causa de los trabajadores. Esta aproximación se da a partir del surgimiento de la Universidad Popular Mexicana por iniciativa del Ateneo de México, de la cual se encargó el maestro Lombardo por algún tiempo, quien nos cuenta: “Entonces los que asistían a esa institución –la Universidad Popular– a escuchar eran obreros, y poco a poco me fui ligando a ellos. Primero transmitiéndoles conocimientos; pero como yo estudiaba la profesión de abogado, me consultaban sus asuntos de carácter económico. Así me incorporé a los sindicatos, paulatinamente, de tal manera que cuando terminé mis estudios de Filosofía y Derecho en 1918, ya estaba yo ligado directamente a las agrupaciones obreras.”
Esta decisión tomada por el maestro Lombardo nos habla de su grandeza de espíritu, ya que eligió el difícil camino de la lucha social, en lugar de los privilegios que seguramente habría obtenido con el ejercicio de la abogacía. Es así que al salir de la Universidad Nacional, forma el primer sindicato de profesores que hubo en el país, la Liga de Profesores del Distrito Federal, en 1920; y al año siguiente ya era delegado en la tercera gran Convención de la Confederación Regional Obrera Mexicana, la CROM, de la cual algunos años más tarde sería dirigente. Estos serían los primeros pasos en un largo camino de actividades a favor de los trabajadores y sus más justas causas, mismas que se realizarían en el ámbito nacional con la conformación de importantes centrales obrera –entre ellas la Confederación de Trabajadores de México en sus mejores años– y organizaciones políticas y educativas –ejemplo ilustre de ello es nuestra propia Universidad Obrera–, y que se continuarían en el ámbito mundial en célebres y significativos esfuerzos internacionalistas como la Confederación de Trabajadores de América Latina y la Federación Sindic.al Mundial.
Todos estos logros estaban sustentados firmemente en la ideología marxista, lo cual les brinda la fuerza que da el estar basados en fundamentos verdaderamente científicos, y le da un doble mérito a los trabajos y esfuerzos emprendidos por el maestro Lombardo, dado que esta corriente de pensamiento era prácticamente desconocida en México durante sus años de formación. No se conocía la obra de Marx y en la Escuela de Altos Estudios sólo se enseñaba la escuela idealista del pensamiento filosófico. Por lo cual la formación del maestro Lombardo fue resultado de un esfuerzo personal.
“Entonces pensé que era necesario que yo continuara estudiando –nos dice el maestro–. Salí de la universidad y me puse a estudiar solo. No había en aquella época ninguna literatura en México sobre Marx, no había nada, uno que otro panfleto; el Manifiesto Comunista, nada más. Un día cayó en mis manos una traducción española de un libro de Engels, que no entendí porque la traducción era muy mala; pero, en fin, empecé a estudiar, hasta que en el año de 1925 fui a los Estados Unidos por primera vez… Era entonces miembro del Ayuntamiento de la ciudad de México y eso me permitió ir a las librerías y abrir una cuenta… Gracias a eso pude recibir los textos de Marx en inglés… Cuando recibí El Capital de Marx, pasé seis meses de estudio, todas las noches, tres horas diarias, con el diccionario en la mano hasta que terminé.” Estas líneas no sólo colocan al maestro como uno de los introductores del socialismo científico en nuestro país, sino que también son una muestra del tesón y la disciplina con las que enfrentó cada una de las facetas de su prolífica vida y que lo convirtieron en una de las figuras más prominentes en la historia del país; son un ejemplo a seguir para todos aquellos que pretendemos continuar con su legado, cada uno en su área de trabajo respectiva, en el esfuerzo de hacer de nuestro país “Un México Mejor”.
Para finalizar quisiera leerles las palabras con las que concluye el maestro Lombardo su obra Summa y que son un mensaje de vida para todo el género humano: “Todos somos transitorios para el devenir del universo y del mundo; pero no la historia, forjada por millones y millones de individuos con su voluntad y sus ideas. En eso estriban la eternidad y la grandeza del hombre.”
Muchas gracias.

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