Avance de la derecha en las elecciones legislativas argentinas

ARIEL OGANDO*

El arte de vencer
se aprende en las derrotas
SIMÓN BOLÍVAR

 

En el año 2003 Néstor Kirchner ganaba las elecciones presidenciales luego de que un Menem venido a menos renunciara a ser arrasado en la segunda vuelta. La crisis de diciembre de 2001, que terminó con el gobierno del radical Fernando de La Rúa, había dejado una Argentina lacerada por la miseria, la pobreza y el desempleo.
Los años noventa del neoliberalismo menemista, más los dos años del gobierno de la Alianza, llevaron al país a la bancarrota, con un aparato productivo parado, la privatización de empresas públicas estratégicas, casi 200 mil millones de deuda externa y una deuda interna con casi el 50% de la población en situación de pobreza. En ese escenario, la llegada de Kirchner a la presidencia era una gran incógnita.

Los primeros pasos
Es de destacar que al llegar al gobierno, ante una crítica desde la sociedad a todo el sistema político sintetizada en la frase “Que se vayan todos”, la administración intentó establecer lazos con la sociedad haciendo lugar a algunos de los históricos reclamos (justicia, salud, deuda externa, etc.). Por el lado de la justicia, jerarquizando la Suprema Corte con juristas de la talla de Zaffaroni o la jueza Argibay, por el lado de los derechos humanos, mediante una política de juicio y castigo a los culpables, de búsqueda de niños apropiados, de recuperación de los lugares del horror (Esma, etc.). En cuanto a la política económica, con la renegociación de la deuda externa con una quita de más de 60 mil millones de dólares. En salud fue importante la “Ley de Medicamentos Genéricos”, que permitió un abaratamiento importante de las medicinas; también la creación del plan 700 escuelas, con establecimientos educativos en todas las provincias.
La idea de una política transversal a los partidos políticos tradicionales orientó la primera etapa de la política estatal kirchnerista, articulando acciones en territorio con organizaciones sociales (barriales, políticas, comunitarias, etc.) de todo el país e implementando acciones y políticas públicas vinculadas a los sectores más necesitados. Estas medidas, apoyadas en una floreciente política económica caracterizada por un dólar alto en relación al peso, y una agresiva política agroexportadora vinculada al complejo sojero transgénico, garantizaban fondos a las arcas estatales.

Cristina Fernández de Kirchner
Luego de años de superávit fiscal, bonanza económica, una política que con elementos positivos se quedó a medio camino en términos redistributivos y de combate de la pobreza, en diciembre de 2007 llegó a la presidencia Cristina Fernández de Kirchner, arrasando con el 48% de los votos y superando en más de 20 puntos a su más inmediato seguidor. Para la misma época comenzaba un lento pero sostenido reagrupamiento de la derecha en Argentina, reagrupamiento que encontró su primera manifestación en el enfrentamiento entre los terratenientes sojeros y la política de “retenciones” a las exportaciones. Esta política se basa en que a aquellos sectores que generan una renta extraordinaria en función de la política cambiaria, se les impone una retención que va del 15% al 35% según los casos, cultivos, características y tamaño del productor, siendo los porcentajes más altos para los pooles de siembra de soja. La medida, acertada en términos de política fiscal, fue tomada por los sectores de la derecha como el caballo de batalla y ariete que logró debilitar al gobierno.
Históricamente poderoso, capaz de impulsar décadas atrás golpes de Estado, en esta ocasión el sector del agro en Argentina permitió que se aglutinaran y adquirieran visibilidad distintas facciones de la derecha local.
Una incorrecta caracterización del problema agrario por parte del gobierno, una subestimación de la fuerza de este bloque, una falta de claridad en poder comunicar las políticas estatales junto a una falta de diálogo con los sectores de los pequeños y medianos productores, más una agresiva política de los medios alimentada desde la derecha, hizo que se victimizara al sector de los empresarios del campo, debilitando las alianzas y apoyos al gobierno.
Durante 2008 y lo que va de 2009, en un escenario internacional que comenzó a complicarse también, producto de la crisis en los países centrales, la presidenta realizó una serie de hechos políticos importantes que enfureció aún más a los sectores concentrados de la economía y los medios. La estatización de los fondos de pensión, negocio multimillonario hasta hace poco en manos de los bancos y el capital financiero, la reestatización de Aerolíneas Argentinas, línea de bandera privatizada en los años noventa, más la propuesta de una “Ley de Medios” que cuestiona el monopolio y “latifundio” mediático actual, democratiza el espectro radioeléctrico y da lugar a los medios comunitarios, cooperativos, etc., hizo que el escenario de las elecciones del pasado 28 de junio encontrara a toda la derecha aglutinada en contra de las políticas estatales. Todo esto, acompañado por el poder de los grandes medios que atacaron de manera sostenida dichas políticas.
El gobierno, lejos de querer apoyarse en los sectores y movimientos sociales aliados durante los primeros cuatro años de gobierno, también lejos de apuntalar una política redistributiva y fortalecer su alianza con los sectores más desprotegidos, se recostó sobre las corruptas estructuras del Partido Justicialista, que lo terminaron traicionado y llevando a la derrota. Esta determinación desempeñó un papel importante en la pérdida de apoyo por parte de sectores urbanos medios, primero, y en cierta porción de las clases populares, después.

La lectura de las elecciones del 28 de junio
El 28 de junio se realizaron elecciones legislativas para renovar la mitad de la cámara de diputados y las composiciones de las cámaras de legisladores de los gobiernos provinciales.
El resultado fue adverso para el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: perdió en los principales distritos del país, los más grandes y populosos, como son las Provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.
En el porcentaje total a nivel país, la “Coalición Cívica” (CC) ganó con un ajustado 31% de los votos, seguido por el gobernante “Frente Para la Victoria” (FPV) con el 30% y tercero, una vertiente del Partido Justicialista que, unido a la ultraderecha, conformó “Unión Pro”, con el 18% de los votos pero ganando en la ciudad de Buenos Aires. El resto de los votos lo obtuvo un conjunto de fuerzas muy heterogéneas, destacándose el resultado de grupos de centroizquierda que, si bien no tuvieron una incidencia nacional, obtuvieron buenos resultados en Ciudad y Provincia de Buenos Aires. Tal es el caso del cineasta Fernando “Pino” Solanas, quien obtuvo en Buenos Aires el segundo lugar con más del 24% de los votos, o el de Martín Sabatella, que obtuvo el 6% en Provincia de Buenos Aires.

¿Cómo deben leerse los resultados?
Decir que el presidente Kirchner (2003-2007) tanto como su esposa Cristina Fernández de Kirchner (2007 con mandato hasta el 2011) son o gobernaron con políticas de izquierda, sería faltar a la verdad. Pero analizar algunas de las medidas llevadas a cabo por éstos (derechos humanos, justicia, reestructuración de la deuda pública, estatización de los fondos previsionales, recuperación de Aerolíneas Argentinas y el Correo Argentino, política internacional de alianza con el progresismo latinoamericano, etc.) y no decir que fueron un avance frente a las administraciones neoliberales de los años noventa, también sería una mentira. Con sus limitaciones, ambos gobiernos fueron un avance, modesto, pero un avance al fin frente a las nefastas políticas neoliberales implementadas por los gobiernos que los precedieron, como los de Carlos Menem y Fernando de La Rúa.
Es interesante el análisis que hace Emir Sader sobre los avances y reagrupamientos que está haciendo la derecha en toda América Latina, avances entre los que pueden computarse el reciente y nefasto golpe de Estado en Honduras y la reciente derrota del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina.
Sader plantea que, desde el año 2002, con el golpe de Estado al gobierno constitucional de Hugo Chávez en Venezuela, los ataques del separatismo santacruceño en Bolivia, los intentos de frenar los cambios en Ecuador o Brasil y, recientemente, con la derrota electoral del gobierno de Cristina Fernández en Argentina, la derecha ha intentado, de distintas maneras, recobrar fuerza y recuperar la apropiación del Estado para tenerlo en sus manos. En sus palabras, “América Latina se debate entre profundizar las trasformaciones progresistas operadas por esos gobiernos o la restauración de la derecha. Donde se debilitan esos gobiernos, no gana ningún sector de izquierda, sino que se fortalece la derecha. Las primeras corrientes que fracasaron en la lucha antineoliberal fueron las provenientes de la llamada ultraizquierda –sea grupos políticos de corte doctrinario u organizaciones sociales que no han roto con la visión corporativa de la ‘autonomía de los movimientos sociales’. El campo político ha quedado polarizado entonces entre esos gobiernos –más moderados o más radicales– y la derecha.”
En síntesis, entendemos estas recientes elecciones argentinas en un marco más amplio, podríamos decir el latinoamericano, en el cual el reagrupamiento de las fuerzas de derecha avanza y pretende retornar al poder.
El futuro de América Latina se decidirá, entonces, entre la necesaria profundización de las transformaciones, en algunos casos apenas iniciadas, y los procesos de restauración conservadora en que serán derrotados el campo popular y las izquierdas en su totalidad.
La lucha sigue, los próximos escalones son las elecciones de diciembre en Bolivia y las presidenciales en Brasil en el año 2010. Dependerá de una correcta lectura no permitir que estos avances parciales de la derecha culminen con un retorno de estas minorías y sus políticas al poder.

 

* Corresponsal de la revista trabajadores en Argentina y coordinador general de Wayruro Comunicación Popular (wayruro.blogspot.com)

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