Lombardo el universitario. Su formación ideológica

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA*

 

“Lombardo, el universitario” fue el título que llevó la mesa redonda organizada por el Seminario “Primer Centenario de Fundación de la Universidad Nacional 1910-2010” y la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, que se realizó en el aula 205 de esa misma institución educativa, el día 4 de junio del presente año.
En el acto participaron Luis Monter Valenzuela, director de la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano”; el Mtro. Manuel López de la Parra, decano de la Facultad de Economía; el Lic. Rosalío Hernández, presidente de la Fundación Valentín Campa; la Dra. Teresa Aguirre, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM; y el Profr. Juan José Dávalos, que fungió como moderador y que en su presentación señaló la vigencia del 1° de Mayo “pues sigue siendo la fuerza de trabajo el motor que mueve la economía”. Asimismo remarcó que “El papel de Lombardo nos recuerda la necesidad de vincular a la educación y en particular a la universidad con los trabajadores”.
Por su parte, Luis Monter recordó la actividad política de Lombardo en diferentes ámbitos de la educación, así funda el primer sindicato de profesores, participa en la creación de la Escuela Nacional Preparatoria, funge como director de la Academia de San Carlos, da impulso a la danza mexicana. Igualmente, hizo notar el compromiso de Lombardo con la educación de los trabajadores y el gran cuidado que tuvo para conformar la biblioteca y el archivo histórico de la Universidad Obrera, institución que fundara en 1936.
El maestro de la Parra analizó la actividad política y académica de Lombardo como destacado intelectual en el llamado Ateneo de la Juventud y formando parte de los denominados “Siete Sabios”. Se refirió a su formación ideológica en cuya ruta se inició con el espiritualismo de su maestro Alfonso Caso, pero se fue separando paulatinamente de esa postura filosófica y se enfiló hacia el marxismo; esto último ocurrió sobre todo en la década de los años treinta, al calor de los grandes cambios sociales en nuestro país.
El Lic. Rosalío Hernández leyó de su biografía novelada acerca de Lombardo Toledano el capítulo intitulado “El encuentro con el sindicalismo”, en donde destacó el papel de Lombardo como fundador de instituciones y sobre todo como impulsor de la educación.
La Dra. Teresa Aguirre destacó el papel del maestro Lombardo como educador, en particular en la elaboración del artículo 3° constitucional, presentando la cuestión de la educación socialista. Señaló que Lombardo había concebido “un proyecto de nación” en el que se llegaba a la conclusión de la necesidad de nacionalizar las empresas coincidiendo con el presidente Lázaro Cárdenas. Remarcó que Lombardo señalaba la exigencia de que el Estado pusiera barreras a las empresas extranjeras y estimulara la economía. También habló de Lombardo como promotor de la sindicalización de las empresas estratégicas, proceso que favorecía la nacionalización de las mismas.
Como se anunció en el número anterior, a continuación publicamos la ponencia presentada por el Mtro. Manuel López de la Parra en esta significativa celebración.

 

H. Presídium,
Señoras y señores,
Universitarios:

Dentro del marco de la próxima conmemoración del primer centenario de la fundación de la Universidad Nacional, aquí, en el recinto académico de la Facultad de Economía, en donde siempre es una constante la libertad de expresión, la universalidad de las ideas, el debate académico y la polémica sobre bases congruentes, en esta ocasión, brevemente vamos a referirnos a algunos hitos fundamentales de la vida intelectual y de luchador social, de ese gran ideólogo mexicano y universitario que fue el maestro Vicente Lombardo Toledano, fundador de instituciones que requerían en su momento la lucha por alcanzar las más precisas reivindicaciones que demandaba el pueblo de México, la clase trabajadora en especial, con el anhelo de hacer efectiva, de hacer factible mejor calidad de vida.
Consideramos que Lombardo representa al ideólogo mexicano más importante del siglo XX en nuestro contexto nacional y latinoamericano, en lo que constituye el pensamiento de izquierda. Autor, en efecto, de una interpretación muy de acuerdo con las condiciones materiales de vida de nuestro pueblo, y así, en función de esa situación llevará a cabo medidas que bajo ciertas condiciones históricas, promueve y organiza el movimiento obrero no sólo en México, sino en toda América Latina, al crear, promover y poner en marcha organismos ad hoc como instrumentos para que la clase obrera logre sus reivindicaciones políticas, económicas y sociales, de acuerdo con ese concepto de la justicia social que no es otra cosa sino que por ciertos medios sea realidad una distribución realmente equitativa de la riqueza.
Lombardo, por así decirlo, por así afirmarlo, no solamente se convierte en el gran intérprete del pensamiento de izquierda, sino que logra, asimismo, mexicanizar el marxismo de acuerdo con esas características tan complejas de nuestra idiosincrasia y de nuestra propia condición social, y al mexicanizarlo, ya comprensible asimismo para las condiciones sociales de los pueblos latinoamericanos, similares al nuestro, logra, subliminalmente, el propósito de Sierra cuando así lo expresa en la parte medular de su histórico discurso que pronuncia en ocasión de la inauguración de la Universidad Nacional, aquel 22 de septiembre de 1910, en el Anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria.
Pero este proceso ideológico se genera en Lombardo como consecuencia de tres corrientes ideológicas fundamentales: el intuicionismo irracionalista de Antonio Caso, que derivó su pensamiento sobre todo de las obras del filósofo francés Henri Bergson; el humanismo de Pedro Henríquez Ureña, y el marxismo de los textos clásicos que se conocían en ese entonces. Caso no tenía propiamente una concepción filosófica unificada sino que tomaba para su inspiración y para su cátedra materiales de varios filósofos, todos ellos espiritualistas o idealistas, y si bien era un fervoroso creyente, no era católico.
El dominicano Henríquez Ureña –cuñado de Lombardo, pues estaba casado con Isabel, una de las hermosas hermanas del maestro–, era propiamente un libre pensador, amante de las letras y las humanidades y de la vida cultural de los pueblos de América Latina y de España, era profundamente solidario con las luchas de los obreros y de los campesinos. Gracias al magisterio de dos grandes pensadores Lombardo pudo desarrollar desde su paso por las aulas de la Escuela Nacional Preparatoria, un enorme interés por el estudio sistemático.
Lombardo (1894-1968) nació en el seno de una familia acomodada de la pequeña burguesía, que se dedicaba a la explotación de los recursos minerales en la sierra de Puebla y a las actividades comerciales, de tal suerte que su infancia transcurrió sin privaciones de ninguna especie por lo que se pudieron sentir las bases de la gran formación intelectual que después lo distinguió. Además de las excelentes condiciones escolares del Liceo Teziuteco, en el seno familiar estaba presente el aprecio por la música, la literatura, la historia, la influencia liberal del abuelo y del padre que nunca impusieron ningún dogma, aunque sí eran partidarios de la doctrina cristiana.
El año 1910 fue un año definitorio para Lombardo, al igual que para muchos jóvenes de esa época. En el momento en que estalló la Revolución, o mejor dicho el levantamiento de los hermanos Serdán en Puebla, llegó a la ciudad de México con el objeto de inscribirse en la Escuela Nacional Preparatoria para cursar la carrera de Derecho, que era la profesión por antonomasia de todos aquellos que querían ejercer sus actividades de manera liberal, abrir un despacho y vivir de sus ingresos o para entrar en los terrenos de la política. Era el preámbulo de una lucha sangrienta y costosa para el pueblo mexicano que iba en pos de un gran cambio social.
Seguramente fue momento en el que se despertaron las inquietudes políticas de muchos jóvenes, entre ellos Lombardo, muchos de los cuales optaron por tomar las armas para participar en esa formidable catarsis que México exigía, otros ingresaron al periodismo combativo y radical, otros más se ubicaron como asesores, consejeros o secretarios de los caudillos y de los jefes militares más importantes, otros organizaron clubes políticos los cuales se convirtieron el partidos.
La vinculación entre intelectuales y obreros industriales rompió con muchos años de indiferencia y desconfianza, actitudes alimentadas sobre todo por los anarquistas que consideraban que los únicos portadores de la Revolución eran los trabajadores directamente relacionados con los instrumentos de producción. El primer avance que siguió fue el de que los llamados intelectuales se reconocieran también como luchadores, y el segundo, que la conciencia de clase tenía que llegar desde fuera de los obreros manuales, admitiendo así el valor inapreciable de la cultura, la economía política, y la filosofía marxista.
Mientras los positivistas hacían descansar la formación ideológica de los jóvenes en las ciencias, los ateneístas dieron preeminencia a las letras, a las humanidades y a las actividades artísticas en general. Ambos enfoques fueron desde luego unilaterales, pues mientras el primero fomentaba el pragmatismo y el utilitarismo, el segundo impulsaba el verbalismo y el romanticismo. De los integrantes del Ateneo, hubo uno, Vicente Lombardo Toledano, que no aceptó esa falsa dicotomía y le dio importancia similar lo mismo a las ciencias que a las humanidades. Este amalgamiento sería la base del tránsito de Lombardo hacia el marxismo. Otros como Narciso Bassols abandonaron los enfoques jurídicos ortodoxos de Duguit, por ejemplo, para avanzar también hacia el marxismo, pero por la vía del estudio de la economía política.
Los ateneístas eran racionalistas, pero desconfiaban del ejercicio de la razón, pues consideraban que la esencia de los fenómenos sólo podía ser conocida por medio de la intuición y ésta era una función del alma, por lo que se refugiaban finalmente en la metafísica. Este escepticismo, así como su falta de capacidad para colocarse en posiciones de vanguardia de la Revolución generó una gran desconfianza en la denominada generación de 1915, Sociedad de Conferencias y Conciertos, conocida generalmente como los “Siete Sabios” (Lombardo Toledano, Gómez Morín, Castro Leal, Alfonso Caso, Jesús Moreno Baca, Alberto Vázquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva), que se plantearon interrogantes fundamentales, tales como: ¿Qué pasa en México?, ¿por qué luchan los obreros de los talleres y en las minas y los campesinos en las haciendas?, ¿qué es la Revolución y cuáles son sus alcances y trascendencias?, ¿por qué el descontento popular se expresa con extrema violencia?, ¿a qué se debe el gran apoyo popular que recibe Madero?; ¿cómo contribuir a la tarea de la reconstrucción nacional y a la formación de las nuevas instituciones públicas? Estos jóvenes estaban viviendo de manera directa y dramática las vicisitudes de un movimiento revolucionario de alcances profundos y determinantes para la renovación de México y sus instituciones.
Los asesinatos de Madero y Pino Suárez, la militarización de la Escuela Nacional Preparatoria, la entrada de los “marines” al puerto de Veracruz; el estallido de la Primera Guerra Mundial y después el triunfo de la Revolución Rusa en octubre de 1917.
En la generación de 1915 destacó Lombardo no sólo por sus significativos méritos como estudiante universitario, por su gran capacidad intelectual, que le permitió incursionar no únicamente en el campo de las humanidades y de la filosofía y también en el conocimiento de las ciencias, sino porque fue el único que se vinculó de una manera estrecha, directa y permanente con los obreros y evolucionó de las posiciones idealistas e irracionalistas predominantes, a las del marxismo. A diferencia de la mayoría de los dirigentes anarquistas y comunistas de la III Internacional, que por razones sociales y familiares, pero también por el rechazo instintivo que tenían a lo que denominaban cultura burguesa y, por lo tanto, no tuvieron acceso a las escuelas superiores de la época, que se formaron en la lucha casi sólo motivados por el instinto de clase explotada, o leyendo tan sólo algunos folletos o materiales de propaganda, Lombardo, como universitario, en la por entonces recién creada Universidad Nacional, fue un hombre que cursó brillantemente los estudios de Derecho y de Filosofía en la Escuela de Altos Estudios, pero que al mismo tiempo rehizo su formación académica para transitar al socialismo.
Esta evolución ideológica es clásica en el terreno revolucionario pues el marxismo es un conjunto de tesis complejas que requieren el estudio sistemático y la contrastación con la realidad. Muchos militantes proletarios nacieron en el seno de familias burguesas (caso de Federico Engels), se educaron en el seno de los valores tradicionales pero paulatinamente los fueron abandonando para pasar a posiciones más avanzadas. En el caso de Lombardo, no sólo fue impoluto conocedor del marxismo, sino que después formó parte del movimiento obrero y político nacional, formulando una concepción particular en torno a la aplicación de esas tesis a la realidad mexicana. Todo proceso de esta naturaleza es accidentado y traumático, pues se trata de romper con las ideas del pasado y sin duda en este contexto debe inscribirse el crucial enfrentamiento con su maestro Antonio Caso, ocurrido en el año 1933 durante el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos. Influyó decisivamente en la formación de muchas generaciones, era el intelectual más respetado de su tiempo, tanto por la profundidad como por la inflexibilidad de sus puntos de vista, por la energía con que defendía sus opiniones, por su honradez personal y su congruencia política, pero sobre todo por su gran valor, por la sabiduría, virtud esta última que está presente en todos los integrantes de la Sociedad de Conferencias y Conciertos.
Una de las tareas más trascendentes de los ateneístas fue la de llevar el conocimiento al pueblo, es decir, estaban conscientes de los estrechos límites en que se movía la universidad, a la cual sólo tenía acceso una minoría privilegiada, y trataron de llevarla hasta los trabajadores. En el año 1912 crearon entonces la Universidad Popular Mexicana, teniendo como rector a Alfonso Pruneda –quien después sería rector de la Universidad Nacional– y como secretario al propio Lombardo. Esta institución no tenía reconocimiento oficial, carecía de presupuesto gubernamental, sus profesores no recibían pago y, sin embargo, desplegaron una intensa labor educativa sobre todo entre los sindicatos, entre los cooperativistas y las sociedades mutualistas. Prefirieron los recintos obreros a las aulas convencionales e impartieron muchas conferencias y cursos sobre temas económicos, sociales y políticos y también de carácter literario y artístico. En estas labores participaron Bassols, Luis Enrique Erro, Ramos Pedrueza, entre otros más, que después fueron militantes distinguidos del movimiento de izquierda. Más tarde, cuando Lombardo fue director de la Escuela Nacional Preparatoria y en el año de 1923 se fundó la Escuela Preparatoria Nocturna, la cual fue concebida para atender las necesidades educativas de los jóvenes trabajadores.
Al referirse a los tiempos de la Universidad Popular Mexicana, Lombardo dijo que “los que asistían a escuchar las conferencias era obreros y poco a poco me fui ligando a ellos. Primero trasmitiéndoles mis conocimientos, pero como yo ya estudiaba la profesión de abogado, me consultaban sus asuntos de carácter laboral. Así me incorporé paulatinamente a los sindicatos, de tal manera que cuando terminé mis estudios de Filosofía y Derecho, en 1918, yo ya estaba ligado directamente a las agrupaciones obreras. Comprendí entonces toda la profundidad del drama social de México”. Lombardo apenas frisaba en los 23 años de edad.
Caso, su maestro, le trasmitió a Lombardo la exaltación por los valores del racionalismo griego, el amor a lo nacional y a lo latinoamericano, el entusiasmo por la actividad filosófica, la inclinación por el arte, la música y la literatura, la rectitud moral en las relaciones cotidianas, el combate a la simulación política, el uso de la lógica, y de la ironía para combatir a los adversarios políticos y la atención permanente a los progresos de la ciencia y de la técnica. Pero a diferencia de Caso, que fue exclusivamente un académico, un teórico, Lombardo fue desde el año 1921 un hombre que combinó el pensamiento con la acción, la teoría marxista con la práctica sindical y política. Su vida transcurrió en las huelgas, los mítines y las grandes concentraciones de masas, en la prensa o en el libro. No sólo le interesaba dilucidar los asuntos inmediatos o los problemas más acuciantes del país, sino también los temas de mayor trascendencia política y filosófica. En cambio Caso fue un hombre que dedicó todas sus energías a la cátedra universitaria y al periodismo y nunca tuvo contacto directo con las organizaciones de trabajadores.
La tesis de Lombardo para obtener su título de abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, El derecho público y las nuevas corrientes científicas, manifiesta la influencia de Rousseau, Kant y de los juristas Jellinek y Duguit y por supuesto de su maestro Caso. En ella examina las doctrinas filosóficas de Fichte, Schelling, Hegel, Comte y Marx desde el punto de vista de la reacción antipositivista imperante en México. Prevalece en Lombardo que la idealidad o la voluntad es la fuerza motriz de los cambios históricos. Esta voluntad se representa como un rechazo, primero a la actitud negativa del positivismo frente al papel que desempeñaba la filosofía en el marco de las relaciones sociales y la regimentación del desarrollo histórico por medio de etapas fijas, la teología, la metafísica, la positiva. La reivindicación de la idea, como fuerza primigenia, de la voluntad como promotora de los cambios de vida del hombre es la contrapartida del positivismo que se opone a la metafísica y que acepta sólo el conocimiento de los hechos producidos por medio de la investigación empírica y la idea del progreso perenne, natural, de la sociedad humana.
Adoptando una posición mecanicista, propia aún de un conocimiento insuficiente del marxismo, pero también reflejo del atraso cultural del país, Lombardo afirma que la interpretación marxista de la historia “hace depender la evolución social, política e intelectual exclusivamente del cambio de relaciones económicas y del modo de producción. Con la técnica del trabajo sobre la naturaleza que constituye la base, cambia la superestructura jurídica y política. La política es un fenómeno consecutivo de la economía y también de aquí parte la vida espiritual, la moral, la religión, y la filosofía”. En realidad ésta era una concepción unilateral del marxismo en donde Lombardo reduce el concepto base económico al de fuerzas productivas e inserta la explicación que había formulado Marx sobre la interdependencia que existe entre todos los órdenes de la sociedad, en donde, en efecto, el denominado factor económico sí es el determinante.
En este texto, Lombardo indica un cierto desacuerdo con una versión del marxismo vulgar o mecanicista, por lo demás de curso corriente entre los pensadores de aquella época y en el seno del movimiento obrero. Pero después Lombardo afirma que las “ideas engendran movimientos sociales y éstos, a su vez, nuevas ideas que tratan de explicarlos y de prever sus consecuencias”. Está claro que para él no existen sólo los factores económicos sino que estos influyen sobre los factores políticos e ideológicos.
Entre el socialismo y el liberalismo, Lombardo asume una posición intermedia. Rechaza por igual el individualismo a ultranza y el socialismo exagerado, tratando de que el hombre asuma una actitud armónica. No admite la posibilidad de que unos ciudadanos se impongan a otros, sobre la base de su poder, concluyendo que “la fe en el poder de la reflexión” es lo que determina la acción de los hombres sobre la vida social, “pero la ley lo es verdaderamente hasta que el pueblo ha asimilado o bien lo ha reconocido como una necesidad sentida o reclamada”.
Para Lombardo, el anarquismo, el socialismo y el individualismo son respuestas en contra del Estado absoluto que le asigna a los hombres “un papel mediocre” en el concierto de la vida humana considerando que el socialismo es un “juicio irreverente” sobre la conducta humana porque, según él, negaba a partir de un cierto determinismo económico la capacidad de los hombres para modificar la realidad circundante. En consecuencia, se alarma indignado por la célebre consigna de Marx: “¡Proletarios del mundo, uníos!”, argumentando que ha producido un “desquiciamiento moral y social en todas las instituciones, partiendo de la base de que el Estado debe ser colaborador del individuo, el guiador de los esfuerzos particulares, para el logro del bienestar social”.
A pesar de sus posturas liberales, como se señalaba, Lombardo piensa que el socialismo representa la respuesta al individualismo económico que ha sido “impotente para resolver la cuestión social” y que al recoger los anhelos de reforma “estaban agitando al mundo obrero”. Estos son de manera muy general los inicios y las bases de la formación ideológica de Lombardo. Sin embargo, el proceso ideológico fue largo y complejo. Habría que someterse a un formidable ejercicio mental que se dificultó debido a la carencia de información completa y actualizada de la literatura marxista.
Mucho sirvió la presencia en México del profesor alemán Alfons Goldschmidt, invitado por Vasconcelos cuando éste hizo un viaje a la Argentina, y lo encontró en la Universidad de Córdoba, por lo que las conferencias que impartió en la Escuela Nacional de Altos Estudios sobre Economía Política marxista fueron importantes para la difusión del aspecto económico e incluso publicó un compendio de las mismas; él trajo, más bien, una corriente explícita del marxismo –el marxismo europeo–, influido por el pensamiento de Eugenio Varga. También publicó varios artículos alusivos en El Machete. A sus pláticas asistieron representantes de la intelectualidad de la época.
El conocimiento de la economía marxista se abrió paso en medio de grandes dificultades, pues predominaban en la Universidad Nacional las obras de autores más bien autodidactas tradicionales o liberales como Carlos Díaz Duffo.
Había marcado desinterés por estudiar esta materia porque no había profesores capacitados para impartirla y se consideraba que más que el enfoque de carácter científico era más bien un arsenal de carácter político vinculado simplemente a las luchas sociales.
Lo que sí está claro es que deformaban el contenido básico de esa teoría al reducirla a un simple economicismo, situación que Marx siempre desmintió.
Lombardo, en sus viajes al extranjero, especialmente a Nueva York, adquiría libros recién publicados acerca del marxismo o bien las obras fundamentales del propio Marx, y dedicó muchas horas a su lectura y compresión.
Todavía por el año 1922 Lombardo no se puede considerar como un marxista consumado, y eso se puede confirmar por el contenido de su Ética, libro de su autoría escrito con la finalidad de dar a conocer a sus jóvenes alumnos aspectos destacados de los grandes hombres que había producido la humanidad para resaltar su conducta desinteresada y heroica. En este texto reitera las críticas que había hecho anteriormente en otros de sus libros acerca del marxismo y concluye que el materialismo histórico es falso, así como el anarquismo. En su Ética es posible advertir que todavía pesa mucho sobre Lombardo la influencia de su maestro Caso, pues se mantiene anclado en expresiones idealistas.
Con los comentarios anteriores, tratamos de explicarnos cómo se formó el pensamiento crítico y dialéctico de Lombardo, de Lombardo el universitario, el ideólogo, el líder, el dirigente obrero, el gran conductor de masas, el orador elocuente y polémico, preocupado siempre por las ingentes causas de su México entrañable.
Pero con sus bases ideológicas bien definidas, bien delineadas promueve la cultura del trabajo de acuerdo con los requerimientos de la clase obrera de la época, organizándola y controlándola a través de grandes centrales, como lo sería en su momento la CTM y, después, la CTAL, pero la conciencia de la clase obrera ha de ser fortalecida e institucionalizada por medio de uno de los más importantes organismos que su afán revolucionario, dinámico y vibrante lo habría de convertir en la Universidad Obrera de México, ahora con su nombre, para recordar hoy y siempre los logros de su heroico fundador.
La obra y el pensamiento de Lombardo se centran en el rescate de México; de lo mexicano, del sentido de la mexicanidad desde la óptica de la izquierda, pero de una izquierda mexicanizada de acuerdo con nuestros usos y costumbres culturales y políticas, que en estos tiempos actuales conviene rescatar.

 

* Profesor titular de la Facultad de Economía de la UNAM y de la Universidad del Valle de México, Campus San Rafael.

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