Actualidad viva de los ideales del cura Hidalgo

VICENTE LOMBARDO TOLEDANO*

 

Al serle conferido el día 8 de mayo de 1943, por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el grado de Doctor “Honoris Causa”, en virtud del acuerdo expreso del Consejo de esa Casa de Estudios, el licenciado Vicente Lombardo Toledano pronunció el brillante y significativo discurso recepcional, cuya versión taquigráfica se publica en seguida:

Señor Gobernador del estado, señor Rector de la universidad, señor Comandante de la zona militar, señoras y señores:
Nos hemos congregado aquí este día para conmemorar el natalicio del Padre de la Patria Mexicana, antiguo rector del Colegio de San Nicolás. Este hecho por sí mismo tendría una gran significación, porque los pueblos que honran a quienes los forjaron, son pueblos que perduran, prevalecen y se agrandan en el curso del tiempo. Pero en esta ocasión, recordar no tiene sólo esta significación patriótica, ni es un hecho romántico nacido en nuestro corazón para invocar durante breves horas lo que fue en su génesis nuestro país. Asociarnos hoy para recordar a Hidalgo, para recordar al viejo Colegio de San Nicolás, es reunirnos con el objeto de probar ante las fuerzas conservadoras de México y ante las fuerzas reaccionarias de carácter internacional, que Miguel Hidalgo y Costilla tiene actualidad, que vive hoy, que su obra es obra de nosotros mismos, que sus ideales son ideales de los hombres que hoy integramos el pueblo mexicano, que los principios suyos son también patrimonio de otros hombres de otros países, que son el motor y la preocupación esencial de los hombres de veintiún naciones del Continente Americano, y que son también ideales que mueven, que interesan de un modo apasionado, hoy mismo, a todos los hombres libres de la Tierra.
La actualidad de Hidalgo, es pues, evidente, pero es preciso probarla, para que flote y aparezca iluminada ante los ignorantes y ante los detractores de nuestro progreso y de nuestra evolución histórica toda la magnificencia, todo el gran valor trascendental de la obra del rector del Colegio de San Nicolás; la obra del Padre de la Patria Mexicana. Y para ello es menester situar a Miguel Hidalgo y Costilla en el escenario en que vivió y dentro del ambiente que él mismo encarnó de un modo excepcional.

La Revolución de Independencia
El escenario y las ideas fueron México y la Guerra de Independencia que el presidente de esta Casa de Estudios encendiera; y este gran movimiento hay que ubicarlo, a su turno, dentro del escenario mayor en que surgió y dentro del campo ideológico al cual perteneció ese alzamiento de las masas populares de nuestro país.
No fue la Guerra de Independencia de México un hecho insólito en América; no fue, tampoco, un acontecimiento desvinculado de las ideas del mundo. En ninguna circunstancia ha habido movimientos de trascendencia para un país, sin vínculos con los hombres y con los intereses de otros países, contiguos o lejanos. La Revolución de Independencia fue, desde el punto de vista ideológico, político, una parte de la gran Revolución Democrático-Burguesa del mundo entero. Esta revolución terminó con una gran etapa histórica e inició una nueva: reemplazo del monopolio medieval por el libre mercado; ruptura de los gremios, del monopolio del trabajo; ruptura de los estancos, del control por parte del Estado de la producción y de la venta. La libertad de comprar y vender, que era la necesidad ingente para los pueblos europeos, produjo de una manera inevitable y lógica la libertad en todos los aspectos de la conducta de los hombres; libertad para transitar libremente de una región a otra, de un país a otro y en el seno mismo de cada país. Libertad de pensar, libertad de expresar el pensamiento; libertad de conciencia, libertad de creer o de no creer.
Los principios filosófico-políticos de la gran revolución burguesa fueron principalmente los siguientes: primacía de la razón como instrumento del conocimiento; no aceptación del dogma ni del principio de la verdad revelada como base del saber y del vivir.
La razón libremente aplicada al terreno social, produjo en el campo de las relaciones entre los hombres el reconocimiento del libre albedrío, como fuente del derecho, y luego toda aquella proeza brillante del Contrato Social; y más tarde, en las leyes, en el derecho positivo, las libertades y garantías individuales que después se llamarían “los Derechos del Hombre”.
La Revolución de Independencia en América y, por tanto, en México, que en el terreno del pensamiento fue una parte de la Revolución Democrático-Burguesa universal, no produjo aquí, sin embargo, el cambio que se operó en Europa. La Revolución de Independencia, continentalmente considerada, tiene características valiosas que es menester recordar con gran precisión. Sólo se cumplió la Revolución de Independencia en América desde el punto de vista continental, internacional. Es decir, gracias a ella hubo libertad de comercio para todos los pueblos, para todos los países americanos; hubo relaciones de hemisferio a hemisferio, del continente a otros continentes; pero en el interior, en el seno de cada país americano, la Revolución no se realizó; la Revolución Democrático-Burguesa no se cumplió, porque quienes la acaudillaron fueron nada menos que los criollos, los hijos de los españoles esclavistas y la Iglesia católica.
Ya desde la época de Carlos III la Iglesia veía que estaba en peligro de ir perdiendo sus bienes, sus propiedades. Por ello se unió al interés terrateniente criollo, con el propósito de separarse de España y mantener el régimen de la Colonia, y, en algunos aspectos nada más, el régimen semifeudal.
En este proceso México fue una excepción. La Revolución de Independencia en nuestro país tuvo un programa mucho más avanzado, inclusive, que la Revolución Democrático-Burguesa de Francia. Sus principios fundamentales fueron de libertad interior, a diferencia de lo acontecido en los demás países de la América; es decir: emancipación de España, emancipación no sólo desde el punto de vista jurídico, sino desde el punto de vista doméstico; rectificación del régimen español en nuestro suelo, libertad interior, derechos del hombre.

Programa de justicia social
La Revolución de Independencia en México proclamó los mismos principios que la Revolución Democrático-Burguesa de Europa; pero fue más avanzada que ella, porque estableció los principios de la justicia social que no se postularon en Europa y que fueron totalmente ignorados en la América Latina; la entrega de la tierra a los campesinos y aun el principio definido de que era menester incorporar en las transacciones mercantiles del país los bienes de “manos muertas”.
Estos principios, que caracterizan a la Revolución de Independencia de México, no sólo colocan a nuestro movimiento popular en el primer sitio en el gran escenario de América, sino que lo colocan también en un sitio de honor en el gran escenario del mundo que rompía el régimen feudal. Y en estos principios se encierran todos los anhelos, todos los ideales que después, andando el tiempo, han de constituir los programas específicos del movimiento de la Reforma, presidido por Benito Juárez, y del gran movimiento popular de 1910, iniciado por Francisco I. Madero. En la Revolución de Independencia, están contenidos ya los ideales históricos de nuestro país, los de hoy mismo en muchos de sus aspectos fundamentales.
En México, en la iniciación de la Revolución de Independencia, los criollos y el alto clero católico se asociaron al poder español, pero el pueblo, a través de once años, se mantuvo en pie de lucha, bajo las banderas insurgentes; en tanto que en los países del Sur los líderes de la insurrección contra España, criollos en su absoluta mayoría, se aliaron muchas veces al poder español para aplastar los brotes de la revolución popular y, una vez liquidados éstos, realizar una independencia formal, que dejó intacta la estructura social de la Colonia.
Pero una vez iniciada la Revolución de Independencia en nuestro país bajo tan buenos augurios, cambió de rumbo porque el equilibrio, la composición de las fuerzas políticas, tanto en la Nueva España como en España misma y en Europa, había variado. Llegó Napoleón a España, coloca al frente de la nación sojuzgada a un pariente suyo; la Revolución de Independencia en México entra en una etapa menos brillante. Recobra su libertad España; la Independencia de México entra en una etapa de indecisión y duda. Vuelve la crisis política en España y en Europa; surge un nuevo momento de auge revolucionario en México. Y cuando la monarquía española, obligada por la presión de dentro y de fuera, se transforma y empieza a vivir ya las nuevas ideas de la Revolución Francesa, de las que hasta entonces no había participado, entonces, hasta entonces, después de largos once años, los criollos terratenientes de México y la Iglesia católica, arrebatan al pueblo la bandera del movimiento y capitanean la consumación de la Independencia. Once años la guerra fue del pueblo nada más, de los indios, de los mestizos, de las grandes muchedumbres y de los mejores hombres.
Pero la correlación de la fuerzas en 1821, tanto en la Nueva España como en España y en Europa, dio la ocasión maravillosa a los ricos de entonces, a los propietarios rurales y a los directores de la Iglesia católica, para hacer de la revolución del pueblo SU revolución, y emancipar a México de España manteniendo en nuestro país sus privilegios tradicionales.

El Plan de Iguala no fue el plan del pueblo
Este es el contenido profundo del Plan de Iguala. Entre el Plan de Iguala y las trascendentales proclamas y declaraciones de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, hay una enorme diferencia que todavía no ha sido considerada. El Plan de Iguala no es el plan del pueblo mexicano, no es el plan de los indios, no es el plan de los mestizos, no es el plan de los esclavos, no es el plan de los oprimidos, no es el plan de las masas. El Plan de Iguala es, esencialmente, el plan de los criollos y de la Iglesia católica. Por eso es el plan que inaugura la Independencia de nuestro país manteniendo los fueros, el fuero religioso y el militar; es decir, los privilegios de las castas dominantes.
Por esa causa también, por no haberse consumado la Independencia de 1821 en su verdadero contenido social, en su aspecto de justicia, en su aspecto de modificación interna de México como un país esclavista y semifeudal, la Revolución continuó en el acto mismo de haber sido consumada desde el punto de vista internacional y jurídico. Y ha continuado hasta hoy.
Sin embargo, hay una gran diferencia entre el estado actual del mundo y su situación hacia fines del siglo XVIII. Y hay una gran diferencia, en consecuencia, muy grande, entre el estadio de nuestra evolución histórica presente y el estadio de fines de la XVIII centuria. Entonces las características del régimen que prevalecía eran las siguientes: desde el punto de vista del sistema económico imperante, monopolio de la tierra; desde el punto de vista del régimen político, monarquía; es decir, una de las formas de la dictadura. En cambio hoy, como sistema económico prevalece el capitalismo, excepto en la sexta parte de la tierra; como forma social existe el régimen del salariado y como sistema político la democracia-burguesa.

La amenaza del feudalismo y el imperialismo
Dos fuerzas enormes, de gran importancia para el mundo entero, tratan de destruir los aspectos positivos del gran progreso adquirido desde fines del siglo XVIII hasta hoy. Estas dos grandes fuerzas son: la que representan los restos del feudalismo, la Iglesia católica, y la que representa la etapa superior del régimen capitalista: el imperialismo. Estas dos fuerzas son, indiscutiblemente, las que llenan el escenario político de México, de América y del mundo en las actuales circunstancias.
Lenin decía textualmente: “Así como a la etapa económica de la libre concurrencia corresponde la forma política de la democracia burguesa, así también a la etapa económica de los monopolios corresponde la reacción política”. Y se fundaba Lenin en la observación del principio de la ley de que, a mayor concentración del capital, corresponde de un modo inevitable mayor concentración del poder político.
La forma de la reacción política en esta etapa de los monopolios es la dictadura del capital financiero; la forma violenta del monopolio predominante en el mundo económico. Esta violencia, esta forma agresiva, la denominamos fascismo.
No fue universal el fascismo, porque el desarrollo capitalista no fue igual en todas partes del mundo y, consiguientemente, no en todos lados la dictadura del capital financiero pudo establecerse. Sólo en algunos países en donde existieron circunstancias propicias para ello surgió esta tiranía, esta forma reaccionaria y violenta del monopolio del capital financiero. Los países fueron, como se sabe: Italia, Alemania y el Japón. Por la falta de una economía cabal, íntegra, y por la amenaza interna o exterior, como en el caso del Japón, de la revolución social.
Si así evolucionaron el capitalismo, y su etapa superior, el imperialismo, en cambio las fuerzas semifeudales, las que representan el feudalismo todavía, evolucionaron de una manera especial que es menester recordar y puntualizar, precisamente en esta fecha y en este sitio.
El capitalismo no liquidó al feudalismo en todo el mundo. Si se recuerda la geografía, es muy fácil advertir que la mayor parte de los pueblos de la tierra vive aún en países sujetos a regímenes semifeudales, semicoloniales, o totalmente dependientes. En una gran región un régimen nuevo, el socialismo ha florecido; pero en el resto del mundo el régimen que prevalece es el viejo régimen de la explotación del hombre, feudal, esclavista, que tratan de revivir hoy.

Las actitudes políticas de la Iglesia católica
La Iglesia católica, como institución internacional, temporal, no sólo espiritual, ha adoptado una serie de actitudes interesantes en los últimos años, frente a los cambios sufridos por el régimen capitalista. Son tres, principalmente, las etapas de esta evolución de la actitud política de la Iglesia católica: la primera de ellas corresponde al periodo de 1878 a 1901. Es la etapa del tránsito de la libre concurrencia al surgimiento del imperialismo. En otras palabras: es el periodo del desarrollo inicial del imperialismo. Durante esta etapa la Iglesia, a través de sus jefes, apoya al capitalismo.
Una encíclica famosa en todo el orbe, la “Rerum Novarum” del Papa León XII, es la que contiene la teoría del mantenimiento del régimen capitalista, porque éste se halla en su periodo de crecimiento, de juventud. La doctrina de la “Rerum Novarum” puede definirse diciendo que es el programa de la armonía entre el capital y el trabajo, la armonía de las clases sociales en contra de la lucha de clases. Y como principio filosófico y moral, la “Rerum Novarum” contiene la doctrina del “Bien Común”, del “Bien Común” que tan interesante resulta en las actuales circunstancias políticas de México.
La segunda etapa es la comprendida entre 1903 y 1912.
Esta es una etapa de transición entre el periodo durante el cual la Iglesia católica apoya al régimen capitalista joven y el periodo siguiente, durante el cual la Iglesia habría de tomar una actitud contraria al régimen capitalista. Es el periodo del auge del imperialismo, que preludia la crisis general del régimen capitalista.
La tercera etapa ocurre desde 1922 hasta 1937, es la de la segunda fase del imperialismo y la crisis general del capitalismo. Entonces es, precisamente, cuando la Iglesia lucha en contra del capitalismo, que ya no va a poder prevalecer, y también en contra del socialismo, porque éste se levanta como fuerza nueva en la historia, con propósitos que no son los de compartir su régimen, ni en las ideas ni en la acción, con la Iglesia católica.
El Papa Pío XI es el autor de una de las más notables Encíclicas de nuestros tiempos, la conocida con el nombre de “La Realeza de Cristo”, contra el socialismo, contra el capitalismo, con el propósito de restablecer el feudalismo. El principio filosófico-moral de esta encíclica, así como el de la “Rerum Novarum”, fue el del “Bien Común”, en esta “Realeza de Cristo” que estoy comentando, es el del “Nuevo Orden Cristiano” que tanta importancia tiene ahora para nuestro país.

El Estado Corporativo Eclesiástico
De esta manera convergen las dos fuerzas históricas tan importantes para el proceso de los pueblos de todo el mundo, y particularmente para los pueblos semicoloniales de la América Latina de tradición católica. Convergen el feudalismo y el imperialismo. Ya en 1931 el fascismo prevalece en Italia y Hitler aspira al poder total; entonces es cuando Pío XI lanza la teoría del Estado Corporativo Eclesiástico, en la famosa “Encíclica Cuadragésimo Anno”.
Esta coincidencia de las corrientes o fuerzas semifeudales o feudales y de las fuerzas imperialistas, es muy interesante y consiste, a mi modo de ver, en cinco puntos principales: coinciden en luchar contra el régimen democrático; contra el soviético; en auspiciar una organización económica corporativa; en la exaltación de la forma dictatorial de gobierno, y en la proclamación de la violencia como instrumento de política internacional.

El “Nuevo Orden Cristiano”
El “Bien Común” y el “Nuevo Orden Cristiano” son las teorías representativas del pensamiento contemporáneo de las fuerzas feudales que tratan de que el mundo entero regrese al pasado. Sólo que para establecer el régimen del “Nuevo Orden Cristiano” preconizan dos tácticas distintas: en donde ya hay Estado Corporativo Fascista, el problema sólo consiste en subordinar este Estado a la Iglesia católica. Y el conducto es el tratado bilateral, el Concordato. Se han firmado trece Concordatos después de la Primera Guerra Mundial.
La táctica respecto de países en donde no está establecido el régimen corporativo fascista, consiste, y es la táctica que nos interesa a nosotros, en la formación de un tercer partido. Los teóricos del “Nuevo Orden Cristiano” dicen, y con razón en cierto sentido, que cualquiera que sea la denominación de los partidos políticos en las naciones de régimen capitalista, no hay, sustancialmente, más que dos: el partido o los partidos que defienden el régimen capitalista y el partido o los partidos de la clase trabajadora que se oponen al régimen capitalista. Y como la Iglesia católica lucha en contra del capitalismo y del socialismo en esta etapa, los teóricos del “Nuevo Orden Cristiano” preconizan el establecimiento de un tercer partido, el partido feudal contemporáneo.
Y estos teóricos, estos políticos laicos de la Iglesia dicen que el tercer partido debe formarse mediante una alianza entre los simpatizadores del Estado Corporativo y los elementos antidemocráticos miembros de la Iglesia en el país de que se trate. Es decir, el tercer partido se tiene que formar en los países capitalistas para servirle al régimen feudal que trata de crearse otra vez, con los fascistas y con los católicos antidemocráticos que vivan en ese país.
El tercer partido ha sido creado en México; es el partido de la regresión feudal. Tiene dos órganos, dos instrumentos: Acción Nacional y la Unión Nacional Sinarquista. Hay diferencias entre estos dos órganos del tercer partido. Deseo señalarlas: una es la que yo calificaría como diferencia de especialidad. Acción Nacional es un órgano del tercer partido integrado por profesionales y gente de la clase media; en tanto que la Unión Nacional Sinarquista es un órgano del tercer partido integrado principalmente por masas campesinas.
La otra diferencia consiste en que el principio filosófico moral del Partido Acción Nacional, es el del “Bien Común” de la Encíclica “Rerum Novarum”, en tanto que el principio filosófico-moral de la Unión Nacional Sinarquista es el del “Nuevo Orden Cristiano”, contenido en la Encíclica “La Realeza de Cristo”.
Estas son las únicas diferencias, pero los dos son instrumentos del tercer partido, el partido feudal que en nuestra Patria, señor Rector, trata de que volvamos, no al pasado inmediato, no al pasado de Porfirio Díaz, sino más atrás, no al pasado de Benito Juárez, sino más atrás; no al pasado de 1824, cuando se plasman en un conjunto de normas las aspiraciones populares que ya habían definido Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, sino más atrás. Pretende el regreso al régimen esclavista de la Colonia española, la vuelta al pasado más remoto.
Por eso hay un peligro grave para nuestro país. Hay mexicanos que no lo quieren ver y hay funcionarios públicos que tampoco lo quieren ver. Pero el peligro es grave, serio. Serio y grave porque el tercer partido no trata sólo de prepararse para asaltar el Poder, sino que su pretensión es la de revisar toda la historia de nuestro país, todos los ideales de nuestra Patria. Y si los ideales de México son los mismos de 1810, los ideales de Hidalgo y de Morelos en su esencia, el tercer partido trata nada menos que de destruir la obra histórica de México en sus aspectos positivos.
Por eso es grave la existencia de este tercer partido, del partido feudal en México, Amenaza la libertad, amenaza los derechos del individuo, amenaza el porvenir, amenaza el triunfo que debe resultar de esta gran guerra en contra de la barbarie internacional.

Actualidad del ejemplo de Hidalgo
Hoy adquieren mucho más valor las ideas del Padre de la Patria, las ideas del antiguo Rector del Colegio de San Nicolás; por eso ya se podrá advertir la importancia, la actualidad de don Miguel Hidalgo y Costilla, la actualidad de su pensamiento y de su ejemplo. Seguimos viviendo bajo el signo de los principios de libertad que armaron su brazo como resultado de haber armado previamente su conciencia de hombre superior.
Hoy vuelven a insultar a Hidalgo como lo insultaron en 1810. Durante largos años, durante mucho tiempo nadie insultó a Hidalgo, parecía muerto; pero hoy que se trata de destruir su obra se le insulta, porque vive. Nunca se insulta a los muertos. Se les insulta en tanto que los muertos viven; sólo se insulta a los que viven, a los que alientan, a los que luchan, a los que crean. Hidalgo empezó a crear hace más de un siglo y sigue creando. Por eso hoy se le vuelve a injuriar.
Si se recogiera el conjunto de libros, de folletos, de discursos llenos de diatribas en contra del viejo Rector del Colegio de San Nicolás, se podría hacer un trabajo muy interesante de educación cívica para nuestros niños y para nuestros jóvenes. Ustedes, muchachos que me oyen, alumnos de las Secundarias, alumnos de la Normal, alumnos de Preparatoria, ustedes que están oyéndome, alumnos de las facultades de esta Universidad Michoacana, vayan a la Biblioteca y lean por curiosidad lo que se dijo del Presidente, del Director, del Rector de su Casa de Estudios. La bibliografía es muy abundante.
Las injurias que hoy lanzan en nuestro país a los líderes del actual pensamiento del pueblo, son frases amables, de estimación, casi de cariño, comparadas con las frases, los epítetos y los conceptos vertidos en contra del Rector del Colegio de San Nicolás en su época.
No quiero ni mencionar siquiera estas injurias, estos dicterios, estas calumnias; sólo deseo decirles que allí está un libro pequeño que se llama “El Anti-Hidalgo”, cartas de un doctor mexicano al bachiller don Miguel Hidalgo y Costilla; con estos calificativos: “ex cura de Dolores”, “ex sacerdote de Cristo”, “ex cristiano”, “ex americano”, “ex hombre” y “Generalísimo Capataz de Salteadores y Asesinos”. Editado en México en 1810, en la imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros.
¡Ex hombre, ex mexicano, ex americano, ex cristiano! ¡Eso fue el Rector de esta Universidad, el caudillo de la Independencia, el propagandista de las ideas liberales de nuestro país, el fundador de la Patria, según los que en aquella época luchaban en contra del progreso y de la obra de los revolucionarios que pretendían destruir las relaciones entre México y España para construir un México nuevo y ayudar a construir una España nueva también!
¡Ah, la actualidad de Hidalgo es evidente! Está aquí presidiéndonos, no de un modo simbólico, sino de un modo real; y no sólo en México, sino en América entera y en el mundo todo, porque la fuerza reaccionaria, la fuerza feudal, pesa sobre muchos otros pueblos, los de la América Latina y algunos de Europa, y porque la fuerza imperialista también amenaza a otros países, a todos los de la América Latina y a varios de Europa y de otros continentes.
Nos preside en verdad a los mexicanos, y a los americanos, y a los hombres todos, y a todos los pueblos que están luchando en contra de la forma más violenta del imperialismo, el fascismo; y que están luchando también, dando para ello su sangre y cuanto tienen, por hacer un mundo más libre, para todos los individuos y todos los países.

Coalición mundial de las fuerzas liberales
La cristalización más cabal del pensamiento del Rector de la Universidad de San Nicolás, sólo que en las condiciones peculiares de nuestro tiempo, la representa la Carta del Atlántico. ¿Qué es el pacto de las naciones que suscribieron ese documento, sino un frente mundial liberal? ¿No representa acaso la Carta del Atlántico la coalición mundial de las fuerzas liberales en contra de los enemigos de la democracia como régimen en cada nación y como régimen internacional? Eso es.
¿Qué otra cosa significa la Carta del Atlántico, sino un frente mundial liberal en contra de los que tratan de establecer, al través de esta contienda, el predominio de una fuerza imperialista en el mundo? Luego los ideales de ayer nos presiden, no porque no hayamos progresado, sino porque Hidalgo creó para el porvenir, como todos los grandes creadores. No podía ser de otra manera; él es el prototipo en América, no sólo en México, del intelectual.

Hidalgo, prototipo del intelectual
Muchas veces la gente mediocre que sale a borbotones de nuestras universidades, cree que el papel del universitario, y el del intelectual, sobre todo, consiste simplemente en adquirir una ilustración para diferenciarse de los iletrados y tener una manera de vivir más cómoda. Claro que esa es una tarea de las universidades y de las escuelas; formar obreros calificados, profesionales de todas las actividades; pero no es este solamente el papel de la universidad, y, sobre todo, no es el destino del intelectual, sólo el de labrar su fortuna acomodándose en la vida. Esa es la función de un profesional, de un trabajador, de un herrero, de un chofer, de un burócrata, de un ingeniero, de un químico; pero la misión del intelectual que quiere merecer este nombre, este calificativo, no es esa: el intelectual es el que aspira a contribuir al aceleramiento del destino histórico en un país, en una región de la tierra, en el mundo entero. Pero para que esto acontezca, para que surja un intelectual, es preciso que se den en el hombre dos condiciones: la capacidad teórica y la capacidad práctica, de realización. Teoría sin práctica es diletantismo, o es cultura para individuos que viven dando la espalda a la vida. Práctica sin teoría es una improvisación sujeta a constantes descalabros. Los grandes intelectuales de la historia han sido teóricos, poseedores de una doctrina, de una cultura, y realizadores de su pensamiento.
Miguel Hidalgo y Costilla es el primer intelectual pleno de México y de América. En él se dan estas dos condiciones excepcionales: teoría, doctrina lúcida, bien adquirida, bien definida, bien promulgada, bien expresada; y realización del pensamiento: la vida entera entregada a una causa suprema que siempre es causa impersonal e histórica.
Él es el primer intelectual de la Patria porque es el primer revolucionario de la Patria. Y porque es el primer revolucionario de verdad en México, es el primer intelectual de verdad en nuestro país.
Esa es la gloria, ese es el galardón de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo: haber tenido el Rector más ilustre de América, haber tenido al intelectual más preclaro de México.
Nace la Patria Mexicana bajo la inspiración de un intelectual preclaro, de un hombre superior, de un mexicano que había sentido en su corazón las miserias del pueblo, de un cristiano que quería acabar con la injusticia y el odio entre los hombres.
¿Ex hombre? ¿Ex cristiano? ¿Ex americano? ¡No! Para nosotros es el símbolo de un mexicano, es el arquetipo de un intelectual, es el símbolo de un cristiano auténtico y, sobre todo, es el único que puede llamarse realmente presidente de los ideales de un continente entero.
 Él fue con otros próceres el forjador de América, y su obra es la que está en peligro, no sólo la nuestra. Su sacrificio, el fruto de su sangre y de su espíritu, es lo que se halla gravemente amenazado.

¡Alerta, mexicanos!
Mexicanos, nicolaítas: este es un momento difícil, grave para nuestro país. Es menester unirnos, todos sin excepción, todos; no importa las ideas políticas personales, no interesa el credo religioso de cada quien. Es preciso asociarnos, el momento es peligroso. Nadie ve el peligro; pero se están preparando los ejércitos, se están preparando los cuadros, los directores, los comandantes de los grupos que chocan en el terreno de las ideas y que acaso chocarán en el terreno de las armas bien pronto en México.
Es preciso unirnos, asociarnos todos, aunque tengamos discrepancias en muchas maneras de entender la vida o de juzgarla, con tal de que convengamos todos en que es indispensable mantener la libertad de nuestro país como norma de la conducta individual y de la conducta pública, y también, en el mundo, como único estímulo para la vida internacional.
Asociarnos todos los liberales de México, los viejos liberales, los nuevos liberales. Hay liberales católicos, hay liberales cristianos, hay liberales ateos, hay liberales cultos e incultos, hay liberales civiles y liberales militares, hay liberales hombres y liberales mujeres, liberales jóvenes y liberales viejos, todos, todos sin excepción, a asociarnos, a unirnos para defender no tradiciones muertas, sino vida permanente en nuestra historia, aliento secular de nuestro pueblo, la libertad individual, la libertad colectiva, la libertad mundial, la libertad del hombre.
A asociarnos para este fin, llamando a todos a la concordia. Que queden sólo al margen quienes sean enemigos de la libertad, quienes sean enemigos del progreso, quienes sean partidarios de la vuelta del pasado, quienes levanten o empuñen banderas de un nuevo feudalismo para el mundo.
Un solo frente liberal nacional, un solo frente liberal continental, un solo frente liberal mundial. De este modo salvaremos a nuestra Patria y a las otras patrias de América, y salvaremos a las patrias todas del mundo.
Somos más fuertes, más vigorosos que nuestros enemigos, tenemos la razón histórica, la experiencia de un siglo entero de luchas, y, sobre todo, tenemos las grandes masas de los pueblos que no piensan en volver al pasado sino en provocar el advenimiento rápido del mejor destino.
Con estas fuerzas podemos nosotros contribuir, como hombres de nuestro país y de nuestro tiempo, a la obra del Padre de la Patria Mexicana, de este gran nicolaíta.

Tradición nicolaíta de la Patria Mexicana
Señor Rector, señores profesores, señores estudiantes: gracias por haberme honrado con este grado académico que yo no merezco. Lo acepté, no porque crea que se trata de un gesto de carácter diplomático o de una actitud simplemente escolar; acepté el honor porque sé muy bien que se trata de una identificación entre todos los hombres que pensamos de la misma manera.
Gracias por este honor tan grande que será el único patrimonio que yo deje a mis hijos; pero en realidad yo era nicolaíta antes de haber venido aquí y antes de que ustedes me hubieran aceptado en su seno. Porque ustedes son muy egoístas y muy vanidosos –permítanme que lo diga en términos de amistad, absoluta y perfecta–; ustedes creen ser los únicos nicolaítas en México, y no es verdad. La Nación Mexicana es nicolaíta, la formó el Rector de esta universidad.
Yo era un nicolaíta antes de venir aquí y ahora lo soy con mayor razón. Y por eso mis últimas palabras serán, señor Rector, señor Gobernador, señor Comandante militar, compañeros estudiantes, amigos: mis últimas palabras son las de ustedes, yo las hago mías: “JAMÁS CAMBIARÁ DE RUTA LA TRADICIÓN NICOLAÍTA. JAMÁS”.
¡JAMÁS CAMBIARÁ DE RUTA LA TRADICIÓN NICOLAÍTA POR UNA RAZÓN: PORQUE JAMÁS CAMBIARÁ DE RUTA LA PATRIA MEXICANA!

 

* Político mexicano (1894-1968), fundador de la Universidad Obrera de México.

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