Alfonsina Storni (1892-1938)

DE LA REDACCIÓN**

 

Hija de Alfonso Storni y de Paulina Martignoni, el 29 de mayo de 1882, en un pequeño pueblo de la Suiza italiana llamado Sala Caprisca, nace la actriz, maestra, dramaturga y poeta Alfonsina Storni, que llega junto con su familia a la ciudad argentina de San Juan en 1886, para trasladarse en busca de oportunidades a Rosario, en la provincia de Santa Fe, en el año de 1900.
Debido a la inestabilidad tanto laboral como emocional del padre, la pequeña Alfonsina tiene que trabajar desde muy temprana edad para ayudar a solventar los gastos de la familia. Su madre y ella entran a trabajar de costureras a la muerte de su padre en 1906. A los trece años Alfonsina llega al mundo del teatro en la compañía de Manuel Cordero y recorre las provincias argentinas.
Cuando vuelve a Rosario estudia la carrera de maestra rural, gana un lugar sobresaliente, consigue trabajo como maestra y empieza a participar en revistas literarias como Mundo Rosarino, Monos y Monadas y principalmente en Mundo Argentino, revista en la que publicaban figuras de las letras hispánicas modernistas como Amado Nervo.
En 1911 se traslada a Buenos Aires y al año siguiente dará a luz a su hijo Alejandro, producto de de un amor ilícito con un hombre casado. Su condición de madre soltera hace que se enfrente a un mundo lleno de prejuicios morales y le da a su obra la perspectiva de la defensa de lo femenino en una sociedad dominada por los hombres. Sus artículos en la revista La Nota y el periódico La Nación toman un carácter combativo, que busca cambiar los estereotipos a los que se ven sometidas las mujeres de su época. Esta inquietud por la defensa de su género ya no la abandonará en el resto de su vida y obra.
En la capital se verá inmersa en el mundo cultural argentino y establecerá relaciones con escritores de su época; también hará frecuentes viajes a Montevideo donde conocerá a José Enrique Rodó, José Ingenieros, Manuel Ugarte, la poeta Juana Ibarbourou y Horacio Quiroga, con quien establecerá una estrecha relación.
La década de los años veinte serán de gran actividad para Alfonsina: publica poesía en diversos medios, dicta conferencias, se desempeña como profesora en escuelas públicas y a mediados de la década en el Conservatorio de Música y Declamación. Todo este ajetreo le produce una crisis tanto física como psicológica (era propensa a las depresiones y a los ataques nerviosos), lo cual hace que busque reposo en Mar del Plata y Córdoba, estancias que repetirá año con año. Sin embargo, se las arregla para seguir su carrera y entabla conocimiento con Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca y Gabriela Mistral.
Sus primeros poemarios como La inquietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente y Languidez (por el que recibe el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura), conservan el estilo romántico tardío y modernista de sus influencias rubendarianas y amadonervistas; son obras que se ajustan a la temática amorosa preciosista. Sin embargo, su obra cobra un giro con la publicación de Ocre en 1925, que se trata de un conjunto de poemas en que nos encontramos una mirada más introspectiva, que ahonda en lo cotidiano para proponer temas transgresores, como el deseo femenino, la igualdad sexual y la posición aislada de la mujer, además de una constante obsesión por la muerte.
Durante los años treinta realiza viajes a Europa donde entra en contacto con la Generación del 27 y el vanguardismo, ahí encuentra una voz más acorde con el matiz que su vida había cobrado. Producto de esta época es Mundo de siete pozos, que le da el reconocimiento universal de la crítica.
En 1935 Alfonsina es operada de cáncer de seno. La mastectomía a la que es sometida le produce un profundo impacto emocional que hace que sus dolencias mentales se recrudezcan. Se recluye en sí misma y evita a sus amistades. Además, en 1937 se suicida Horacio Quiroga y en 1938 la hija de éste, por quien sentía un especial cariño. Hacia la mitad de ese año publica Mascarilla y trébol, obra que se ve sumida en los pensamientos lóbregos que abordan a la poeta, los dolores físicos, la melancolía y la certeza de la muerte.
En octubre de 1938 se marcha a Mar del Plata, desde allí envía cartas a su hijo, a su apoderado y un poema de despedida al diario La Nación. En la madrugada del martes 25, Alfonsina sale de su habitación y se dirige al mar. Por la mañana, un par de obreros descubren su cadáver en la playa.

 

BIEN PUDIERA SER

Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…

A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo esto mordiente, vencido, mutilado,
todo esto que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

ALFONSINA STORNI

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