185 Aniversario del Decreto de Creación del Distrito Federal

 

El 18 de noviembre de 2009, el Gobierno de la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Cultura, conmemoró con un acto solemne en el Museo de la Luz el 185 aniversario del decreto de creación del Distrito Federal, con la asistencia de la Dra. Leticia Bonifaz Alfonzo, Consejera Jurídica y de Servicios Legales, y el Lic. Marcelo Ebrard Casaubon, Jefe de Gobierno del Distrito Federal. El presídium de la ceremonia también estuvo conformado por la Dip. Edith Ruiz Mendicuti, presidenta de la Comisión de Cultura; la Lic. María Elena Arellano Castillo, representante del Honorable Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal; Sen. René Arce Islas, representante de la Honorable Cámara de Senadores; los diputados Roberto Rebollo Vivero, Agustín Guerrero Castillo y Balfre Vargas Cortés, en representación de la Honorable Cámara de Diputados; el Dr. René Drucker Colín, Director General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM; la Lic. Guadalupe Lozada León, Coordinadora de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura; el Lic. Agustín Torres Pérez, Jefe Delegacional en Cuauhtémoc; el Dr. Fernando Serrano Migallón, Secretario Cultural y Artístico de CONACULTA; la Arq. Lourdes Guevara Saldaña, Coordinadora de Museos de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM; Alejandro Fernández Ramírez, Director General de Desarrollo Social en Cuauhtémoc; la Biól. Pilar Contreras Irigoyen, Subdirectora del Museo de la Luz; María Leticia Díaz Gómez, Directora Territorial en el Centro Histórico de la Delegación Cuauhtémoc, y María Dolores Ordóñez González, asesora cultural y representante de la Secretaría de Obras y Servicios del Gobierno del Distrito Federal.
La celebración contó con la participación musical del Coro de la Ciudad de México, conducido por el maestro Fernando Mejía Gómez, y de la banda de la Secretaría de Cultura, bajo la dirección del maestro Hermenegildo Espinosa Aveleyra, además de servir también como inauguración para la exposición “Distrito Federal: Una larga lucha por su soberanía”, a realizarse en el mismo recinto del Museo de la Luz.

 

A tan sólo tres años de la consumación de la Independencia, cuando la diplomacia mexicana luchaba por obtener el reconocimiento internacional para la nueva nación y mientras las últimas fuerzas españolas seguían parapetadas en el fuerte de San Juan de Ulúa, el Primer Congreso Constituyente de México se reunió en el antiguo colegio jesuita de San Pedro y San Pablo (hoy Museo de la Luz) obligado a construir una nación a partir de sus propias ruinas. El experimento con el sistema imperial, comandado por Agustín de Iturbide, había fracasado en 1823, dejando además en la bancarrota la economía nacional, de modo que la única opción visible para el país era el sistema republicano. La duda consistía en decidir si esa república debía ser federal (como la de los Estados Unidos de Norteamérica), formada por estados libres asociados, o bien, una república centralista, con provincias subordinadas a un gobierno central fuerte y unificado.
El 4 de octubre de 1824 finalmente fue promulgada la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos. Como su nombre lo indica, el texto constitucional garantizó la instauración de una república federal en México. Ello implicaba que el territorio quedaría dividido en estados, cada uno de los cuales contaría con un gobierno local propio, tanto ejecutivo como legislativo y judicial, pero también significaba el nacimiento de una nueva instancia de gobierno: el poder federal, que regiría al conjunto de los estados. Esta estancia necesitaría, desde luego, un lugar donde establecerse, de modo que la fracción 28 del artículo 50 de la Constitución facultó al Congreso General para elegir un sitio sobre el que tendría control absoluto, sin la injerencia de ningún gobierno local, y en el cual ejercería las funciones del congreso de un estado.
En aquel octubre-noviembre de 1824 corrían tiempos difíciles, así que la decisión era previsible. La independencia era más frágil que nunca, asediada por enemigos internos y externos, de modo que el recién electo presidente Guadalupe Victoria necesitaba por razones estratégicas el control político y económico de la Ciudad de México, sede de los poderes regionales desde tiempos del imperio mexica y durante los tres siglos de la dominación española. En este escenario, el 18 de noviembre de 1824 el Congreso decretó la creación del Distrito Federal: un círculo de dos leguas de radio a partir de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, donde los poderes federales tendrían su sede y una completa libertad de acción.
Este fallo honraba a la Ciudad de México y a los pueblos vecinos que se encontraban en el círculo demarcado, convertidos en la capital de toda la República; sin embargo, había también un serio problema que ya desde meses atrás habían detectado algunos diputados, los miembros del Congreso del Estado de México y el Ayuntamiento de la Ciudad: el nuevo modelo republicano establecía un sistema de elecciones indirectas, en el que no participaba individualmente cada ciudadano, sino que los votos eran emitidos por los congresos locales; los habitantes del Distrito Federal, sin embargo, no contaban con uno, pues era el Congreso General quien cubría tales funciones. Por lo tanto, los capitalinos quedarían marginados de las elecciones para presidente de la república y para miembros del senado. El nuevo distrito no era un estado libre como los demás, sino un territorio dependiente del gobierno de la federación, y los derechos políticos de sus ciudadanos estaban limitados por esta circunstancia.
La oposición del Congreso mexiquense y del Ayuntamiento de la Ciudad de México no fue suficiente para echar atrás la medida. Con el paso de los años, varias voces tomaron la estafeta de esta polémica y se levantaron para exigir la restitución de los derechos políticos a los capitalinos. La Constitución de 1857 preveía la creación del “Estado del Valle de México” en caso de que los poderes generales decidieran trasladarse a otra sede. En 1917, durante el Congreso Constituyente posrevolucionario, el diputado Heriberto Jara demandó que el principio de municipio libre fuera extensivo a la Ciudad de México: “Yo no considero que sea justa la determinación de segregar a la ciudad de México, precisamente a la ciudad más populosa de nuestra República, la que debe tener un cuerpo que se dedique esencialmente a su atención y cuidado; repito, no estimo justo ni razonable que en ella se observen otros sistemas que con el resto de la República; y que a esa ciudad se le prive de tener un Ayuntamiento propio, que vele por sus intereses”. Finalmente, se determinó que el Distrito Federal estaría integrado por ayuntamientos de elección popular, aunque seguiría teniendo un gobernador designado por el Presidente de la República, pero en 1928 se suprimió el régimen municipal en el Distrito Federal, conformado a partir de entonces por delegaciones. Un año después se creó el Departamento del Distrito Federal, que otorgó al presidente la facultad de designar a su titular y a los delegados.
A partir de 1987, y gracias a una amplia participación ciudadana, se lograron reformas políticas para que los habitantes del Distrito Federal pudieran elegir a legisladores locales (con atribuciones restringidas) y, a partir de 1997, a un jefe de Gobierno. En el 2000 por primera vez los delegados políticos se eligieron en las urnas. Sin embargo, 185 años después de su creación, el Distrito Federal sigue aguardando el reconocimiento pleno de su soberanía, y sus habitantes, protagonistas de tantos grandes capítulos de la historia nacional y de la lucha por la democracia en el país, aún no gozan de derechos ciudadanos que de suyo les pertenecen como mexicanos.

 

Bibliografía:
Cosío Villegas, Daniel, Historia General de México, El Colegio de México, México, 1981.
Archivo Histórico del Distrito Federal “Carlos de Sigüenza y Góngora”, Fondo Ayuntamiento-Gobierno del Distrito Federal, Sección Historia en General, v. 2256, exp. 150Bis

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