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La ideología patriarcal de la alta nobleza mexica, siglo XVI
DAVID ZÁRATE BLAS*
Introducción
En el presente trabajo pongo de relieve componentes básicos de la ideología patriarcal que prevalecía en la alta nobleza mexica. Ello con base en los registros etnológicos que recopilaron y heredaron el franciscano fray Bernardino de Sahagún y su equipo de alumnos y que están expuestos en la voluminosa obra Historia general de las cosas de la Nueva España. Los componentes de dicha ideología los delimité mediante la consulta de los capítulos XVII, XVIII, XIX, XX, XXI y XXIII correspondientes al tomo 2 de la obra mencionada.
Para destacar y enseguida analizar los componentes de la ideología patriarcal, opté por ceñirme al sencillo procedimiento de referir textualmente el párrafo en el que subyace o está implicado un componente, y enseguida procedo a especificarlo y analizarlo; y para más señas, añado que los agrupo en términos de hijos de Tlatoani e hijas de este mismo dignatario. Los contenidos de ambos agrupamientos conforman, a la vez, la ideología patriarcal que dominaba en las familias de la alta nobleza y en los demás grupos sociales (pochtecas, calpuleques, mayeques y macehuales).
En los seis capítulos revisados, los componentes están expresados en forma de consejos que el dignatario y la esposa dicen a sus hijos e hijas a partir de que éstos cumplen veinte años, o bien cuando cualquiera de ellos manifiesta su intención de casamiento. Cada consejo está dicho como “verdad irrevocable”, que data de tiempo remoto y que por eso está validado por la experiencia. Se trata de “verdades” que habían cristalizado ya como conocimiento ordinario en la sociedad mexica de un poco antes de la conquista militar española (1519-1521). La expresión de cada consejo conlleva premios y castigos, reconocimiento y condena, lo que es bueno y lo que es malo, lo que es objeto de encomio y reconocimiento, y lo que es objeto de represión y marginación, es decir, justo como cualesquiera otras ideologías, la patriarcal es un pensamiento ordinario de suyo maniqueo e intolerante. Dicho sea de paso, en mi trabajo no abordo la rica discusión teórica acerca de la categoría de ideología; sólo apunto que esta categoría la entiendo como un conjunto de hechos empíricos de manifestación cotidiana e incluso de vigencia transhistórica, en el sentido de que perviven más allá de cada época o formación social histórica, y carecen, no obstante su naturaleza de larga duración, del estatuto de objetividad. La creencia en la virginidad constituye un hecho social empírico, sí, mas la virginidad no es una verdad sino una creencia.
En la ideología patriarcal mexica –que nos heredó el mencionado franciscano en su enorme obra colectiva– la mujer se nos aparece como una persona a quien se le induce a adquirir valor de uso y a transformarse, socialmente, en eso, no para sí misma sino para su futuro patriarca; y su transformación en valor de uso es también su identidad impuesta y subalterna. En este sentido, la reproducción y continuidad de dicha ideología se opera mediante los mecanismos sociales denominados usos y costumbres, por un lado, y por la asunción inconsciente de esa ideología por los sujetos, los que luego se encargan de reproducirla, particularmente a partir de que contraen matrimonio, por otro. Todo el material que se analiza a continuación, se encuentra en los capítulos mencionados de la obra arriba referida, sólo se indicará la paginación correspondiente.
Acerca de cómo ser hombre según los consejos del Tlatoani a sus hijos varones que han llegado a los años de discreción
Son dos los primeros consejos más importantes, a mi juicio, que el dignatario enfatiza ante sus hijos varones:
…no sé si alguno de vosotros ha de salir hábil, y ha de merecer la dignidad y señorío que yo tengo, o por ventura ninguno de vosotros lo será, por ventura en mí se ha de acabar este oficio, o esta dignidad que tengo (p. 121).
¿Qué ha de ser de vosotros en este mundo? Mirad que descendéis de parientes generosos y señores; mirad que no descendéis de hortelanos o de leñadores (p. 123).
En el primer consejo el padre alude a una incertidumbre y a una necesidad política estructural. La incertidumbre consiste en el no saber de antemano si al menos uno de sus hijos varones habrá de reunir en sí las cualidades suficientes para heredar el señorío (poder); y la necesidad es la de procurar la continuidad política de la familia como integrante de la nobleza gobernante, e incluso como sucesor del Tlatoani.
El segundo consejo es claro: consiste en que los hijos varones cobren conciencia de su pertenencia a la clase gobernante, y que se comporten como tales.
Ambos consejos guardan relación directa con los hechos sociales siguientes que caracterizaron a la alta nobleza mexica: la posesión del poder político del Estado despótico-tributario azteca, el usufructo de los tributos impuestos a los integrantes de los calpullis y a otras etnias militarmente conquistadas y dominadas, y la familia poligámica. De estos tres hechos, los dos primeros son fundamentos de la familia e ideología patriarcales, en particular de la modalidad y expresión más desarrollada de la ideología patriarcal: la familia poligámica. Ambos consejos obedecen al objetivo de garantizar la continuidad de los tres hechos con la colaboración inducida de los hijos varones, quienes, a su vez, ya recibieron con antelación formación de dignatarios en el Calmecac. En consecuencia, la conservación del poder político es un componente de la ideología patriarcal en el seno de las familias de la alta nobleza gobernante.
En el siguiente párrafo subyacen otros dos componentes de la ideología patriarcal. Para lograr los favores de los dioses, es indispensable que los hijos varones aderecen:
…los lugares donde dios es servido con sacrificios y ofrendas; aquellos que tienen cuidado luego de la mañana de ofrecer incienso a dios; los que hacen esto se entran en la presencia de dios, y se hacen sus amigos y reciben de él mercedes, y les abre sus entrañas para darlos riquezas y dignidades y prosperidades, como es que sean varones esforzados para la guerra (pp. 121-122).
Los dos componentes adicionales son: creencia en la religión politeísta y función de encubrimiento de ésta de la realidad empírica inmediata de clase social: el poder de imponer, concentrar y disfrutar los tributos. El futuro sucesor ha de mantener la vigencia de dicha religión y continuar usándola como justificación de la concentración y disfrute de los tributos.
En cuanto a los oficios que han de desempeñar los hijos varones, dice así el consejo siguiente del Tlatoani:
…a la milicia, para derramar sangre en la guerra, o de la judicatura, donde se dan las sentencias (p. 122).
…y procurad de saber algún oficio honroso, como es el de hacer obras de pluma y otros oficios mecánicos, también porque estas cosas son para ganar de comer en tiempos de necesidad, mayormente que tengáis cuidado de las cosas de la agricultura porque estas cosas la tierra las cría, no demandan que les den de comer o beber, que la tierra tiene este cuidado de criarlas… (p. 123) Mirad hijos que tengáis cuidado de sembrar los maizales y de plantar magueyes y tunas (p. 124).
De los oficios mencionados en tales párrafos, sólo los de milicia y cultivo de la tierra son ejercicio exclusivo por los hijos de varones; el sacerdocio y los oficios artesanales también eran desempeñados por las mujeres. La identidad del hombre también se crea y define por los dos oficios que ejerce con exclusividad.
¿En qué consistía un tiempo de necesidad para una familia gobernante? Pues consistía en cuando una de ellas perdía el poder. En tal circunstancia, el dominio de uno, dos o más oficios resultaba una manera honrosa de ganar de comer. En este sentido, hay sensatez en las palabras siguientes: “Ocupaos en cosas provechosas todos los días y todas las noches, no os defraudéis del tiempo ni lo perdáis” (p. 125).
¿Qué deduzco de lo recién expuesto? Al parecer, en la ideología patriarcal de la alta nobleza aún no cristalizaba una forma de expresión de la discriminación hacia el trabajo manual, la que cobra pleno desarrollo tanto en las sociedades feudales como en las actuales sociedades capitalistas. Tal no discriminación hacia el trabajo manual guarda relación directa con el carácter exclusivamente agrario de la sociedad mexica y su escaso o nulo desarrollo tecnológico. También se deduce la idea de que la agricultura es la fuente natural de la riqueza (noción fisiocrática de valor).
La conservación de la salud y de la fortaleza física es otro consejo y objetivo a la vez que transmite el Tlatoani a sus hijos varones; y la realización de ese objetivo se comprende en el contexto de heredar la dinastía familiar:
Los mantenimientos del cuerpo tienen en peso a cuantos viven, y dan vida a todo el mundo (…) Los mantenimientos corporales son la esperanza de todos los que viven para vivir (p. 124).
Recordemos que ese objetivo también es parte de la formación sacerdotal que reciben los hijos de la alta nobleza en el Calmecac desde los seis a los veinte años de edad. Por lo tanto, la conservación de la salud y de la fortaleza física es otro valor de la ideología patriarcal mexica. Aclaro que dicho valor no tiene sentido de culto narcisista del cuerpo, sino el de ser un requisito, entre otros, para suceder al patriarca gobernante.
Por cuanto al instinto sexual se refiere, en los siguientes consejos del Tlatoani encuentro otros dos valores de la ideología patriarcal:
…mira que te apartes de los deleites carnales y en ninguna manera los desees; guárdate de todas las cosas sucias que ensucian a los hombres, no solamente en las ánimas, pero también en los cuerpos, causando enfermedades y muertes corporales (p. 144).
Lo que está implicando en ese párrafo es la castidad como valor y norma de conducta, hasta que el joven no se casa.
Efectivamente, el consejo siguiente refiere el matrimonio y la familia como condición y espacio, respectivamente, para la satisfacción de la libido:
Nota, hijo mío, lo que te digo, mira que el mundo ya tiene este estilo de engendrar y multiplicar, y para esta generación y multiplicación ordenó dios que una mujer usase de un varón, y un varón de una mujer (p. 144).
El matrimonio y la familia constituyen otro valor de la ideología patriarcal en un sentido preciso: como acuerdos permanentes y definitivos, sólo susceptibles de ser disueltos por adulterio en que incurriese la mujer, como expongo más adelante. Si bien los registros de Sahagún apuntan hacia el tipo de familia patriarcal monogámica, lo cierto fue que los nobles mexicas practicaron la poligamia, mas esta práctica del varón no era causa de disolución del matrimonio.
¿Qué pone de manifiesto la práctica de la poligamia por los nobles mexicas?
Dicha práctica pone de manifiesto el hecho de que ella es la modalidad extrema de relación de dominación del patriarca sobre cierto número de mujeres. La base económica de esta forma de familia es la imposición y obtención de tributos. Añado que cada patriarca noble disponía de su primera esposa en su casa, junto con las llamadas concubinas. ¿Se deduce de esto último que todas las mujeres –esposa y concubinas– del patriarca noble compartían la ideología patriarcal? Al parecer, sí.
¿Cuáles son, por otra parte, los valores subyacentes en la relación poligámica existente entre el patriarca y la esposa y las concubinas? Es una relación de intercambio de valores de uso en especie, en la que el patriarca cubre los gastos domésticos, y cada mujer aporta su valor de uso propio, o sea su cuerpo. El mediador de ese intercambio (trueque) es el tributo disponible por el patriarca. Es el poder de recepción de tributos el que permite el trueque, por un lado, y la conversión en valor de uso de la mujer, sea ésta esposa o concubina. Estamos, pues, ante otro componente de la ideología patriarcal: la conversión de la mujer en valor de uso asequible mediante la disponibilidad de tributos. Un segundo componente es la asunción y conversión de las mujeres del patriarca en mercancías con valor de uso y valor de cambio. (Vale puntualizar aquí una aclaración: la mercancía es, en tanto que fenómeno histórico, muy anterior al régimen de producción capitalista.)
Es la modalidad extrema de familia patriarcal –la poligámica– la que precisamente refleja con nitidez los hechos y valores siguientes: la capacidad de intercambio (concentración y usufructo de tributos) como fundamento inmediato del trueque de valores de uso, y la conversión y asunción de las mujeres en mercancías con valor de uso y valor de cambio.
Puesto que los consejos de castidad transitoria y de familia monogámica no fueron observados por los dignatarios de la alta nobleza, se entiende que ambos consejos sólo podían ser cumplidos por los miembros de los otros grupos sociales (calpuleques, mayeques y macehuales), sobre todo porque no disponían de amplia capacidad de intercambio; y es a los integrantes de estos grupos a quienes se alude en el siguiente consejo:
Mirad que seáis hombre y que no tengáis corazón de niño; no os conviene de aquí adelante ser mozo travieso; no os conviene de aquí adelante andar en los vicios que andan los mancebos, como es los amancebamientos, y burlerías de mozos y chocarrerías, porque ya sois del estado de los casados, que es tlapaliui (p. 157).
En ese otro consejo subyacen el matrimonio, la familia patriarcal monogámica y la lealtad como valores que ha de ejercer el varón apenas alcance los veinte años; y hay reprobación tácita de la práctica de unión libre (amancebamiento).
En cuanto el varón de los grupos subalternos se casa, sus padres le indican:
…comenzad de trabajar en llevar cargas a cuestas por los caminos, como es chilli y sal, y salitre, y peces, andando de pueblo en pueblo; enseñaos a los trabajos y fatigas que habéis de sentir en el corazón y en el cuerpo, durmiendo en los rincones en las casas ajenas, en las portadas de las casas donde no conocéis (p. 157).
Los pochtecas eran quienes también ejercían el comercio itinerante con el apoyo remunerado de un macehual. Entiendo que el consejo precedente alude al macehual, a quien se le recomienda que asuma el trabajo subordinado como destino permanente.
Qué es y cómo ejercer el “oficio mujeril” según la ideología patriarcal de la alta nobleza
El Tlatoani inicia la exposición de sus consejos a sus hijas con el recordatorio de que en el mundo mexica no hay verdadero placer sino instantes de contento, no hay descanso sino mucho trabajo, no hay tranquilidad sino aflicciones y cansancios:
Es menester que sepas cómo has de vivir, y cómo has de andar tu camino, porque el camino de este mundo es muy dificultoso, y mira hija mía, palomita mía, que el camino de este mundo no es poco dificultoso, sino es espantablemente dificultoso (p. 127).
¿Y cuáles son las cualidades e instintos que “dan algún contento a nuestra vida por poco espacio”? La risa. El sueño. El comer y el beber; y “el oficio de la generación, con que nos multiplicamos en el mundo” (p. 126). Justo como a los hijos varones, a sus hijas el dignatario les recuerda su pertenencia de clase para que así se comporten y sigan conociéndose:
Sábete que eres noble y generosa, considérate y conócete como tal; aunque eres doncellita eres preciosa como un chalchihuite y como un zafiro, y fuiste labrada y esculpida de noble sangre, de generosos parientes; vienes de parientes muy principales e ilustres, y esto te digo, hija mía, bien lo entiendes, porque ya no andas amontonando la tierra y burlando con las tejuelas y con la tierra con otras niñas, que ya entiendes y tienes discreción y usas de razón (p. 127).
Como se ve, la pertenencia de clase gobernante es también un valor político que no sólo un hecho social. Las hijas del dignatario deben asumir, por lo tanto, ese hecho justo como un valor cotidiano y un signo de identidad de clase. La conciencia de tal hecho es sin duda importante para que a las hijas el camino del mundo no les resulte “espantablemente dificultoso”. Estamos, pues, ante un componente de la ideología patriarcal de la alta nobleza mexica.
La conciencia de pertenecer a la clase gobernante y perceptora de tributos conlleva obligaciones morales para las hijas. Dice el Tlatoani: “Mira que no hagas una vileza, mira que no te hagas persona vil, pues que eres noble y generosa” para que así “no te deshonres a ti misma”, “no te avergüences a ti misma”, y no “avergüences y afrentes a nuestros antepasados, señores y senadores” (pp. 127-128).
¿A cuáles hechos se refiere el dignatario como hechos viles? A la pérdida de virginidad y al adulterio. Por ende, la mujer está moralmente obligada a conservarse virgen hasta que no se case, y a no incurrir en adulterio cuando está ya casada. Enseguida pongo de relieve y analizo otros valores subyacentes en esas dos cuestiones:
Si perdieres tu virginidad –dice el padre– y después de esto te demandare por mujer alguno, y te casares con él, nunca se habrá bien contigo, ni te tendrá verdadero amor; siempre se acordará de que no te halló virgen, y esto será causa de grande aflicción y trabajo; nunca estarás en paz, siempre estará tu marido sospechoso de ti (p. 134).
La virginidad femenina está concebida, por la ideología patriarcal, como si fuese un sello de garantía del valor de uso intacto de la mujer.
La conservación de la virginidad hasta el matrimonio, y su comprobación como tal por el patriarca-marido, están concebidas como garantías de que el marido sentirá amor por ella. Pero cuando el marido descubre que su recién desposada mujer dejó de ser virgen antes del matrimonio, ella es vista y tratada como persona vil y no confiable, alguien a quien el patriarca debe tratar mal. Es la mujer la que está obligada, según la ideología patriarcal, a iniciar el matrimonio siendo un valor de uso intacto, o sea a reprimir su libido hasta que no se case.
El Tlatoani recomienda a sus hijas asumir dos conductas que a la vez son dos valores ideológicos ante sus futuros maridos:
Cuando dios fuere servido de que tomes marido, estando ya en su poder (cursivas nuestras, DZB), mira que no te altivezcas, mira que no te ensoberbezcas, mira que no lo menosprecies, mira que no des licencia a tu corazón para que se incline a otra parte; mira que no te atrevas a tu marido (pp. 134-135).
Mira que en ningún tiempo ni en ningún lugar le hagas traición, que se llama adulterio; mira que no des tu cuerpo a otro, porque esto, hija mía, muy querida y muy amada, es una caída en una sima sin suelo que no tiene remedio, ni jamás se puede sanar, según es estilo del mundo (p. 135).
De ambos párrafos se deduce que son dos las conductas que ha de practicar la esposa ante su patriarca: la sumisión y la lealtad; y que éstas equivalen a dos valores propios de la ideología patriarcal. Y bien, la especificación de la pertenencia de clase de marido y esposa (alta nobleza) es importante porque ambas conductas no están regidas por el principio de reciprocidad. A este respecto, basta indicar y añadir dos hechos para argumentar la no aplicación de dicho principio: el de poligamia y el de que la esposa no debe abandonar a su esposo incluso si éste quiera abandonarla: “Mira hija que no te juntes con otro, sino con sólo aquel que te demandó; persevera con él hasta que muera; no lo dejes aunque él te quiera dejar” (p. 131).
Es decir, para la ideología patriarcal el matrimonio no sólo es un acto de cristalización del poder del esposo sobre la esposa, sino también es sumisión y lealtad de la mujer, amén de concebirse como una relación permanente que no admite el divorcio.
¿Qué ha de hacer la mujer casada para evitar que su corazón se incline hacia otro hombre? A ese respecto, los consejos son también claros:
Mira que no te des al deleite carnal; mira que no te arrojes sobre el estiércol y hediondez de la lujuria; y si has de venir a esto, más vale que te murieras luego.
(Si) alguno te quiera y te pida, no le deseches (…), recíbele, tómale, no te excuses ni menosprecies, no esperes a tres veces que te lo digan, no te hurtes, no te escabullas burlando (…) Mira que no desees algún hombre por ser mejor dispuesto; mira que no te enamores de él apasionadamente (p. 130).
La ideología patriarcal recomienda a la mujer –soltera o casada– la represión de su instinto sexual; matarse cuando, estando casada, se haya vinculado con otro; y no elegir a quien ha de ser su esposo. Véase, pues, que el derecho de elección no es recíproco y consentido, y sí es, por lo tanto, atribución exclusiva del hombre. En este sentido, la mujer es concebida y asumida justo como una cosa disponible con valor de uso intacto.
Acerca de cómo la mujer ha de acrecentar su valor de uso intacto antes del matrimonio
Además de orar y darles incienso a los dioses todos los días, la mujer, aconseja el Tlatoani, ha de comenzar
…luego a hacer lo que es de tu oficio, o hacer cacao, o moler el maíz, o a hilar, o a tejer; mira que aprendas muy bien cómo se hace la comida y bebida, para que sea bien hecha; aprende muy bien a hacer la buena comida y la buena bebida, que se llama comer y beber delicado para los señores, y a sólo a ellos se da (…), que a sólo los señores y generosos les conviene; y mira que con mucha diligencia y con toda curiosidad y aviso aprendas cómo se hace esta comida y bebida, que por esta vía serás honrada y amada y enriquecida, donde quiera que dios te diere la suerte de tu casamiento (p. 128).
Lo que es el “oficio mujeril”: Consiste en un proceso de devenir de la mujer a persona útil, o sea con valor de uso, no para sí misma sino para su futuro patriarca (esposo). Se entiende que este estar deviniendo en valor de uso ocurre, básicamente, en el seno de la familia y en el Calmecac; y lo que recibe a cambio la mujer por su valor de uso adquirido es ser “honrada y amada y enriquecida” por el esposo.
Cómo ejercer el “oficio mujeril”: Se ejerce como subordinación al patriarca; y las reglas que guían la formación del valor de uso de la mujer son las mismas que ella debe aplicar durante el matrimonio: dominio de labores domésticas y artesanales, lealtad y sumisión. Para que su valor de uso sea pleno la mujer ha de preservar la virginidad.
Por último, es la madre quien encarga a sus hijas que preserven la ideología patriarcal, misma que el dignatario expuso en forma de consejos, y que aquí procuré destacar y analizar sus componentes esenciales:
Mira que las tomes y las guardes (o sea las palabras-consejos del Tlatoani) en tu corazón, y las escribas en tus entrañas: si dios te diere vida, con aquellas mismas palabras has de doctrinar a tus hijos e hijas, si dios te los diere (p. 132).
Son las mujeres oprimidas y discriminadas, y tratadas como cosas con valor de uso y de cambio, y son los patriarcas quienes asumen las tareas de dar continuidad y vigencia a dicha ideología.
* Profesor de la Universidad Obrera de México.