Adriana Lombardo:
“Sin educación y cultura no hay hombres”
(1924-2008)
El recuerdo de la maestra Adriana Lombardo acaecida el 11 de junio de 2008, constituye el ejemplo de una militancia al servicio de la educación, la cultura y la defensa de los intereses económicos y políticos de nuestro pueblo. Su valor fundado en un compromiso con la evolución de una sociedad en donde fuera desterrada la ignorancia y la pobreza extrema está vivo. Y lo estará mientras se mantengan los justos reclamos de trabajo para la juventud egresada de las instituciones de formación científica y técnica.
El reconocimiento a su esfuerzo en favor de las más nobles causas frente a un sector de una sociedad injusta, en gran parte debido a su codicia, inmoralidad e intereses bastardos, está en un sinnúmero de alumnos que pasaron por las aulas y recibieron el conocimiento de las ciencias sociales de académicos y dirigentes honestos.
La lista de profesores, alumnos y artistas que participaron en este esfuerzo es muy larga, al igual que el reconocimiento de quienes adquirieron la orientación social a través de cursos, viajes al extranjero, becas en universidades y escuelas allende nuestras fronteras.
La presencia en México de los exiliados de distintos países latinoamericanos, perseguidos por la barbarie traidora de militares al servicio del gran capital, contribuyeron con su presencia a enriquecer la actividad docente de nuestra universidad; al mismo tiempo que descubrieron la riqueza de nuestras instituciones nacionales a los que fueron incorporados en cátedras, investigaciones, publicaciones periodísticas y diversas actividades artísticas.
Los recuerdos de la experiencia en el desarrollo del pensamiento humanista están en todos y cada uno de quienes participaron en “Los Insurgentes”, el centro cultural fundado por la Maestra Lombardo, en San Miguel de Allende, Guanajuato. Lugar de encuentro de sindicalistas de una gran parte de países de América Latina y maestros europeos que provenían de organizaciones de países socialistas o de otras naciones.
El lenguaje de la Maestra Lombardo era educado y su palabra era escuchada y respetada, pues siempre estaba dirigida a la orientación de un humanismo clasista, histórico y nacionalista.