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El marxismo dialéctico revolucionario de Karl Korsch
ALEJANDRO GONZÁLEZ GUTIÉRREZ*
El presente ensayo se ubica dentro de los horizontes teóricos y metodológicos de uno de los fundadores del llamado marxismo occidental. En un primer momento, es necesario hacer notar que esta perspectiva del materialismo histórico surgió en la primera posguerra mundial gracias a las aportaciones de Georg Lukacs, Antonio Gramsci y Karl Korsch, quienes radicalizados por la gran guerra y por los movimientos obreros revolucionarios que sucedieron en Rusia, Alemania, Italia y Hungría,1 le devolvieron al marxismo un elemento que hasta entonces había sido olvidado por los teóricos socialdemócratas de la Segunda Internacional, es decir, la recuperación de la dialéctica en su relación con la teoría y la práctica. Su crítica principal apuntaba hacia la socialdemocracia y sus teorías mecanicistas emanaban tanto del revisionismo de Bernstein como de la ortodoxia de Kautsky, quienes habían convertido al marxismo posterior a Marx en un cientificismo meramente contemplativo que ya no pensaba en términos revolucionarios, sino que por el contrario, adquirió un discurso político liberal con tendencias naturalistas. En contraposición a esta tendencia, el móvil de su reflexión se encaminó a generar un enfoque crítico y organizativo con base en la real expectativa revolucionaria de la clase obrera. De este modo, este primer destello occidental del marxismo se vio en la necesidad histórica de establecer las bases de una filosofía de la praxis que recuperara el sentido verdadero de la obra de Marx como teoría de la expresión del proceso revolucionario en una dimensión dialéctica, que es al tiempo lucha material e ideológica. Por esta pretensión dialéctico revolucionaria es pertinente hablar, en particular, del pensamiento crítico filosófico de Karl Korsch, en especial de una de sus obras fundamentales que es Marxismo y filosofía. La aportación de Korsch al materialismo histórico es fundamental. Por desgracia su obra, aun hoy, es poco conocida. Durante su vida, a pesar de ser un ferviente revolucionario, fue filósofo marginal por su carácter crítico y adogmático, que no tenía cabida en las esferas oficiales de los partidos comunistas en la época de Stalin.
Las primeras aportaciones de Korsch al pensamiento marxista fueron un esfuerzo por resaltar la importancia de las ideas en la realización del movimiento obrero. Su preocupación se dirigía hacia la crítica del marxismo ideológico y a su influencia en la organización revolucionaria proletaria. En su ensayo La fórmula socialista para la organización de la economía, escrito en 1912,2 Korsch va a poner en evidencia que el socialismo contiene un profundo vacío en sus planteamientos teóricos y prácticos; y esto se refleja en la fórmula socialista sobre la socialización de los medios de producción donde sólo hay una definición desde un aspecto negativo; en este sentido, socialismo resulta ser sólo lo contrario a capitalismo, como aquello capaz de destruir dicho modo de producción. Dentro de esta pura negatividad “socialismo significa anticapitalismo”,3 el problema deviene en la profundización del asunto, en lo positivo, ya que en este sentido “está vacío y no dice nada”.4 Desde esta perspectiva el socialismo no contiene una reivindicación positiva que constituya una proposición constructiva de las tareas a seguir para la organización revolucionaria y la construcción de una economía socialista. Por ello, en esos primeros años, Korsch va a recurrir tanto al sindicalismo como a la Sociedad Fabiana con el fin de encontrar los elementos positivos necesarios para garantizar la construcción del socialismo.
En el sindicalismo encuentra la experiencia de la actividad práctica organizativa de la clase trabajadora, en donde se desarrolla la conciencia de clase obrera que permite garantizar la unión proletaria a favor de sus intereses y necesidades de clase. La Sociedad Fabiana, por su parte, incorporaba, según Korsch, un elemento fundamental basado en la idea del desarrollo y despliegue de la voluntad por medio de la educación social. Ambos elementos generaban “una fórmula positiva para la construcción del socialismo, mediante sus discusiones en torno al control de la industria”.5 De este modo, para Korsch el socialismo no era un proceso al que se llegaba de forma mecánica, gracias al resultado del desarrollo constante de las contradicciones sociales con las fuerzas productivas. Para él las ideas tienen un papel activo en la praxis revolucionaria como la expresión consciente de la acción directa formada en los consejos obreros, en “la actividad subjetiva, humano-sensible, crítica-práctica o sea en la actividad revolucionaria.”6
El interés de Korsch por la propagación de la realización efectiva de la actividad crítica-práctica proletaria, lo llevó a hacer una importante reivindicación de los consejos obreros. Según él, éstos eran la prueba viva de la capacidad de organización autónoma de los trabajadores, cuya forma no estaba subordinada a ninguna estructura política, sino que en ellos, la praxis era el elemento nodal en la medida en que en ella se encontraba la estrategia a seguir de acuerdo a la situación real a la que se tuviera que enfrentar el movimiento obrero. Por otro lado, la administración sindicalista y la planificación socialista completaban un ensamblaje insustituible para la acción revolucionaria, ya que en ellos se fundía la estrategia con el objetivo revolucionario y la espontaneidad obrera. Para Korsch era tan importante la voluntad revolucionaria como el programa que fijaba los objetivos de la socialización en la construcción de una sociedad sin clases, de ahí deviene su interés en los consejos y en el socialismo científico.
Con la derrota de las revoluciones obreras alemanas en 1918, Korsch va a hacer un viraje en su reflexión teórica, su interés se va a fijar en la relación específica del marxismo con la filosofía. Este interés surge debido a que él veía que en 1918 el triunfo del socialismo estaba a la vuelta de la esquina, “nada impedía exteriormente la transición del capitalismo al socialismo.”7 Pero el fracaso de la revolución se debió primordialmente a que se desaprovechó la oportunidad por la falta de “las premisas psicológico-sociales que habrían permitido aprovecharla: nadie cultivaba –junto con la clara comprensión de la naturaleza de los pasos preliminares a cumplir– una confianza decisiva capaz de arrastrar a las masas hacia la realización inmediata del sistema económico socialista.”8 Esta desvinculación del marxismo de la praxis revolucionaria del proletariado tiene que ver con un problema fundamental acaecido en el marxismo posterior a Marx, es decir, con la reconversión de éste en un sistema científico estructurado en parcelas, aislado de la praxis obrera por su desvinculación con la lucha de clases. Esto fue lo que lo llevó en 1923 a escribir Marxismo y filosofía que, como crítica del marxismo ideológico, va guiado por la necesidad de comprender la relación que guarda el marxismo con la filosofía a fin de recuperar su sentido revolucionario y dialéctico.
En dicha obra, Korsch va a esbozar una fuerte crítica al movimiento comunista internacional y a sus planteamientos teóricos que presentaban a un marxismo dislocado y estructurado con base en un conjunto de concepciones científicas, dedicadas a la observación y crítica de la realidad social sin un peso revolucionario sobre la misma. Este marxismo ortodoxo tuvo la particularidad de convertir al marxismo en una ciencia pura empapada de un cientificismo particularista. Para Korsch esto representaba un problema fundamental, ya que la concepción revolucionaria que Marx esbozó en su postura materialista, quedaba mermada debido a que esta visión particularista desmoronaba la idea de totalidad marxista y eliminaba la relación dialéctica entre teoría y praxis.
La crítica de Korsch al reformismo se fundamentó en someter la historia del marxismo a la concepción materialista de la historia. Con esto elaboró una esquematización crítica en tres tramos fundamentales: el primero, de 1843 a 1848, se destaca con la perspectiva dialéctico-filosófica de Marx y Engels; un segundo tramo, de 1848 a finales del siglo XIX, donde se ubica el mismo pensamiento de Marx y Engels, pero ahora en una perspectiva crítico-científica de la sociedad capitalista; en este mismo lugar se ubica la producción teórica de la Segunda Internacional. Por último, la fase final se desarrolla con el leninismo y sus postulados revolucionarios. Este esquema general de la historia del pensamiento marxista sirvió a Korsch para delimitar el problema de su apaciguamiento en términos teóricos y prácticos, por esto cabe observar con más detenimiento cuáles son las particularidades de cada fase a fin de esclarecer el sentido de su análisis.
El primer momento, que se devela con el desarrollo intelectual de Marx y Engels, presenta que su teoría está saturada de pensamiento filosófico.9 Esto ocurre cuando ambos saldan cuentas con la filosofía clásica alemana. En este espacio se ubica como parteaguas la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, donde Marx comienza a elaborar la postura dialéctico-materialista al “voltear de cabeza” la filosofía de Hegel y al colocar, por vez primera, al proletariado como sujeto histórico capaz de derrocar al capitalismo. Es en este periodo donde se le otorgó a la teoría un fuerte sentido revolucionario cargado de totalidad viva. No existe en esa perspectiva una división científica entre las características económicas, sociales o políticas, sino que están integradas en una unidad viva de praxis revolucionaria y de desarrollo social; se trata pues, y en términos claros, de una filosofía de la revolución. La obra que mejor expresa este sentido es el Manifiesto del Partido Comunista.10
El segundo episodio se inicia a partir de 1848, con la contención de los movimientos revolucionarios en Europa; esta fase se caracteriza por una ausencia de actividad revolucionaria. En este momento, el marxismo sufre una alteración debido a que éste, como teoría, es inmanente a la práctica revolucionaria. A partir de ahí las reflexiones de Marx y Engels adoptarán un carácter más científico, las partes –economía, política, filosofía– que componían el todo como unidad entre teoría y práctica yacen un poco más separadas, pero esto no implica que haya derivado en un carácter explicativo al modo de la ciencia burguesa. Al contrario, para Korsch el sentido fundamental del marxismo sigue y seguirá presente alrededor de la obra de sus fundadores, “aun en su forma más desarrollada como socialismo científico, el marxismo de Marx y Engels sigue siendo el amplio todo de una teoría de la revolución social.”11 Es claro que el marxismo seguía constituyéndose como crítica subversiva del capitalismo. El hecho de haber cambiado el panorama de la filosofía a la ciencia sólo podía implicar que esta teoría adquiría un carácter crítico más sólido. Como conciencia revolucionaria, tenía que esclarecer la forma de operar del capitalismo desde sus entrañas a fin de explicar críticamente la forma en que el capitalismo se había convertido en el sistema económico dominante a costa de la explotación y el sufrimiento de la clase obrera, todo esto a fin de lograr trascenderlo.
El problema de la falta de actividad revolucionaria de clase obrera en la segunda mitad del siglo XIX dejaría caer todo su peso en la reflexión marxista que se generó más allá de Marx y Engels, es decir, de la emanada de la Segunda Internacional de la mano de pensadores como Hilferding, Kautsky o Bernstein, de quienes derivaron sus reflexiones en un cúmulo de ciencias aisladas de la práctica y la necesidad práctica proletaria. En este momento el marxismo quedó dislocado y cada parte fue separada en una ciencia particular que justificaba un mecanicismo social hacia el desarrollo socialista sin necesidad de la práctica real de la clase obrera, el oportunismo se hizo presente y la socialdemocracia tomó partido por la expectativa del desarrollo economicista del capitalismo. Toda práctica, toda dialéctica y todo elemento revolucionario quedaron en suspenso en esta segunda etapa.
Según el análisis materialista de Korsch, con el advenimiento de la tercera etapa, la brecha existente entre la teoría y la práctica se reducía gracias a un regreso hacia Marx. Este tercer momento se ubica a partir del leninismo y su particular restauración del marxismo. Su importancia fue que pudo vincular de nuevo la teoría marxista con la revolución obrera. Tanto Lenin como Rosa Luxemburgo comprendieron que el marxismo socialdemócrata debía ser rechazado en función de reestructurar el movimiento obrero que se agitaba de una forma feroz tanto en Alemania como en Rusia, así como en los demás países capitalistas europeos. El hecho de que el marxismo se planteara de nuevo la necesidad de restablecer la relación entre la teoría y la praxis, estuvo determinado por los acontecimientos propios del movimiento comunista internacional, sin embargo, la relación conflictiva entre la ortodoxia socialdemócrata y el marxismo revolucionario habían dejado ciertos huecos en la teoría marxista. Esto volvía necesario el correcto esclarecimiento de la relación entre el marxismo y la filosofía para, de este modo, poder restaurar, de una vez por todas, su carácter revolucionario; ello sólo era posible si la lucha contra el capitalismo se levantaba en un doble frente: en contra de sus condiciones materiales y su ideología.
La obra de Korsch es sin duda un gran aporte al marxismo, su reflexión obliga a pensarlo ya no como una ciencia pura de explicación de la sociedad burguesa en términos meramente teóricos, “no es una ciencia en el sentido burgués del término, ni historia, ni filosofía, ni economía política sino crítica de todas las disciplinas comprendidas como elementos de la ideología burguesa”,12 y como tal no pretende crear categorías de esclarecimiento que den cuenta de la realidad social del capitalismo en un sentido cabal y formalista. En este sentido, el marxismo se estructura como una crítica integral de las relaciones sociales, así como de la falsa ideología burguesa y sus instituciones, como una dialéctica negativa que encuentra un elemento positivo en la actividad revolucionaria del proletariado; por lo tanto, el marxismo no es ni quiere ser pura ciencia teórica como la ciencia burguesa, sino “praxis revolucionaria”13 que al tiempo que quiere destruir el modo de producción capitalista, quiere también dar fin a la filosofía que le da legitimidad.
Lo anterior expresa un interés por articular una reflexión crítica con base en nuestra situación social actual, donde la realidad del capitalismo impone una tensión extrema a nuestras condiciones de vida y de clase. Por ello es importante fundamentar un pensamiento que permita lograr una comprensión de la totalidad social en esta nuestra cotidianeidad, que es donde se desarrolla la lucha por la existencia social y donde se desenvuelve la necesidad de cambiar nuestra realidad.
* Estudiante: Licenciatura en Historia, ENAH; licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas, UACM.
1 Cfr. Anderson, Perry, Consideraciones sobre el Marxismo Occidental, México, Siglo XXI, 2005, pp. 35-44.
2 Korsch, Karl, Escritos políticos I, México, Folios Ediciones, 1975, pp. 9-12.
3 Ibidem, p. 9.
4 Idem.
5 Hobsbawm, Eric, Revolucionarios, Barcelona, Crítica, 2000, p. 220.
6 Korsch, Karl, Aspectos fundamentales vinculados a la socialización, en Karl Korsch, op. cit., p. 40.
7 Ibidem, p. 44.
8 Idem.
9 Korsch, Karl, Marxismo y filosofía, México, ERA, 1971, p. 38.
10 Idem.
11 Ibidem, p. 39.
12 Historia de la filosofía siglo XXI, n. 9, Belaval, Yvon (dir.), “Las filosofías nacionales. Siglos XIX y XX”, México, Siglo XXI, 2005, p. 377.
13 Korsch, Karl, “Sobre la dialéctica materialista”, en Marxismo y filosofía, México, ERA, 1971, p. 125.
Bibliografía
Arriarán, Samuel, Marxismo mas allá de Marx, México, UPN, 2004.
Anderson, Perry, Consideraciones sobre el Marxismo Occidental, México, Siglo XXI, 2005.
Korsch, Karl, Escritos políticos I, México, Folios Ediciones, 1975.
—————, Marxismo y filosofía, México, ERA, 1971.
Historia de la filosofía siglo XXI, n. 9, Belaval, Yvon (dir.), “Las filosofías nacionales. Siglos XIX y XX”, México, Siglo XXI, 2005.
Hobsbawm, Eric, Revolucionarios, Barcelona, Crítica, 2000.