Poder monopólico alimentario y deterioro salarial

LAURA JUÁREZ SÁNCHEZ*


La soberanía alimentaria en manos de los monopolios
El desmantelamiento del aparato alimentario llevó a la pérdida del control del sector por parte del Estado, al no poder regular ni fijar los precios de los alimentos, al renunciar al control del mercado externo de los comestibles en cuanto a la exportación e importación, producto de la apertura comercial que acabó con los permisos previos de importación que protegían la producción nacional y los precios internos, con la consiguiente aparición de cuotas de importación, las cuales siempre se rebasaron sin el pago de los impuestos correspondientes, lo que constituye un subsidio para las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) importadoras, dentro de las que se encuentran Cargill, ADM, Bimbo, Minsa y Maseca, Arancia-Corn-Products, Pilgrims Pride, Bachoco, Sabritas, Maizoro, Alpura y Continental,1 y al renunciar a guardar reservas estratégicas de granos básicos, entre las funciones más importantes. Los gobiernos neoliberales renunciaron a tener márgenes de acción frente a las grandes corporaciones y terminaron por transferirles la soberanía alimentaria del país. En este proceso de desmantelamiento del sector alimentario, el sector agropecuario fue orientado a la exportación en menoscabo de la producción de alimentos para la población y de insumos para la industria, por lo que la economía campesina dejó de tener un papel estratégico en el desarrollo nacional, al mismo tiempo que se le restó importancia como generadora de empleos.2
A casi tres décadas de neoliberalismo económico, un reducido número de corporaciones concentran el poder de la cadena alimentaria de México y su esfera de influencia incluye las principales ramas del sector: 1) Alrededor del 60% del mercado interno de granos está en manos de unas cuantas corporaciones: Maseca, Cargill, Archer Daniel’s Midland, Bimbo, Minsa, Molinos de México, Gamesa Altex, Bachoco, Lala y Malta de México, las cuales tienen el control de la compra de las cosechas internas, la importación, el transporte, el almacenamiento, la distribución y la industrialización;3 2) Wal-Mart, la cadena comercial más grande del mundo, tiene la supremacía de la distribución minorista de alimentos en el mercado interno, resultado de la adquisición de la cadenas de tiendas Aurrerá y Superama, además de operar como Sam’s Club y Wal-Mart Supercenter, y extender su dominio en las cadena de tiendas Vips, El Portón y Ragazzi;4 3) La empresa suiza Nestlé y Agroindustrias Unidas de México (AMSA), controlan alrededor de 50% de las exportaciones de café y son las principales compradoras del aromático, entre los cafetaleros del país;5 4) Respecto a los monopolios que controlan la comida chatarra, Bimbo domina el mercado del pan de caja y, con su empresa Marinela, el de panes dulces industrializados. Asimismo, Bimbo y Pepsico dominan el mercado de las frituras, y Coca Cola y Pepsico controlan el mercado de los refrescos después de comprar y hacer quebrar a la mayoría de las refresqueras nacionales. Además, Pepsico extiende su dominio a las marcas Sabritas, Gamesa, Quaker, Pepsi y Gatorade.6 Igualmente, Kellogs y Nestlé dominan el mercado de cereales de caja y Danone, Lala, y Alpura controlan el mercado de la leche;7 5) Sólo tres grandes empresas controlan el 55% de la producción de pollo: Bachoco, Pilgrim’s Pride y Tyson,8 y 6) Maseca, propiedad del grupo GRUMMA, domina el mercado de la harina de maíz y la producción de tortilla industrializada en México y el mundo. La corporación tiene operaciones en Estados Unidos, Europa, Centroamérica, Venezuela y la República mexicana, y forma parte del cartel ADM-Novartis-Maseca.9
El desmantelamiento de lo que alguna vez fue el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), le permitió a las GET tomar el control del mercado interno de alimentos, pero además las grandes corporaciones se benefician de las políticas públicas: 1) Concentran la mayoría de los subsidios cuando producen, importan y comercializan los productos, tal es el caso de Cargill y ADM, que son las principales comercializadoras e importadoras de maíz. Ambas empresas son las principales compradoras de las cosechas de maíz, y presionan a la baja el precio del grano al que tienen que vender los productores del campo; 2) Se benefician de un sistema de exención de impuestos, debido a que se amparan en un régimen especial de tributación para el sector agropecuario, que originalmente mantenía un sentido social con el propósito de fomentar la producción agrícola. Pero además, los propios gobiernos renuncian al cobro de impuestos, incluso si se viola el mismo TLC-AN: con la entrada en vigor del tratado, las GET distribuidoras de maíz, como Cargill y ADM, así como las agroindustrias Maseca, Minsa, Bachoco y Pilgrim’s Pride, entre otras, pudieron importar maíz de Estados Unidos con base en los cupos de importación establecidos en el convenio; las corporaciones se beneficiaron al no pagar arancel por sus compras en el exterior, debido a que el gobierno no quiso cobrar los impuestos por la importación del grano y las subsidió; 3) no existe regulación respecto a la calidad e inocuidad alimentaria tanto en la importación como en el procesamiento y distribución de alimentos. Tal es el caso del maíz importado desde Estados Unidos, que trae maíz transgénico mezclado; 4) Permiten las importaciones agroalimentarias a precios dumping, y 5) La regulación contra las prácticas anticompetitivas son insuficientes y no se hacen valer, pero además, desde las políticas públicas se fomenta la competencia desigual a favor de las GET frente a los pequeños productores: por ejemplo, en las alzas especulativas que involucraron a la tortilla en los años 2007 y 2008, en las que las grandes corporaciones Cargill, ADM, Minsa y Maseca, se dedicaron a comprar y almacenar el grano en un contexto internacional de precios a la alza.10 Pero además, el gobierno federal dispuso que las mismas GET que estaban acaparando y especulando con los precios del maíz, importaran más grano de Estados Unidos y también les aseguró subvenciones a la comercialización con el propósito de presionar a la baja los precios internos a los que tenían que vender a los pequeños productores del país, con el fin de estabilizar el precio de la tortilla.

Pérdida de soberanía alimentaria y erosión salarial
El desmantelamiento del sistema alimentario y la intervención discrecional de las políticas públicas en beneficio de unas cuantas corporaciones, significó para el país la pérdida de la soberanía alimentaria a manos de las GET. El control que ejercen en la cadena alimentaria les permite especular con los precios de los alimentos: por ejemplo, cuando importan en cualquier época del año, incluso si el país está en época de cosechas de granos, con el fin de presionar a la baja los precios a los que tienen que vender los productores del campo. También pueden exportar granos cuando no hay suficientes reservas para propiciar escasez y elevar los precios. Asimismo, se ponen de acuerdo para comprar a los agricultores sus productos a precios que están por debajo de las cotizaciones internacionales. Además, concentran los subsidios cuando producen, compran y comercializan los alimentos.
En este contexto de pérdida de la soberanía alimentaria en beneficio de las GET, el neoliberalismo económico también tenía como propósito abaratar el costo de la mano de obra para darle competitividad a las empresas y a la economía, por lo que se dispone la contención deliberada de los salarios. De tal manera que la manipulación de los precios de los alimentos por parte de las GET, que tienen el control del mercado de comestibles y los topes salariales, llevan a una erosión salarial sin precedentes que afecta la capacidad de consumo de la población trabajadora y sus niveles de nutrición. Ello se puede observar en el deterioro del poder adquisitivo de los alimentos de la población y de sus niveles nutricionales.
De acuerdo con la Canasta Básica Nutricional (CBN), estimada para el consumo de una familia integrada por cinco personas, calculada por la Universidad Obrera de México (UOM), entre diciembre de 1994 y febrero de 2010, el costo de la CBN aumentó 506.9%, al pasar de 56.6 pesos al día a 343.7 pesos al día. En tanto, el salario mínimo nominal diario pasó de 15.27 pesos al día en diciembre de 1994, a 57.46 pesos diarios en febrero de 2010, esto significó sólo un aumento de 276.2% en términos nominales. Lo cual representó que en diciembre de 1994, se requirieran 3.7 salarios mínimos para poder adquirir la CBN, mientras que para febrero de 2010, se necesitaron 5.9 minisalarios para acceder a ésta.
Mientras que el salario mínimo aumentó sólo 276.2% entre diciembre de 1994 y febrero de 2010, la tortilla se incrementó 1,089.3%, el pan blanco, 913.3%; la harina de trigo, 863%; la sal, 666.4%; el frijol, 599.3%; el café soluble, 343.9; la leche, 563.9%; el aceite, 530.8%; el huevo, 527.9% y el arroz, 473.9 por ciento.
En cuanto a la pérdida del poder adquisitivo de la CBN en la administración calderonista, tenemos que entre diciembre de 2006 y febrero de 2010, el costo de la CBN aumentó 40.8%, al pasar de 244.1 pesos al día a 343.7 pesos diarios. En tanto, el salario mínimo nominal diario pasó de 48.67 pesos al día en diciembre de 2006, a 57.46 pesos diarios en febrero de 2010, esto significó sólo un aumento del 18% en términos nominales. Lo cual representó que en diciembre de 2006, se requirieran 5.0 salarios mínimos para poder adquirir la CBN, mientras que para febrero del 2010, se necesitaron 5.9 minisalarios para acceder a ésta.
En términos de la capacidad que tiene el salario mínimo para adquirir los satisfactores nutricionales básicos para una familia integrada por cinco personas, tenemos que el minisalario no puede cubrir sus requerimientos: respecto al periodo transcurrido en la presente administración, tenemos que en diciembre de 2006, el salario sólo podía obtener un promedio de 434.50 gramos de calorías por persona (la necesidad nutricional diaria es de 2,180 gramos por persona) y 14 gramos de proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 69.05 gramos por persona). Si consideramos una familia de cinco personas, tenemos que sólo pudo consumir 2,172 gramos de calorías (la necesidad nutricional diaria es de 10,898 gramos por familia) y 69 gramos de proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 345 gramos por familia). No obstante, para febrero de 2010 esta situación se agravó: el salario sólo pudo obtener un promedio de 364.34 gramos de calorías por persona (la necesidad nutricional diaria es de 2,180 gramos por persona) y 12 gramos de proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 69.05 gramos por persona). Si consideramos una familia de cinco personas, tenemos que ésta sólo pudo consumir 1,822 gramos de calorías (la necesidad nutricional diaria es de 10,898 gramos por familia) y 58 gramos de proteínas (la necesidad nutricional diaria es de 345 gramos por familia).
Para diciembre de 2006, el porcentaje de los requerimientos nutricionales adquiridos con un salario mínimo era de sólo 19.9%, lo que muestra el deterioro previamente acumulado; para febrero de 2010, el salario únicamente puede cubrir el 16.7% de la alimentación de un hogar, por lo que se requieren 5.9 salarios mínimos para cubrir los requerimientos alimenticios de una familia. Si suponemos que ésta pudiera contar con 5.9 minipercepciones diarias (es decir, 1.2 salarios mínimos por persona) para estar bien nutrida, de cualquier manera no podría acceder a otros satisfactores básicos como son la educación, la vivienda, la salud, el transporte, el vestido e incluso, la cultura, como lo establecen la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, cuando refieren que el salario mínimo debe ser remunerador, es decir, suficiente para que un jefe de hogar y su familia vivan de manera digna.
En un contexto internacional de precios de los alimentos a la alza por la especulación de los comestibles en el mercado financiero, las GET que dominan el sector alimentario (que son las mismas que controlan el mercado global), intensifican sus políticas de especulación de los precios de los productos básicos, apoyados por las políticas públicas que refuerzan sus prácticas monopólicas, como en el caso del alza especulativa del precio de la tortilla, en la que el gobierno federal dispuso que las mismas GET que acaparan y especulan con el precio del maíz, importen más grano de Estados Unidos para presionar a la baja el precio al que se ven obligados a vender los campesinos sus productos. En el camino las GET llevan a la quiebra a los pequeños productores del campo, al pequeño comercio y la pequeña industria, concentran el abasto familiar de alimentos, e imponen precios monopólicos a los consumidores a costa del hambre de la población.


* Investigadora de la Universidad Obrera de México.

1 De Ita, Ana, “¿Morir por el campo?”, en La Jornada, 3 de agosto de 2001.
2 Sanderson, Steven, La Transformación de la Agricultura Mexicana. Estructura Internacional y Política de Cambio Rural, Ed. Alianza Editorial Mexicana, México, 1990.
3 Rudiño, Lourdes Edith, “Gigantes globales dominan distribución, comercialización y procesamiento de granos”, en La Jornada del Campo, 13 de marzo de 2010, p. 11.
4 Ver Wal-Mart. Informe 2008. En www.walmartmexico.com.mx.
5 ”Los cafetaleros en las garras de Nestlé y AMSA”, en La Jornada del Campo, 13 de marzo de 2010, p. 8.
6 Vergara, Rosalía, “Mátame con churrumais”, en revista Proceso, edición especial, n. 26. La infancia en México. Érase una vez, septiembre 2009, pp.12-15.
7 Calvillo, U. Alejandro, “Monopolios y comida chatarra”, en La Jornada del Campo, 13 de marzo de 2010, p. 12.
8 Rudiño, Lourdes Edith, “La mitad de la producción de pollo en manos de tres empresas”, en La Jornada del Campo, 13 de marzo de 2010, p. 12.
9 Ver página de Internet: www.maseca.com/vEsp/Acerca/acerca_esto.asp.
10 Navarro Hernández, Luis, “Cargill: ‘el maíz de sus tortillas’”, en La Jornada, 30 de enero de 2007.

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