Cuando
la izquierda se reunió a discutir frente a la elección de Miguel
Alemán o lo que el viento se llevó*
(Segunda
y última parte)
RAQUEL
TIBOL*
En
la sesión del 21 de enero, que estuvo presidida por Víctor Manuel
Villaseñor, Hernán Laborde, miembro entonces de Acción Socialista
Unificada, expresó: “Decía bien Siqueiros: es una lástima que
esta reunión no haya tenido lugar un poco antes, o mucho antes. Es
obvio que los grupos marxistas deberían haberse puesto de acuerdo
para actuar juntos en relación con una serie de problemas y
acontecimientos políticos de una gran importancia: las elecciones de
julio, la integración de las Cámaras, la formación del gabinete
mismo. Deberíamos estar ya plenamente de acuerdo sobre los problemas
fundamentales del ahora, actuando juntos. De todos modos, esta
reunión es oportuna y útil todavía. Es oportuna y será útil a
condición de que seamos capaces de llegar a conclusiones prácticas
que nos den la plataforma de acción común indispensable”.
Refiriéndose
al tema tocado con especial énfasis por Siqueiros y Bassols, Laborde
precisó lo que para él era unidad nacional. “La unidad nacional
–dijo– tiene por objetivos los de la revolución
democráticoburguesa, y es ante todo y por encima de todo un
movimiento democrático, antiimperialista y progresista de todas las
fuerzas que están de acuerdo con los objetivos de la revolución
democráticoburguesa. Lo que me parece necesario subrayar es que este
movimiento es sobre todo un movimiento antiimperialista, porque si en
el periodo de la guerra el peligro mayor era el nazifascismo, y la
tarea esencial consistía en salvar a México del peligro fascista,
hoy el peligro mayor es el imperialismo yanqui, y la tarea es la
lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional. Eso
quiere decir que la unidad nacional se forme sin los grandes
comerciantes, y sin los banqueros privados, porque aquí debo decir
que nosotros no creemos en la honradez de los banqueros privados ni
de los grandes comerciantes. En cierta ocasión en que un orador
decía que en la unidad nacional pueden tomar parte los comerciantes
y los banqueros honrados, un espectador dijo: ‘Vamos a tener que
buscarlos con la linterna de Diógenes’, y otro dijo: ‘Cuidado
compañero, que te roban la linterna’. No creemos en los banqueros
honrados; la unidad nacional es sin los banqueros privados, sin los
grandes comerciantes, y contra ellos, porque ellos son agentes del
imperialismo yanqui, empeñados en impedir la liberación nacional de
México. Ahora bien, ¿cuál es la primera condición para el éxito
en esta lucha de liberación nacional? La primera condición es que
el proletariado sea capaz de jugar en el movimiento de unidad
nacional un papel independiente y preponderante, el papel de
vanguardia”.
Al
refutar a Revueltas, Laborde dijo: “Yo entendí la tesis de
Revueltas en el sentido de que, mientras el proletariado no haya
llegado a la madurez, no debe proponerse conquistar el papel de
dirigente en la revolución democráticoburguesa, y lo más que puede
hacer es ayudar a la burguesía, compartir con ella la dirección.
¿Se supone que la burguesía va a ser tan generosa que comparta la
dirección con el proletariado, amablemente, como entre camaradas,
como una asociación entre caballeros? No. Lo que Revueltas propone
en realidad es que el proletariado siga yendo a la cola de la
burguesía; esa es la realidad. Pero, naturalmente –dice Revueltas–
llegará el día en que el proletariado esté ya maduro y en que los
factores objetivos hayan madurado suficientemente, y entonces el
proletariado tomará la dirección de la revolución
democráticoburguesa. Y para eso –dice– el proletariado debe
estar atento y pensar cuidadosamente como un boticario que prepara
una fórmula, el grado en que la burguesía es inconsecuente y débil,
y va traicionando la causa de la revolución democráticoburguesa. Y
sólo cuando llegue a cierto grado, no antes, el proletariado debe
tomar la dirección de la revolución democráticoburguesa. Todos
entendemos que no es cosa de fórmulas y balanzas de boticario, sino
que es un cuestión de lucha, que eso se va a decidir en el curso de
la lucha, que cuando se dice que el proletariado debe dirigir la
revolución democráticoburguesa se quiere decir que el proletariado
debe luchar”.
Más
adelante Laborde señalaba: “Estamos en una situación realmente
curiosa; nos hemos reunido aquí varios grupos y personalidades
marxistas para discutir en qué forma podemos unificar el
proletariado. Pero nosotros estamos divididos, y permanecemos
divididos, y parece que nos empeñamos en permanecer divididos.
Debemos empezar por unificarnos nosotros mismos. ¿Cómo podemos ir a
predicarle unidad al pueblo de México, a los trabajadores de México,
si nosotros permanecemos divididos? Los trabajadores de México
tendrán derecho a decir: ‘Miren quiénes nos vienen a predicar la
unidad, esos grupillos marxistas que viven peleando entre ellos como
perros y gatos’. No. Para luchar por la unificación del
proletariado de México tenemos que hacer la unidad del marxismo”.
Otro
tema importante expuesto por Laborde fue el siguiente: “Hay
compañeros que hacen este razonamiento: nosotros tenemos que influir
en el régimen, tenemos que procurar posiciones en el régimen para
influir en él desde adentro, tenemos que conquistar posiciones en el
gobierno. Para ellos esto es lo más importante y se dicen: ¿Podemos
conquistar posiciones en el régimen apoyándonos en un partido de la
clase obrera? ¿No es más fácil conquistarlas apoyándonos en un
partido popular amplio? Yo respondo: sí, es más fácil, inclusive
se pueden conquistar posiciones sin ningún partido, por medio de
componendas y compadrazgos, pasándose al campo de la burguesía.
Otra cosa es conquistar posiciones en un gobierno burgués sin
claudicar de los principios revolucionarios de la clase obrera, para
defender allí los intereses del proletariado, para luchar allí
porque se ponga en práctica la política revolucionaria, el programa
de la revolución democráticoburguesa”.
En
su intervención del 22 de enero, cuando los polemistas se
trasladaron del Palacio de Bellas Artes al Sindicato de Telefonistas,
Narciso Bassols subrayó algo que muchos apoyarían. “Esta mesa
redonda en sí misma –dijo–, independientemente de sus resultados
y de la acción común futura, no me interesa. Debo decírselos a
ustedes con toda tranquilidad, con toda cortesía, con toda suavidad;
pero así, porque así lo pienso. No me interesa simplemente como
examen verbal de problemas. Me interesa como coyuntura activa y como
iniciación de trabajos políticos conjuntos, con perspectivas
inmediatas y con resultados definidos, concretos, prácticos, que
espero serán evidentes muy pronto. Entonces tengo que pagar el
precio de quien así concibe la utilidad de estas reuniones. Y estoy
dispuesto a pagarlo.
“Es
muy interesante examinar los aspectos teóricos, doctrinales, de la
acción política. No seré quien la niegue; no podría ser quien la
negara, ni siquiera quien la restringiera en su aceptación. Pero a
mí no me parece que lo más importante en la situación real de las
fuerzas progresistas de México sea el simple examen teórico, ni que
sea allí en donde radiquen las mayores dificultades. Por el
contrario, pienso que si bien es verdad que la fundamentación
teórica es esencial, y que la identificación en esos fundamentos
teóricos es ineludible, lo más importante está en lo que viene
después, y lo más difícil está en lo que viene después. ¿Qué
pasa? Que conforme se baja de la generalidad y se acerca uno a la
acción, a la aplicación concreta de los principios, lo que era
acuerdo empieza a convertirse por lo menos en salvedad y reticencia,
lo que era unanimidad empieza a dejar de serlo. Tengo la sensación
muy viva de que personas que coinciden en el planteamiento general y
abstracto de las bases teóricas de su actitud política, conforme
comienzan a colocarse en el plano de actuar, comienzan a tener serias
divergencias de interpretación, de apreciación, de fijación de sus
deberes y sus responsabilidades, en una palabra, difieren en su línea
de conducta práctica y concreta”.
Bassols
centró su intervención en el problema de la tierra, porque opinaba
que “la piedra de toque, el pivote de la construcción y
organización de un pensamiento común con propósitos activos en el
problema social mexicano de estos instantes, es el problema de la
tierra. El problema de la tierra quiere decir, el problema de nuestro
pensamiento, y nuestra decisión de intervenir en lo que a los
sistemas de distribución y trabajo de la tierra se refiere. No creo
que pueda eludirse en ninguna forma este asunto en una plataforma de
acción. Pero voy un poco más allá. Debe figurar el problema de la
tierra en el lugar central a que me he referido y, además, debe
figurar con una minuciosa (dentro de los límites de un planteamiento
general) especificación de cuál es nuestro criterio y nuestra
actitud, no solamente en lo que toca a la necesidad de, en general,
proseguir la reforma agraria, sino que, como todo hay que plantearlo
desde el punto de vista de las realidades políticas, en términos
muy concretos resulta indispensable, frente a esas realidades
concretas, independientemente de tener una respuesta doctrinal,
adoptar una posición, es decir, definir concretamente nuestra línea
de pensamiento y nuestros propósitos políticos al respecto”.
Después
de tratar de manera extensa, crítica y documentada el problema
agrario de la Revolución Mexicana, Bassols se declaraba en contra de
las reformas al artículo 27 constitucional anunciadas 72 horas
después de constituido el régimen de Miguel Alemán. Aquel análisis
de Narciso Bassols no ha perdido vigencia y continúa siendo uno de
los alegatos más serios en contra de la reforma al mencionado
artículo.
Cupo
a Leopoldo Méndez, presidente del Círculo Marxista “El
Insurgente”, precisar lo que un sector de la izquierda entendía
que debía ser en 1947 la colaboración con el gobierno: “El
gobierno actual no es ni un gobierno de la reacción, ni un gobierno
revolucionario en el sentido típico de la palabra. Es un gobierno de
la burguesía progresista surgida de la Revolución Mexicana. Es el
primer gobierno civil que tiene México en muchos años y la mayor
parte de los hombres que lo componen han sido escogidos más por sus
capacidades que por lo que puedan representar como respaldo de masas.
Naturalmente, si el movimiento revolucionario estuviera bien
organizado, tuviera una línea; si la clase obrera estuviera
unificada; si los marxistas estuvieran unificados en un gran partido
marxista, este gobierno podría hacer frente a la situación
delicada, a la ofensiva reaccionaria, a la presión del imperialismo
en condiciones menos desfavorables que las actuales. Y si no queremos
ser simples demagogos debemos, ante el pueblo que ha elegido al
presidente Miguel Alemán con nuestro apoyo, cargar con la
responsabilidad porque si el gobierno cede alguna vez ante la
ofensiva reaccionaria o la presión imperialista, la culpa no la
tiene solamente el gobierno sino también, y principalmente, los
dirigentes del movimiento democrático, obrero y marxista de México.
Y si nosotros tenemos el derecho de exigir al gobierno una actitud
firme ante la reacción y el imperialismo, el respeto de las promesas
y del programa con el cual fue electo, también el pueblo tiene el
derecho de exigir de nosotros, como sus dirigentes, el decirle hasta
qué punto hemos cumplido con nuestros compromisos con él y con el
gobierno al cual hemos prometido un respaldo que todavía no hemos
sabido organizar.
“A
México, la guerra mundial no ha llegado con todas sus consecuencias
destructoras, ha habido libertad de organizar, agitar, leer, trabajar
para la democracia. El ejemplo de la democracia que combatía con las
armas en las manos contra el nazifascismo era un estímulo. Sin
embargo, en México fue la reacción la que se organizó y se
fortaleció; el movimiento obrero continuó su proceso de división y
corrupción. Esta es la realidad de no haber aprovechado la etapa
histórica que ha representado la Segunda Guerra Mundial y su periodo
inmediato de postguerra todos nosotros, individual y colectivamente,
quien más, quien menos, somos responsables ante nuestro pueblo y
ante el movimiento revolucionario mundial. Que este reconocimiento,
por lo menos, nos anime a remediar en parte el mal, a recuperar el
tiempo perdido, y a unificarnos cordial y fraternalmente para que la
unificación marxista signifique el primer paso, el paso más
importante, hacia la solución de la crisis del movimiento
revolucionario mexicano.
“Nuestra
poca ligazón con las masas, nuestra insuficiente reacción militante
ante los problemas nacionales e internacionales, nuestra débil
participación en las luchas diarias del proletariado, ha causado en
todos nosotros una pereza mental que dificulta una contribución más
rica, eficiente y concreta en la solución de todos los problemas que
se plantean ante el movimiento marxista mexicano”.
En
aquella última sesión del 22 de enero hubo varias aclaraciones.
Sólo destacaré dos párrafos, uno de Siqueiros y otro de Bassols.
Dijo el primero: “Fue justa la posición de apoyar a Cárdenas,
pero cuando cambió el régimen de Cárdenas al de Ávila Camacho el
movimiento obrero, que estaba unido a aquel hombre por el cordón
umbilical que ustedes conocen, continuó estando en la misma
situación, y la realidad política se había transformado
radicalmente; ya no era la misma, era otra. El compañero Lombardo en
su intervención nos ha dicho que ‘el gobierno de Alemán es la
continuación lógica del gobierno de Ávila Camacho y del gobierno
de Cárdenas.’ Pero no nos ha dicho si hacia arriba o hacia abajo.
Es efectivamente la continuación pero en el sentido de una
capitulación cada vez mayor. ¿Cómo era posible que se siguiera
actuando en la misma forma de alianza política con Ávila Camacho
como se había hecho con Cárdenas? En ese momento en que el
movimiento revolucionario de México, con los marxistas a la cabeza,
no supo comprender ese hecho, en ese momento se abrió un largo
periodo de entrega a la política de la burguesía en el poder, que
aquí nos han dicho que frenó la reforma agraria. Efectivamente,
estaba frenando el movimiento agrario, es decir, uno de los puntos
fundamentales del progreso de la revolución democráticoburguesa.
Empezó después a hacer una serie de concesiones a la reacción.
Tenía sus aspectos positivos: había continuado la política de
Cárdenas en lo que respecta a la España franquista, había
mantenido las libertades democráticas para el movimiento obrero,
pero al mismo tiempo aprobaba el plan Clayton, es decir, que tenía
elementos reaccionarios y elementos progresistas. Nosotros seguimos
colaborando con ese régimen de la misma manera que antes. De ahí
parte todo. Hagan ustedes todas las deducciones de tipo teórico que
quieran, pero si no parten de ese acontecimiento se perderán en
rutas falsas y absolutamente inútiles. Quiero decir que el compañero
Lombardo Toledano estuvo en lo justo cuando dijo: ‘¡Con
Cárdenas!’, pero no estuvo en lo justo cuando dijo: ‘También
con Ávila Camacho, que es la continuación del gobierno de
Cárdenas’. Pero la responsabilidad no es de él, es de todos.
Debimos haber tenido la videncia política para comprender este
fenómeno”.
En
su última intervención Siqueiros había relacionado la desaparición
del periódico Combate con la aceptación de cargos públicos
por parte de sus editores. Bassols respondió de esta manera: “El
compañero Alfaro Siqueiros me pregunta por qué murió Combate
en el mes de agosto de 1941. Combate murió por la razón dada
con toda claridad, con una claridad que la muerte de Combate
reclama el derecho a que se le acepte y se reconozca como válida;
por una razón que no tenemos por qué ocultar, que sigue siendo
válida de muchas cosas, y de la ausencia de muchas otras: Combate
murió porque no tenía dinero para vivir, porque no teníamos con
qué pagar su costo, y porque no teníamos la voluntad ni la
posibilidad política de ir a pedir a otra parte el costo, y porque
no había la posibilidad, en la situación del momento, de obtener de
golpe una colaboración de la clase obrera, suficiente para cubrir el
tiro de Combate y en muchas ocasiones adelantar el costo de
Combate.
“Alfaro
Siqueiros quiere saber por qué acepté la Embajada en el año de
1944, en el mes de noviembre, en plena guerra, tras de un año de
ausencia del país, año que fue inmediatamente siguiente a mi
rechazo de la Cámara de Diputados después de una campaña hecha no
contra los revolucionarios, ni siquiera contra los errores de los
revolucionarios en el poder, o las blanduras de los revolucionarios
acerca del poder, sino una campaña hecha con un éxito glorioso y
magnífico, hecha con un esplendente éxito, contra la entrada de los
diputados de Acción Nacional con mi campaña y mi candidatura,
porque ésta les decía a los hombres del poder: ‘Decidan; admitan
al que quieran”. Y no entraron los de Acción Nacional para que no
entrara yo tampoco. Tras de un año que siguió a esa eliminación
del Congreso; cuando a mí y a las personas que me rodeaban en mi
trabajo político se nos reprochaba el ser sectarios dentro de la
situación creada por la guerra contra Hitler, intolerantes,
divisionistas, enemigos de la unidad nacional, incapaces de
subordinarnos a la necesidad de unión absoluta contra el enemigo
común; cuando se me reprochaba constantemente lo incorrecto de mi
posición política consistente en haberme negado a entrar al
gobierno en 1940, cuando tomó el poder el presidente Ávila Camacho;
cuando la guerra exigía por una parte, efectivamente, la unidad
nacional más amplia, y cuando por otra parte aquí, en plena guerra,
no era factible (como es natural, dada la suspensión de garantías
individuales, dada la parálisis lógica de las actividades políticas
normales, dada la situación misma, en conjunto, creada por la
guerra) desplegar una actividad política inmediata, válida y útil;
sólo puedo ser condenado (por haber aceptado un puesto que dejé no
cuando me lo quitaron sino cuando me llamó la necesidad de venir a
esta clase de reuniones, pues no supe quedarme en las dulzuras de la
Embajada de Moscú, sino que quise venir aquí), sólo puedo ser
condenado si se me considera por ese hecho un chambista. Pero no lo
soy. Fui un hombre que supo aceptar su responsabilidad política,
dentro de una guerra, por consideraciones superiores a él y por el
tiempo estrictamente necesario, derivado de la guerra. Esa es mi
respuesta”.
Muchos
otros asuntos que interesan para el estudio de las ideas políticas
en México fueron tratados en la mesa redonda sobre el tema
“Objetivos y táctica de lucha del proletariado y del sector
revolucionario de México en la actual etapa de la evolución
histórica del país”. Sólo hemos extraído algunos párrafos que
adquieren especial vigencia en este periodo de cambio de las máximas
autoridades de la nación.
*
Artículo publicado el 22 de julio de 1970, en el número 441 de “La
Cultura en México”, suplemento de la revista Siempre!, pp. II-VII.