Neoliberalismo económico: avances y retrocesos

LAURA JUÁREZ SÁNCHEZ*

Avanza el neoliberalismo económico en la eurozona

La crisis de la deuda externa europea fortalece el neoliberalismo económico debido a que el rescate de la economía griega, que involucró recursos de la Unión Europea (UE) pero también del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue la puerta de entrada a la injerencia de dicho organismo en la política fiscal (los ingresos y los gastos del Estado) de las naciones de la eurozona. Las economías más débiles como Grecia, España y Portugal, fueron las primeras en someterse a los programas de “ajuste estructural”, ya que sus elevados desajustes presupuestarios amenazaban la existencia del euro y el pago de sus respectivas deudas. No obstante, ante la continuidad de la crisis financiera (por la aparición de países como Hungría, que ocultaron información sobre su déficit público), la intromisión directa del FMI y del propio gobierno de Estados Unidos (por ser miembro de dicho organismo y por tener el 16% de los votos), terminaron por sumarse a las políticas de recorte de gasto público y de aumento de impuestos Alemania, Italia, Irlanda y Gran Bretaña.

A pesar de que se destinó una ayuda financiera de hasta 750 mil millones de euros (997 mil millones de dólares)1 para crear un mecanismo de garantías y avales para gobiernos con dificultades de pago, la inestabilidad financiera prevalece y continúa la tendencia del euro de acercarse a la paridad con el dólar, con el riesgo de una posible dolarización de la UE, lo cual significaría que la eurozona dejaría de ser un contrapeso económico de Estados Unidos.

Mientras tanto, y gracias al rescate financiero de la eurozona por parte de la UE y el FMI, Europa se somete a las políticas presupuestales y fiscales fondomonetaristas que erosionan el bienestar de la población trabajadora y el crecimiento de la economía. Primero comenzó Grecia, que tuvo que imponerle a su población una política fiscal regresiva y concentradora del ingreso, recortar el gasto social, congelar salarios y pensiones durante tres años, e intentar cambios en sus leyes laborales al recortar prestaciones sociales e impulsar la privatización de las pensiones de los trabajadores y de las empresas públicas.2 Después le siguieron España, Portugal e Irlanda, con similares medidas recesivas, que mantienen deprimido el mercado interno por la contención salarial, el recorte del gasto público y el aumento de impuestos en plena crisis económica, de tal manera que los niveles de consumo, inversión, producción de bienes y servicios y empleo se mantendrán deprimidos. Los recursos que se ahorren por la imposición de tales medidas se destinarán al pago de la deuda externa de dichas naciones.

Pero resulta que los niveles de déficit fiscal (endeudamiento) de la eurozona se han vuelto insostenibles, e incluso las potencias de la región han tenido que anunciar recortes en su gasto público para tratar de convencer a sus acreedores de que pueden pagar y reducir sus compromisos financieros. Gran Bretaña hará un primer recorte por 6 mil 200 millones de libras (8 mil 920 millones de dólares) para 2010. Italia, por 24 mil millones de euros (29 mil millones de dólares), y Alemania, 10 mil millones de euros (13 mil millones de dólares) por año hasta 2016, con el propósito de “poner el ejemplo” y cumplir con las estrictas normas presupuestarias de la zona del euro. Además, dicha nación anunció que los recortes podrán lograrse mediante alzas de impuestos, reducciones del gasto, disminución de subsidios para los estados y eliminar exenciones impositivas y donaciones, entre otras medidas. Por otra parte Italia, al igual que Grecia, contempla hacer un ajuste por tres años, considera retrasar las jubilaciones, congelar los sueldos de jueces, efectivos de las fuerzas del orden, militares y profesores universitarios, entre otras medidas.3

El proyecto de integración regional de la eurozona basada en los fondos estructurales y de cohesión contemplados para las naciones más débiles como Grecia, España y Portugal; la libre movilidad de la mano de obra; el libre tránsito de mercancías y de inversiones y la instauración del euro como moneda única, resultó ser insuficiente para consolidar la integración de la UE y finalmente llevó a la profundización de las asimetrías entre las naciones. Los países terminaron endeudándose, sobre todo los más pobres, y conservaron el manejo de su política fiscal, a pesar de que la unión monetaria de la región tenía como base el cumplimiento de las políticas neoliberales relativas a la exigencia a los países de conservar un déficit público equilibrado y el control de la inflación. A lo que sí renunciaron definitivamente fue al manejo de su política monetaria, de tal manera que aunque una nación se encuentre severamente endeudada y con un déficit fiscal altísimo, no puede recurrir a la devaluación de su moneda (en este caso del euro) para abaratar sus mercancías de exportación y así lograr un ajuste que les permita obtener ingresos. Como las naciones no tienen injerencia sobre la política monetaria, optaron por contener los salarios para abaratar sus exportaciones sacrificando a sus poblaciones y el crecimiento de sus mercados internos. Alemania fue desde los años noventa el país que más contuvo los salarios de sus trabajadores, lo que le dio competitividad en el mercado internacional.4

Sin embargo, con la crisis financiera que se intenta resolver con el rescate de la economía de la región con las aportaciones de la UE y del FMI, las naciones europeas terminaron por ceder su soberanía: además de que están impedidos para manejar una política monetaria autónoma, renunciaron al manejo de su política fiscal al someterse a las políticas recesivas y regresivas dictadas por el FMI; esto significa que la recaudación de impuestos se basará en los contribuyentes de menores ingresos, que son la población trabajadora, y que disminuirá la transferencia del gasto público en inversión productiva y en gasto social, por lo que se espera el desmantelamiento de los Estados de Bienestar europeos y, consecuentemente, recortes en educación, vivienda, salud, cultura y seguridad social en esas naciones. ¿Surgirá en la UE un Estado asistencialista, el cual tienda a disminuir los derechos sociales a la población y focalice la “atención” a la población más pobre, como en el caso de México? Por lo pronto, Grecia tiene 20% de su población en la pobreza,5 y es junto con España, Portugal e Irlanda, de los países más endeudados en la región,6 por lo que tendrán que imponer los planes más severos de austeridad para hacer frente al pago de sus compromisos financieros a costa de su crecimiento económico y del empobrecimiento de su población.

Retroceso y avances del neoliberalismo económico en América Latina

La historia reciente nos muestra que no es la primera vez que se impone la política económica neoliberal dictada por el FMI ante la crisis de la deuda externa de las naciones. La crisis de la deuda externa en América Latina en los años ochenta del siglo XX, fue aprovechada por los organismos financieros internacionales, el gobierno de Estados Unidos y los dirigentes de las Grandes Empresas Trasnacionales (GET) para imponer políticas económicas neoliberales a los países de la región que pedían ayuda financiera. Las medidas resumidas en el llamado Consenso de Washington incluyeron los “equilibrios macroeconómicos”, en particular, el control inflacionario, presupuestal y de comercio exterior, así como la apertura del comercio exterior, del sistema financiero y de la inversión extranjera; la privatización de las empresas públicas; la desregulación de las actividades económicas; las reformas fiscales y de legislaciones que protegen el derecho de propiedad.7

Las naciones latinoamericanas se sometieron a dichas políticas por más de dos décadas, lo que ha producido la exclusión económica y social de los trabajadores del campo y la ciudad, ocasionando una enorme desigualdad y la pérdida de la soberanía de los países sobre sus recursos estratégicos y sobre su política interna y externa. Sin embargo, el siglo XXI trajo el desgaste y agotamiento del modelo económico neoliberal en Latinoamérica, debido a que la región no pudo lograr un crecimiento económico sostenido;8 su sector exportador fue incapaz de financiar sus propias importaciones; se desplomó la entrada de Inversión Extranjera Directa (IED) en la región,9 y la competitividad basada en el deterioro salarial y en la restricción de los derechos laborales de los trabajadores con el propósito de abaratar los costos de las empresas y darle competitividad a la economía latinoamericana,10 tendió a desaparecer frente a la creciente competencia externa, particularmente de China, la India y Singapur. Un claro ejemplo es la crisis del sector maquilador en la zona: cientos de empresas maquiladoras localizadas en México y Centroamérica salieron rumbo al continente asiático.11

El desgaste del modelo económico neoliberal en América Latina y la exclusión económica y social de la población produjo la aparición de movimientos sociales que impugnaron al neoliberalismo económico excluyente y depredador, lo que deslegitimó el modelo y sirvió de impulso a nuevos gobiernos de izquierda, dentro de los que se encuentran Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela y Bolivia, los cuales intentan rescatar su soberanía y sus recursos naturales para impulsar el desarrollo económico y social, y aspiran a integrarse regionalmente en proyectos más solidarios y complementarios como el Unasur (Unión de Naciones Suramericanas); dicha integración se opone a las inequidades del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC-AN) y del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), liderados por Estados Unidos,12 debido a que concibe un modelo de integración que rebasa el ámbito comercial y plantea la necesidad de una articulación económica más amplia, que incluye, además, formas de cooperación política, social y cultural, para un desarrollo más equitativo que ambicione erradicar la exclusión y la desigualdad de la región.

Mientras que los países del sur del continente intentan oponerse al neoliberalismo mediante el impulso de otro modelo económico, y se oponen a las políticas dictadas por los organismos internacionales y por los gobiernos de Estados Unidos; México lleva subordinado casi tres décadas a las políticas económicas neoliberales y profundizó su relación de dependencia con la economía estadounidense, por lo que se convirtió en el país más vulnerable de América Latina frente a la crisis desatada por la economía del país vecino. Pero además, en 2009, año en el que ocurrió la peor recesión en 75 años de la historia económica del país, el gobierno federal instrumentó severos programas de recorte presupuestal, aplicó una política fiscal recesiva y regresiva, mantuvo la contención de los salarios de los trabajadores y se endeudó aún más a nombre de los contribuyentes. En tanto que Brasil, Chile, Bolivia y Argentina flexibilizaron sus políticas monetarias y fiscales y aumentaron salarios para impulsar el crecimiento de sus mercados internos, con el fin de compensar la caída de sus exportaciones por la recesión mundial.

Consideraciones finales

El neoliberalismo económico muestra a nivel mundial dos tendencias opuestas: por un lado se está reposicionando con la crisis de la deuda europea, debido a que con la intervención del FMI en el rescate de la eurozona, dicho organismo y el gobierno de Estados Unidos obtienen injerencia en la economía europea, por lo que le exigen a la región el sometimiento de su política macroeconómica a las políticas económicas neoliberales, específicamente la austeridad fiscal, a cambio de la ayuda financiera, lo cual implica el sacrificio de sus poblaciones, de su crecimiento económico y su soberanía. La UE está tratando de rescatar la existencia de la eurozona y al euro como elemento unificador, sin embargo, la inestabilidad financiera prevalece y continúa la tendencia a que el euro se acerque a la paridad con el dólar con el riesgo de una su posible dolarización, lo cual significaría que la eurozona dejaría de ser un contrapeso económico y político de Estados Unidos. Por otro lado, tenemos el retroceso de las políticas neoliberales en América Latina debido que el agotamiento del modelo llevó a la exclusión económica y social, que derivó en el surgimiento de nuevos gobiernos radicales y moderados que se oponen a las políticas dictadas por el FMI, el BM y los gobiernos de Estados Unidos. Si bien es cierto que hay diferencias entre las naciones por la forma de oponerse al neoliberalismo económico, como en el caso de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Paraguay, que son gobiernos de izquierda más radicales, o en el caso de los gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, que son gobiernos progresistas y neoliberales a la vez, lo cierto es que dichas naciones intentan ser más independientes y pretenden tomar su destino en sus propias manos, como bien lo refiere el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Hay un dicho popular que refiere que “el que no mira adelante atrás se queda”, esta expresión es particularmente cierta para el caso de México, que se aleja cada vez más de una América Latina que intenta ser más independiente de Estados Unidos y de los organismos financieros internacionales, con el fin de rescatar su soberanía e impulsar su desarrollo económico y social, e integrarse en un núcleo de países con similar realidad socioeconómica; la República mexicana, por el contrario, lleva casi treinta años de subordinarse e integrarse al Imperio del norte, manteniendo una política económica neoliberal que entrega los recursos estratégicos de la nación a las GET, principalmente estadounidenses, mantiene el estancamiento crónico de la economía y empobrece cada vez más a su población.

En este proceso de recomposición y reposicionamiento de las potencias capitalistas en el que es posible que la eurozona desaparezca y Estados Unidos y Gran Bretaña surjan como los grandes vencedores de occidente, existe también un grupo de naciones que se oponen al neoliberalismo económico, o que por lo menos intentan integrarse a la economía globalizada de manera más independiente. A México le convendría mirar hacia el sur del continente para no ser avasallado por un capitalismo depredador que sacrifica a la población trabajadora, que despoja al país de sus recursos estratégicos, que violenta a la propia naturaleza, y que incluso pone en riesgo la existencia misma del país.


* Investigadora de la Universidad Obrera de México.

1 La Jornada, 10 de mayo de 2010, p. 21.
2 Márquez, Ricardo, “Grecia: el eslabón más débil”, en El Financiero, 29 de abril de 2010, p. 42.
3 La Jornada, 25 de mayo de 2010, p. 24.
4 Nadal, Alejandro, “Vulnerabilidad del euro”, en La Jornada, 7 de abril de 2010, p. 27.
5 Fernández-Vega Carlos, “México SA”, en La Jornada, 10 de mayo de 2010, p. 24.
6 Castaingts, Juan, “Así vamos… Bolsas y economías: causas y detonadores de la crisis. Grecia y México”, en El Financiero, 29 de abril de 2010, p. 43.
7 Garay, Luis Jorge, América Latina ante el reordenamiento económico internacional, Ed. Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 1994.
8 Ver CEPAL, Estudio económico. 2005-2006, Santiago de Chile, 2006.
9 Ver CEPAL, Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. Informe 2002, Santiago de Chile, 2002.
10 Ver OIT, Panorama Laboral 2008. América Latina y el Caribe, Lima, 2009.
11 Ver Bossio Rotondo, J.C., “Crisis y reestructuración de la maquila de exportación”, revista trabajadores, UOM, México, n. 31, julio-agosto, 2002.
12 Ver Guillén Romo, Arturo (coordinador), Economía y Sociedad en América Latina: entre la globalización, la regionalización y el cambio estructural, Porrúa y UAM-Iztapalapa, México, 2007.

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