1913-1914
El gobierno de Victoriano Huerta:
disyunción moral y política resuelta
por Nemesio García Naranjo y Toribio Esquievel Obregón


DAVID ZÁRATE BLAS*


No será el propio demonio el que os elegirá,
sino que cada uno de vosotros elegirá su demonio…
La virtud no pertenece a nadie; según que cada uno
la honre o la desprecie, más o menos obtendrá de ella.
La culpa es de quien elige; el dios no tiene culpas.

Platón, La República.

Introducción

El 9 de febrero de 1913 se inicia, en la ciudad de México, una conspiración militar encabezada por los generales Manuel Mondragón, Gregorio Ruiz, Bernardo Reyes y Félix Díaz; diez días después la conspiración culmina en golpe de Estado contra el gobierno de Francisco I. Madero.

Un rasgo distingue a los golpes militares: el de que devienen, inmediatamente, en disyunción moral y política para quienes no participaron ni en la planeación ni en la ejecución de ellos, pero se ven obligados, moralmente, a asumir una u otra posición política al respecto. El cuartelazo de febrero de 1913 obligó a la clase política de entonces (diputados federales y locales, senadores, gobernadores, integrantes del gabinete del gobierno forzado a renunciar y los oficiales militares), a los grandes propietarios (mineros, hacendados, comerciantes, industriales y banqueros nativos y extranjeros), a la jerarquía católica, a los intelectuales y a los movimientos agrarios a asumir una posición ante ese hecho.

Pronto el cuartelazo también significó la ejecución de magnicidios en las personas de los hermanos Gustavo y Francisco I. Madero, de José María Pino Suárez, Belisario Domínguez, entre otros.

El primer gabinete presidencial de Victoriano Huerta estuvo conformado por Francisco León de la Barra (secretario de Relaciones Exteriores), general Manuel Mondragón (secretario de Guerra y Marina), Toribio Esquivel Obregón (secretario de Hacienda y Crédito Público), Rodolfo Reyes (secretario de Justicia) y Alberto García Granados (secretario de Gobernación). Estas personas asumieron los cargos respectivos el 19 de febrero de 1913; es decir, cada uno de ellos ejerció, indudablemente, su libre albedrío como personas conscientes y ampliamente informadas del presente.

Un poco antes pero más claramente, a partir de julio de 1914, Nemesio García Naranjo y Toribio Esquivel Obregón, ambos colaboradores del gobierno huertista, empezaron a fijar, por escrito, sus razones por las que eligieron brindar sus competencias intelectuales a dicho gobierno.

Mi objetivo consiste, precisamente, en analizar las razones de García Naranjo y Esquivel Obregón.

¿Cómo me propuse analizar e interpretar las razones de ambas personas? Partí de dos principios metodológicos y epistemológicos propios de la Crítica de la Economía Política de Marx: a) El individuo no es lo que de sí mismo piensa que es, sino que es lo que hace en una estructura social; y b) Cada individuo posee un margen propio de libertad para elegir, aunque es el contexto histórico el que define cada elección personal.

En mi presente trabajo, asumo ambos principios como guías, los que me permitieron, en último término, hacer el deslinde entre contexto y hechos históricos irrevocables, por un lado, y las opiniones de García Naranjo y Esquivel Obregón acerca de su colaboración política con el gobierno huertista, por otro. Dicho en otras palabras, a lo largo de mi trabajo hago el deslinde entre juicios de hechos irrevocables y juicios de valor.

Los juicios de hecho proceden de dos investigaciones amplias acerca del periodo 1913-1914. Estoy refiriéndome a los trabajos de Michael C. Meyer, Huerta: un retrato político, y Mario Ramírez Rancaño, La reacción mexicana y su exilio durante la Revolución de 1910.

Para saber y analizar las opiniones de García Naranjo acerca del periodo referido y sus razones de colaboración consulté, básicamente, el tomo VII de sus Memorias, el que está dedicado a sus andanzas con el gobierno de Victoriano Huerta. Y por cuanto a las opiniones de Toribio Esquivel Obregón consulté su correspondencia personal de 1914-1924.

Por último, la tercera parte de mi trabajo concierne a la discusión de cómo Michael C. Meyer interpreta los magnicidios consumados en los hermanos Gustavo y Francisco I. Madero, y José María Pino Suárez.


México, 1913: Relación de hechos irrevocables

La Habana, Cuba, octubre de 1912: Los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, y el civil Cecilio Ocón planean una conspiración militar contra el gobierno de Francisco I. Madero. Más adelante, los conspiradores consiguen la colaboración de los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, ambos en prisión en Santiago Tlatelolco y Penitenciaría del Distrito Federal, respectivamente. Recién estos dos generales intentaron encabezar, cada uno por su lado, rebeliones que no prosperaron, en 1912.

9 de febrero de 1913: Inicio de la conspiración militar. Los generales Mondragón y Ruiz lograron la participación de los integrantes de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan (300 efectivos) y la de los miembros de los 10 y 50 Regimientos de Artillería de Tacubaya.1 No prospera el objetivo de asumir el control del Palacio Nacional. Los conspiradores son rechazados por las tropas dirigidas por el general Lauro Villar. En el encuentro fallece el general Bernardo Reyes. Los generales Mondragón y Félix Díaz retroceden con sus fuerzas hasta La Ciudadela. Por el lado maderista, el general Victoriano Huerta es nombrado sustituto interino del general Villar, ya que éste fue herido durante el enfrentamiento con los conspiradores.2

9-17 de febrero de 1913: A lo largo de estos nueve días se suceden hechos concatenados: asaltos de fuerzas rurales a La Ciudadela, que resultan infructuosos; Huerta ordena a las fuerzas del general Aureliano Blanquet permanecer en las afueras de la ciudad de México (tales fuerzas habían llegado de Morelos con la orden de reforzar el asedio contra los conspiradores en La Ciudadela); encabezados por el embajador de Estados Unidos en México (Henry Lane Wilson), España (Bernardo Cólogan y Cólogan), Alemania (Paul von Hintze) e Inglaterra (Francis Stronge) decidieron “hacerle manifestaciones directas a Madero relacionadas con su renuncia”; treinta senadores del Congreso de la Unión votan la moción presentada por José Diego Fernández en el sentido de pedirle su renuncia a Madero (27 votos a favor y 3 en contra); la Cámara de Diputados no sólo criticó la moción aprobada por los senadores, sino también llamó a la población a unirse en torno del presidente Madero; y Gustavo A. Madero ordenó el arresto de Huerta, decisión que fue anulada casi de inmediato por el presidente Madero.3

18 de febrero de 1913: La conspiración iniciada diez días antes culmina en golpe militar de Estado. Una alianza hace posible ese desenlace: la compuesta por los jefes militares con mando de tropas, los representantes diplomáticos de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y España, y la mayoría de los senadores. Ese mismo día Félix Díaz y Victoriano Huerta firman, en la embajada de Estados Unidos, los acuerdos de que Huerta ocupe interinamente la Presidencia de la República mientras se realizan pronto elecciones presidenciales en las que Díaz sería el candidato oficial, formar un gabinete con propuestas que al respecto haría este último, y procurar las renuncias de Madero y Pino Suárez. Una mayoría de integrantes de la Cámara de Diputados aprueba la propuesta de solicitarles al presidente y al vicepresidente su renuncia, dado que de no renunciar podrían poner en peligro sus vidas.4

19 de febrero de 1913: “Los generales federales, como era de esperar, comenzaron de inmediato a brindarle apoyo al nuevo régimen. Los primeros tres generales en enviar telegramas de congratulación al nuevo Presidente fueron Antonio Rábago, Luis Medina Barrón y Fernando Trucy Aubert –sus declaraciones de lealtad fueron signo de buen agüero y presagio de la pronta sumisión de la mayoría del ejército federal”.5

El Congreso estatal de Coahuila y el gobernador de esta entidad, Venustiano Carranza, expresaron, públicamente, su oposición al cuartelazo, el mismo 19 de febrero.

Ese mismo día asumen sus cargos los integrantes del primer gabinete presidencial: Francisco León de la Barra (Relaciones Exteriores), Alberto García Granados (Gobernación), Rodolfo Reyes (Justicia), Jorge Vera Estañol (Instrucción Pública y Bellas Artes), Toribio Esquivel Obregón (Hacienda y Crédito Público), y Manuel Mondragón (Guerra y Marina).6

21 de febrero de 1913: Primera reunión del gabinete con Huerta: Éste y los seis miembros del gabinete asumieron dos acuerdos: someter a Madero y Pino Suárez a juicio por delitos políticos, y trasladar a ambos a la Penitenciaría del Distrito Federal.7

Síntesis de hechos políticos duros

De la cronología precedente deduzco las observaciones siguientes:

  • Los ejecutores del golpe militar de Estado del 18 de febrero de 1913 son: Manuel Mondragón, Victoriano Huerta, Félix Díaz y Gregorio Ruiz, entre otros; y los promotores del golpe son los senadores y los embajadores de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y España.

  • A partir del derrocamiento de Madero y Pino Suárez, y el encarcelamiento de ambos en Palacio Nacional, los ejecutores y promotores del golpe militar asumen otra responsabilidad: la de custodiar y garantizar las vidas de los dos presos políticos.

  • A partir del 19 de febrero de 1913 los seis miembros del primer gabinete presidencial y los de los subsiguientes gabinetes sin duda no sólo ejercieron su libre albedrío al aceptar y asumir los respectivos cargos, sino también asumieron, por cuanto personas con responsabilidades políticas de Estado, la corresponsabilidad moral y política de custodiar y garantizar las vidas de Madero y Pino Suárez; y también convalidaron el origen golpista del gobierno de Huerta.

  • La corresponsabilidad moral y política también abarca a la casi totalidad de los comandantes de zonas militares, quienes ejercieron su libre albedrío y por lo tanto también convalidaron el cuartelazo y la responsabilidad estatal acerca de los destinos políticos inmediatos de Madero y Pino Suárez.

Los grandes propietarios y su elección política en 1913

A este respecto, leemos y resumimos cuanto sigue:

  • “El apoyo a Huerta provino de los hacendados de 18 entidades federativas, a saber: Aguascalientes, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Jalisco, México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Yucatán, Zacatecas y por supuesto, el Distrito Federal”.8

  • Una parte de la Confederación Fabril Mexicana, o sea, los propietarios de fábricas textileras de Veracruz, Distrito Federal, Jalisco, Nuevo León, México, Hidalgo, Guanajuato y Querétaro también expresaron su apoyo tempranero al recién impuesto gobierno federal.9

Otra parte de los propietarios que también expresó su apoyo es la constituida por “los industriales regiomontanos”, “los dueños de la compañía tabacalera El Buen Tono, S.A.”, “los banqueros”, “los grupos petroleros”, mineros, “los propietarios de las plantaciones algodoneras y otros empresarios”.10

La prioridad política de tales propietarios no era sólo la consecución de la pacificación política del país, sino también contar con un gobierno fuerte que liquidase los movimientos agrarios, la mayoría de ellos de alcance local, que proliferaban ya en el país a partir del año 1911. A este respecto, sólo añado que la investigación historiográfica de movimientos agrarios del periodo 1911-1920 es abundante. El principal movimiento agrario y político con planteamientos de alcance nacional es el movimiento zapatista en Morelos (1911-1919).

Es en ese contexto histórico de rebeliones agrarias –y también de huelgas de obreros– que se explica el apoyo económico y político tempranero que una buena parte de los grandes propietarios brindaron al gobierno huertista. La reacción de ellos fue de carácter clasista y conservador, por cuanto se oponían a la necesidad de implantar reformas en las relaciones sociales de producción que facilitaran y fomentaran, a la vez, el desarrollo del capitalismo (salario en dinero en vez de salario compuesto, jornada de 8 horas de trabajo, eliminación de todo mecanismo de explotación semiservil de la fuerza de trabajo rural, implantación plena del Estado en el campo, etcétera).

22 de febrero de 1913: En las primeras horas de esta fecha, son liquidados, físicamente, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez durante el traslado de ambos desde el Palacio Nacional hasta la Penitenciaría del Distrito Federal. Estamos ante otro hecho irrevocable con obvias implicaciones morales y políticas para los estratos de cada clase social, clases políticas, comandantes militares e intelectuales. Hago caso omiso de la versión del gobierno de Huerta acerca de cómo fueron ejecutados los dos magnicidios. Para mi análisis, sigo optando por privilegiar los hechos políticos irrevocables (duros); y, en este caso, los hechos duros son de la responsabilidad política directa de cuantos ejecutaron (generales militares) el golpe de Estado (18 de febrero de 1913), la responsabilidad directa en los dos magnicidios por no haber garantizado la custodia y las vidas de Madero y Pino Suárez en cuanto presos políticos (el presidente Victoriano Huerta, los integrantes del gabinete presidencial y los directivos de la penitenciaría y los responsables del traslado), y el de responsabilidad de complicidad con esos dos primeros hechos irrevocables.

¿Hay asunción del libre albedrío sin derivaciones morales?

Las implicaciones morales y políticas de la asunción del libre albedrío

En el tomo VII de las Memorias de Nemesio García Naranjo (NGN), éste rememora un encuentro que sostuvo con el Dr. Aureliano Urrutia en febrero de 1913. El objetivo del Dr. Urrutia era el de conseguir apoyo de los miembros-diputados de la XXVI Legislatura que se conocía como el Cuadrilátero: José Ma. Lozano, Francisco M. de Olaguíbel, Querido Moheno y el propio NGN. Durante tal encuentro, NGN le dice al Dr. Urrutia:

El Cuadrilátero no tiene porqué definir su actitud (ante el recién impuesto gobierno huertista) pues como usted lo sabe no tuvo nada que ver en el pronunciamiento de Don Félix Díaz ni en el golpe de Estado de Huerta. Somos cuatro diputados libres y tomaremos el rumbo que mejor convenga a la Nación.11

NGN nos sigue diciendo más confesiones valiosas acerca de tal entrevista:

“Moheno aceptaba con gusto la vinculación política con el general Huerta”, o sea, ejercía su libre albedrío en el sentido de colaborar políticamente con el gobierno de Huerta.

Lozano fue todavía más allá, pues dijo que se sentía más afín a un hijo de Jalisco, que al caudillo de La Ciudadela (general Félix Díaz) que amenazaba con una restauración mutilada.

Y Francisco M. de Olaguíbel y NGN también ejercieron su libre albedrío, es decir, asumieron su decisión de colaborar con el gobierno huertista.12

Enseguida los cuatro diputados se entrevistaron con Huerta. En sus Memorias NGN nos refiere dicho encuentro:

¿Quieren ustedes ayudarme a fortalecer mi gobierno? El gabinete actual tendrá que desaparecer y necesito su colaboración para integrar un régimen que sea auténticamente mío.13

Los del Cuadrilátero reiteraron su libre albedrío y el sentido presente de éste: apoyar al gobierno de Huerta.

Querido Moheno fue secretario de Relaciones Exteriores de octubre de 1913 a febrero de 1914. José Ma. Lozano desempeñó el cargo de secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de agosto a septiembre de 1913. NGN desempeñó el cargo de Instrucción Pública y Bellas Artes de octubre de 1913 a julio de 1914.14

¿Y qué con Francisco Ma. de Olaguíbel? Continuó siendo, con discrepancias, un diputado defensor del gobierno huertista.

Hasta cuanto se sabe, los integrantes del Cuadrilátero no participaron ni en la preparación y ejecución de la conspiración ni en la culminación de ésta en el golpe militar de Estado del 18 de febrero de 1913. En este sentido, los cuatro integrantes –como escribe NGN– nada tuvieron que ver con ambos hechos político-militares. Por ende, los cuatro no son responsables de esos dos hechos.

En agosto de 1913 José Ma. Lozano aceptó el cargo de Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, hecho éste que NGN refiere en los términos siguientes: “Quedamos Olaguíbel, Moheno y yo para defender el régimen en el Congreso”, o sea, en la XXVI Legislatura Nacional.15

¿En qué consistió –de acuerdo con las Memorias de NGN– la defensa del gobierno huertista? En haber apoyado la iniciativa presidencial de nombrar a Eduardo Tamariz como Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, la que no prosperó. En haber diferido hasta noviembre de 1913 la elección presidencial, hecho que a la postre equivalió a la eliminación política de Félix Díaz (ya abordaré, más adelante, la consigna que asumieron los integrantes del primer gabinete de Huerta para obligar a éste a que aprobase pronto la elección presidencial y así favorecer a Díaz). En haber consentido la disolución militar de la XXVI Legislatura, en octubre de 1913.

Acerca del rechazo a la iniciativa presidencial de nombrar a Tamariz como ministro de Instrucción Pública, concretado por los diputados maderistas, escribe NGN:

Yo sabía que el general Huerta estaba listo para aceptar el reto porque tenía la seguridad de vencer a sus retadores. ¿Cómo podía ganarle el Poder Legislativo, cuando la fuerza material estaba en sus manos? Él disponía de todas las Divisiones del Ejército Federal, de los fondos de la Tesorería, de la mayor parte de los gobernadores y de la maquinaria de la Administración. Por lo mismo, si se le declaraba la guerra podía responder asestando un golpe mortal a todos sus adversarios.16

Ahora bien, en sus Memorias NGN, ¿qué no tuvo en cuenta como hecho político-militar condicionante del ejercicio del libre albedrío político –el de él y los de Lozano, Olaguíbel y Moheno?

No consideró o hizo caso omiso a dos hechos sociales condicionantes de la asunción individual del libre albedrío: el golpe militar de Estado y los magnicidios consumados en las personas de los hermanos Gustavo y Francisco I. Madero, José Ma. Pino Suárez y Belisario Domínguez, entre otros. Ninguna decisión política personal puede ser abstraída de las relaciones sociales que se anudan en cada individuo.17

También en sus Memorias NGN escribe:

Para aquellos hombres [los del primer gabinete huertista] resultó funesto su paso fugaz por la administración pública. En vista de que dos días después de ser ministros sucedió la tragedia de la calle de Lecumberri [asesinatos de Madero y Pino Suárez], la pasión política trató de arrojar sobre algunos de ellos la responsabilidad del crimen; y para fundamentar la acusación, se dijo que debieron haber renunciado a sus carteras en el momento mismo en que se enteraron de la muerte del señor Madero.18

De nuevo NGN no considera que el ejercicio del libre albedrío ocurre en un contexto social y político, y que la asunción sólo puede tener dos significados: el de avalar la coyuntura de febrero de 1913 (golpe militar de Estado y los magnicidios), o bien el de no avalarla. Los del Cuadrilátero optaron por avalar esos dos hechos irrevocables; más aún, la conducta de complicidad de NGN, Olaguíbel, Lozano y Moheno es también un hecho político irrevocable que no una imputación inventada partidista y, por tanto, interesada. En fin, los miembros del Cuadrilátero no fueron, ciertamente, responsables de la planeación y ejecución del golpe de Estado y de los magnicidios, pero sí avalaron con su colaboración política central esos dos hechos:

…pues ni la conciencia moral es absolutamente libre e incondicionada, como suponen los partidarios de su autonomía absoluta, ni tampoco su determinación exterior implica que haya de ser una mera “caja de resonancia” de una voz que le habla desde fuera (sea ésta la naturaleza, Dios o el Estado).19

Según NGN la voz que les hablaba a ellos –a los del Cuadrilátero– , en febrero de 1913, era la de la Nación: “… y tomaremos el rumbo que mejor convenga a la Nación”.

De pronto el ejercicio del libre albedrío de los del Cuadrilátero también significó humillación personal, como cuando José María Lozano y Querido Moheno, ambos miembros del gabinete presidencial de octubre de 1913, intentaron impedir la decisión de disolver la XXVI Legislatura, intento que Huerta respondiera de inmediato como sigue:

Y como una ironía que merece ser recogida por la historia –escribe NGN– los dos ministros que quisieron parar el golpe, fueron los encargados de justificarlo. Porque el general Huerta le encomendó a José María Lozano la redacción del manifiesto que dirigió a la República, y a Querido Moheno, el decreto por el cual se suprimía la XXVI Legislatura.20

Toribio Esquivel Obregón y el gobierno de Victoriano Huerta

Toribio Esquivel Obregón (TEO) fue ministro de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de febrero a julio de 1913. Fue una de las tres personas que ocuparon dicho cargo; las otras fueron Adolfo de la Lama y Enrique Gorostieta. Las opiniones de TEO acerca de su paso fugaz por dicho ministerio están plasmadas en varias cartas de su correspondencia personal de 1914-1924.

El 9 de marzo de 1914 TEO le envía una carta a Roberto Pesqueira, éste entonces representante confidencial de Venustiano Carranza en Washington, y encargado de gestionar el reconocimiento del gobierno estadunidense al constitucionalismo. Escribe TEO:

Nunca tuve una posición política en el Gobierno del general Díaz; tampoco la tuve con Madero; al día siguiente de la caída de éste, fue para mí una sorpresa saber que era nombrado Ministro de Hacienda; en esta posición no tuve inclinación de ninguna especie; pero procuré en cuanto pude la solución del problema agrario y de otros de carácter económico encaminados al bienestar del pueblo.21

En dicha carta al representante confidencial de Carranza, TEO olvidó aclarar que sí tuvo una encomienda en tanto que partidario de Félix Díaz. En efecto, en una carta de TEO enviada al Dr. James Egbert (14 de octubre de 1915), aquél escribe a éste:

A solicitud de personas prominentes de la ciudad de México, el general Díaz me nombró Ministro de Hacienda sin haberme conocido con anterioridad. Fui presentado a los generales Díaz y Huerta el mismo día en que asumí el cargo (19 de febrero de 1913).

Más adelante, en la misma carta, añade que él estuvo “en constante oposición al Presidente” Huerta. Está refiriéndose a la encomienda que le encargó Félix Díaz:

Finalmente, cuando traté de obligar a Huerta a tener elecciones limpias y librar al país de los males que ha padecido, se encolerizó y exigió mi renuncia.22

En consecuencia, TEO sí tuvo una inclinación política puntual en el seno del primer gabinete huertista: procurar que Huerta ordenara la celebración de elecciones presidenciales pronto y a favor de Félix Díaz.

En carta a José de la Machorra (7 de julio de 1914) TEO comenta:

Parece muy próximo el arreglo entre Carvajal y Carranza y creo que llegarán a una inteligencia sobre la base de una amnistía que no excluirá más que a los directamente responsables de la muerte de Madero y Pino Suárez.23

Efectivamente, en el mes de julio de 1914 se firmó el Tratado de Teoloyucan entre el general Álvaro Obregón y Eduardo Tamariz sin que en dicho tratado apareciera un acuerdo de decreto de ley de amnistía. En su carta a José de la Machorra TEO sólo se refiere a una modalidad de responsabilidad con relación a los magnicidios: la de la decisión y ejecución de los mismos; es decir, TEO hace caso omiso de la otra forma de responsabilidad moral y política: la de complicidad personal en cuanto al origen militar golpista del gobierno de Huerta y los magnicidios.

Son tres los niveles de intervención en la realización del golpe militar de Estado y la realización de los magnicidios: a) Responsabilidad intelectual directa, b) Ejecución física de ambos hechos, y c) Complicidad.

¿Cuál hecho duro (irrevocable) no considera TEO en las cartas que escribió desde el exilio? No considera el hecho duro siguiente: la aprehensión de Madero y Pino Suárez, por los directivos del golpe militar de Estado, convierte a éstos y a los integrantes del primer gabinete huertista en responsables directos de preservar y garantizar las vidas de los dos presos políticos. Estamos ante una responsabilidad moral que a la vez se sustenta en el hecho de la conversión de Madero y Pino Suárez en presos políticos de los golpistas. Tal responsabilidad es un hecho duro que no un juicio de valor a priori; y los dos magnicidios también constituyen un hecho duro que no un juicio de valor; más aún, la complicidad también es un hecho irrevocable.

Como recién expuse, TEO no sólo aceptó el cargo que le ofreció Félix Díaz con la condición de que obligara a Huerta a celebrar pronto la elección presidencial sino también se hizo corresponsable político de las decisiones del gobierno huertista. En julio de 1914, las tres facciones político-militares villista, carrancista y zapatista habían logrado ya la derrota total del gobierno de Huerta en los campos de batalla. Es en este contexto que se ubica la siguiente carta de TEO a Jorge Vera Estañol (13 de agosto de 1914):

[Si los carrancistas concretan una investigación con] espíritu de justificación, procurando saber la verdad y no convirtiendo el asunto en arma para destruir a los enemigos políticos, no tenemos más que motivos de congratulación, pues todos los que formamos el primer gabinete de Huerta tenemos interés en que se haga luz para que se vea que no tenemos mancha ninguna.24

Por razones que francamente ignoro, TEO, en el exilio desde julio de 1913, y luego de un año transcurrido desde su renuncia al mencionado cargo continúa sin asumir dos hechos políticos irrevocables que se implican de su anuencia en haber colaborado directamente con el gobierno de Huerta: a) El de que su colaboración tenía el significado de complicidad con el golpe militar de Estado, y b) El de no haber reprobado los magnicidios y sí haber continuado como miembro del primer gabinete huertista, hecho que tenía el significado de complicidad con los dos magnicidios. Más aún, si se celebró o no “el Consejo de Ministros que se dijo había convocado Huerta a las altas horas de la noche del sábado 22 de febrero de 1913 para dar cuenta de lo que había pasado, según la versión oficial, en la muerte de Madero y Pino Suárez, yo no estuve en tal Consejo “, ello tampoco lo exime de su conducta de complicidad.

Michael C. Meyer y su interpretación del golpe militar de Estado y los magnicidios de febrero de 1913

En su libro referido ya, Michael C. Meyer (MCM) también aborda tres hechos centrales entre sí relacionados: el golpe militar de Estado, la conversión de Madero y Pino Suárez en presos políticos del gobierno huertista, y los magnicidios.

MCM refiere, en primer término, la función política desempeñada por Henry Lane Wilson, embajador de Estados Unidos en México durante los días de la conspiración y enseguida el cuartelazo. A este respecto, el historiador cita un testimonio postrero del embajador de España Bernardo Cólogan y Cólogan:

Llamado por el embajador se me despertó a la una de la mañana del sábado 15. Se me condujo misteriosamente en un coche con las luces apagadas […] En la embajada me encontré con los ministros alemán e inglés. Míster Wilson, nervioso, pálido y con gestos extraños, nos dijo por centésima vez que Madero estaba loco, que era un tonto, un lunático al que se podía y se debía declarar incompetente para ocupar el despacho presidencial. Esta situación en la capital es intolerable. “Voy a poner orden (sic) –nos dijo, golpeando la mesa. Madero está irremediablemente perdido y su caída es cuestión de horas, la cual depende ahora únicamente de un arreglo que se está negociando entre Huerta y Félix Díaz.”25

Se trata, pues, de una función obvia: la de intromisión en los asuntos internos de esos días del país, y de responsabilidad directa. La forma de la intromisión consistió en haberle solicitado a Madero su renuncia a la Presidencia de la República. Tal intromisión fue avalada por los embajadores de Alemania (Paul von Hintze), España (Bernardo Cólogan y Cólogan) e Inglaterra (Francis Stronge). Otra forma de intromisión, también avalada por los ejecutores intelectuales y materiales del golpe militar de Estado, fue la de que la firma del Pacto de La Ciudadela se concretó en la sede de la embajada estadounidense.

Es con base en esos hechos irrevocables que MCM escribe, a su vez, dos juicios de conclusión:

Es claro que el embajador estadounidense se entrometió desvergonzadamente en los asuntos internos de México y que su oposición al gobierno maderista lo hizo responsable, al menos en parte, del colapso de ese régimen.26

Gran parte de la indagación en su contra (Henry Lane Wilson) se entiende –es más, se justifica–, pero la acusación de ser el autor intelectual del criminal complot es, por donde se le vea, injustificada.27

¿Qué decir ante esos dos juicios? Bueno, el hecho duro fue la participación, intelectual y política del embajador estadounidense y de los otros embajadores antes mencionados en el golpe militar de Estado; y justo como cualesquiera otros hechos –personal y social– en los del derrocamiento de tal gobierno y los magnicidios hay continuidad fáctica de responsabilidad moral de los embajadores. La suficiente relación de testimonios acerca de las peticiones de la esposa de Madero, señora Sara de Madero, al embajador de Estados Unidos para que éste intercediera ante Huerta con el propósito de autorizar el exilio de Madero y Pino Suárez, y la negativa de Henry Lane Wilson a atender y concretar dicha petición también ratifican la responsabilidad política de dicho embajador no sólo en cuanto al golpe militar de Estado sino también en los magnicidios. El embajador estadounidense pudo evitar los magnicidios pero no quiso.

¿Qué nos dice MCM acerca de Huerta y los magnicidios de febrero? Nos dice cuanto sigue:

  • El mayor Francisco Cárdenas fue el ejecutor material de los asesinatos de Madero y Pino Suárez.

  • “Las declaraciones de Cárdenas, lejos de probar la complicidad de Huerta, indican solamente que el Mayor, además de ser un asesino, era un mentiroso empedernido”.28

¿Qué olvidó el historiador MCM en ese su juicio que acabo de transcribir textualmente? Olvidó dos hechos políticos irrevocables de alcance y repercusión nacional: a) Que el golpe militar de Estado contra el gobierno maderista convirtió a Madero y Pino Suárez inmediatamente en presos políticos del gobierno huertista; y b) Que dicha conversión obligaba, moral y políticamente, a garantizar las vidas de los dos presos políticos.

En su propio análisis acerca del lapso 18-22 de febrero de 1913, MCM no observó que la conversión en presos políticos de Madero y Pino Suárez fue de hecho asumida por el acuerdo de Huerta y los integrantes del primer gabinete presidencial:

Resolvieron –el 21 de febrero de 1913– que ni el exilio ni el encierro en un manicomio eran factibles; lo procedente era que al ex Presidente y al ex Vicepresidente se les sometiera a juicio por delitos políticos.29

Este acuerdo significa que, hasta esa fecha, los militares ejecutores del golpe, los embajadores mencionados, los senadores y los integrantes del gabinete presidencial (el primero y los sucesivos) del gobierno huertista continuaban siendo, unos, responsables directos del cuartelazo y, otros, cómplices directos de ese golpe militar; y todos ellos continuaban siendo responsables, moral y políticamente, de la custodia y seguridad de vida de los presos políticos.

¿Qué más nos dice MCM acerca de Huerta durante las fechas 21, 22 y siguientes de febrero de 1913?

Nos dice que hay evidencias que inculpan directamente a Huerta en la ejecución de los magnicidios. Cito textualmente las evidencias:

Huerta anunció el 21 de febrero el nombramiento de Luis Ballesteros como director de la Penitenciaría del Distrito Federal. La reconstrucción en detalle de los sucesos del 22 de febrero, pone de manifiesto la complicidad del nuevo director.30

Con relación a esta evidencia apunto una observación acerca de un hecho y su implicación moral: Huerta nombró a Luis Ballesteros, y Huerta también fue responsable directo de la complicidad de Ballesteros en la ejecución de los dos magnicidios.

También el 21 de febrero, Huerta escogió a un nuevo inspector de policía del Distrito Federal, Celso E. Acosta [y añade MCM otra evidencia]. Igualmente perjudicial a Huerta es el hecho de que las dos personas directamente responsables de los crímenes, Francisco Cárdenas y Rafael Pimienta, fueron presurosamente ascendidos al grado militar inmediatamente superior, después de los asesinatos.31

Cada ascenso era y sigue siendo a la fecha, facultad del Presidente de la República en turno. Así que, autorizar los ascensos de dos personas con responsabilidad directa en la ejecución material de los asesinatos de Madero y Pino Suárez significa asunción tácita de la autoría intelectual de ambos asesinatos.

De pronto, el procedimiento de investigación y análisis de los acontecimientos históricos –como el de los magnicidios referidos– con base en evidencias, es un procedimiento adecuado y necesario ante la carencia de documentos. Mas MCM, llevado por su escrupulosidad metodológica de historiador de oficio, para quien todo juicio ha de sustentarse en la comparación de documentos históricos acerca de un mismo hecho, lo llevó a incurrir en la conducta de que podría encontrar documentos que probasen la autoría intelectual de quienes decidieron los asesinatos de Madero y Pino Suárez. Que se sepa, los magnicidas intelectuales y ejecutores rara vez heredan testimonios propios de los hechos que autorizaron y ejecutaron.

En fin, destaco dos hechos históricos importantes: la conversión forzada de Madero y Pino Suárez en presos políticos del impuesto gobierno huertista, obligó a éste, moral y políticamente, a garantizar la vida de los dos presos; y dada esa obligación contraída por los golpistas, éstos fueron responsables directos de los más de cuatro magnicidios. Y también fueron cómplices de los magnicidios los gobernadores (casi todos) que reconocieron al gobierno de Huerta, los senadores, los embajadores citados, los comandantes de zonas militares y los distintos integrantes de los gabinetes huertista.


* Profesor de la Universidad Obrera de México.

1 Michael C. Meyer, Huerta: un retrato político, México, Editorial DOMES, 1983, pp. 5l-53.
2 Ibid., p. 55.
3 Ibid., pp. 61-62.
4 Ibid., pp. 67-69.
5 Ibid., p. 72.
6 Nemesio García Naranjo, Memorias, t. VII, México, Monterrey, Talleres de “El Porvenir”, pp. 28-29.
7 Michael C. Meyer, op. cit., p. 77.
8 Mario Ramírez Rancaño, La reacción mexicana y su exilio durante la Revolución de 1910, México, Miguel Ángel Porrúa-Institutos de Investigaciones Históricas y Sociales-UNAM, 2002, p. 30.
9 Ibid., pp. 30-31.
10 Idem.
11 Nemesio García Naranjo, op. cit., p. 44.
12 Ibid., p. 50.
13 Ibid., p. 56.
14 Ibid., p. 56.
15 Ibid., p. 134.
16 Ibid., p. 152.
17 Adolfo Sánchez Vázquez, Ética, México, Editorial Grijalbo, 1969, p. 144.
18 Nemesio García Naranjo, op. cit., p. 30.
19 Adolfo Sánchez Vázquez, op. cit., p. 147.
20 Nemesio García Naranjo, op. cit., p. 173.
21 Desde el exilio: correspondencia de Toribio Esquivel Obregón, 1914-1924, estudio introductorio, selección y notas de Mónica Blanco, México, INEHRM, 2005, p. 65.
22 Ibid., pp. 285-286.
23 Ibid., p. 150.
24 Ibid., p. 155.
25 Michael C. Meyer, op. cit., pp. 59-60.
26 Ibid., p. 84.
27 Idem.
28 Ibid., p. 87.
29 Ibid., p. 77.
30 Ibid., p. 90.
31 Idem., p. 90.

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